Los surcoreanos recibieron con calma el último retiro de Corea del Norte del Tratado de No Proliferación Nuclear, mientras Seúl defendía la vía del diálogo entre su vecino del norte y Estados Unidos.
En cambio, cuando Pyongyang anunció por primera vez su retiro del tratado en 1994, la población surcoreana, preocupada por la perspectiva de una guerra, se apresuró a acumular arroz y otros productos básicos.
La diferencia de reacción refleja un cambio en la actitud de los surcoreanos en los últimos ocho años.
En 1994, la mayoría de los surcoreanos respaldaban los esfuerzos de Estados Unidos por abrir un diálogo con el norte, que era blanco de críticas internacionales por su programa nuclear.
Actualmente, los surcoreanos están divididos en dos grupos: uno apoya los esfuerzos de Seúl por impulsar el diálogo con Pyongyang y actuar como mediador entre ese gobierno y Washington, mientras el otro reclama una alianza más fuerte con Estados Unidos para obligar al Norte a abandonar sus ambiciones nucleares.
Corea del Norte ha ido aumentando las tensiones sobre su presunto programa de armas atómicas en las últimas semanas, disolviendo los compromisos antinucleares internacionales que había firmado.
Pyongyang se retiró el viernes del Tratado de No Proliferación Nuclear y el sábado advirtió que consideraba reanudar las pruebas de misiles, pese a la condena unánime de la comunidad internacional.
A diferencia de la actitud asumida hacia Iraq, cuyo programa de armas de destrucción masiva todavía está por comprobarse, Estados Unidos se manifestó dispuesto al diálogo con Pyongyang y este lunes expresó su disposición a ofrecer ayuda energética a Corea del Norte si ésta abandona sus programas nucleares.
El anuncio fue realizado por el subsecretario de Estado (vicecanciller) estadounidense James Kelly, tras una hora de conversaciones en Seúl con el presidente electo Roh Moo-Hyun.
Una vez solucionado el problema de las armas nucleares, habrá oportunidades de inversión para Estados Unidos y otros países en el sector energético de Corea del Norte, dijo Kelly.
Washington enfrenta la presión de sus más estrechos aliados asiáticos, Corea del Sur y Japón, para negociar con Pyongyang en lugar de embarcarse en un conflicto que amenazaría la paz y seguridad de la región.
Quizá por ese motivo los surcoreanos ven alejada la posibilidad de una guerra. El cambio de actitud de la población se reflejó en una encuesta de opinión realizada a través del mayor portal web del país, www.daum.net.
Hasta la noche del sábado, 33 por ciento de los encuestados estaban a favor del diálogo intercoreano directo, 29 por ciento pretendía una presión mayor de Seúl y Washington sobre Pyongyang, y 23,5 quería que Corea del Sur ejerciera un papel mediador.
Todas las opciones tienen sus propios obstáculos, pero es interesante la creciente fuerza del llamado a que Seúl adopte más medidas independientes de política exterior y deje su propia huella en los asuntos de la península de Corea.
El único papel que puede jugar Corea del Sur (entre Corea del Norte y Estados Unidos) es llevar a ambas partes a la mesa de negociaciones, opinó Kim Geun-Shik, profesor del Instituto de Estudios del Lejano Oriente, de la Universidad de Kyungnam.
Esto no es imposible, pero requiere una profunda comprensión de la psicología norcoreana para poder evitar respuestas radicales a las últimas medidas de Pyongyang, que incluyeron la expulsión de los inspectores de la Agencia Internacional de Energía Atómica.
Para lograr el diálogo, lo que Corea del Norte necesita es apenas una maniobra para salvar las apariencias o una excusa para retractarse sin sufrir una humillación, señaló Kim.
Se trata de un juego entre Estados Unidos y Corea del Norte que podría poner en peligro el destino de 70 millones de coreanos, observó un editorial de www.ddanzi.com, un sitio web de noticias visitado por numerosos jóvenes surcoreanos.
En contraste, los diarios conservadores Chosun, Joong-ang y Dong-ah destacaron la necesidad de afirmar la alianza entre Seúl y Washington para forzar a Corea del Norte a dejar de lado sus ambiciones nucleares.
Es claro por qué Corea del Norte está apostando tanto a su carta nuclear, dice un mensaje publicado en www.ddanji.com.
No es que tenga interés en tener armas nucleares, sino que quiere ganar reconocimiento internacional para la supervivencia de su régimen, concluye. (


