COLOMBIA: Las FARC gobiernan en Caquetá

El gobierno y las insurgentes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) establecieron que la zona desmilitarizada para las conversaciones de paz sería administrada por la guerrilla y los municipios de la zona seguirían en manos de los alcaldes.

En el año y medio que los insurgentes están en San Vicente del Caguán, este pueblo amazónico de 40.000 habitantes se constituyó en un experimento de convivencia pacífica.

Para las labores ejecutivas conjuntas con la Alcaldía, las FARC nombraron al comandante Mauricio García, quien se jacta de haber asfaltado 70 calles en este lapso y tener todo listo para 40 más.

"En 60 años de administraciones tradicionales nunca se interesaron en asfaltar las calles, y a pocos kilómetros hay una mina de asfalto y los costos para traerlo y colocarlo son mínimos. También se han hecho miles de metros en cunetas, zanjas de desagüe y otras obras civiles necesarias", indicó García.

Jorge Angel, un ganadero de la zona, dijo a IPS que "antes de que las FARC asumieran una administración conjunta con la Alcaldía las calles de San Vicente eran de barro, pero ahora se puede caminar".

García informó que las FARC han coordinado una serie de actividades sociales, económicas y culturales con el alcalde de San Vicente del Caguán.

"Creamos primero que todo una cultura de convivencia, de integración y de participación de todos los sectores de la población. Hicimos una reunión, con todos los líderes sociales y barriales del municipio y creamos los comités de gestión", declaró el dirigente guerrillero.

Luego de las reuniones se crearon los comités de precios, pesas y medidas, de tránsito y transporte, de salud, de seguridad y de cultura.

"El comité de precios se encarga de la defensa del consumidor, el de tránsito ha organizado el tránsito vehicular que era un caos porque el perímetro urbano es muy pequeño para la cantidad de autos, motos y carros con caballo que circulan diariamente", señaló García.

El comité de salud, con el apoyo de organizaciones sociales y religiosas, ha llevado a cabo jornadas de educación en salud y vacunación para prevenir enfermedades tropicales comunes en la región. El comité de cultura se encarga de promover actividades artísticas y culturales en el pueblo.

"En cada comité que creamos desarrollamos un programa de acción con una serie de actividades dirigidas a buscarles solución a los problemas en esa área, y se nota una participación directa de la comunidad en la toma de decisiones", dijo García.

El comité de seguridad tiene a su cargo la policía civil, que está integrada por 30 personas propuestas por la Alcaldía y 30 por las FARC.

"Es una policía que ante todo tiene que respetar a las personas antes de reprender y eso ha quedado claro porque se ha dado una formación para eso. Pero al mismo tiempo se mantiene la seguridad de los habitantes", indicó García.

Una comerciante del pueblo destacó el asfaltado y la disminución de la delincuencia en un pueblo que era uno de los más violentos de Colombia.

"Antes mínimo había dos asesinatos por día, ahora en un año y medio se habrán dado cinco o seis asesinatos. Eso se debe al respeto que hay en el pueblo hacia la guerrilla", afirmó.

Consultada sobre si se trata de respeto o de miedo, aseguró que "es lo mismo, pero acá no se ha dado intimidación a la gente. Creo que ellos están experimentando de hacer un buen trabajo acá para que no creamos en lo que dicen las noticias sobre las muertes que causan".

Según García, la policía civil constituye un mecanismo de convivencia pacífica.

"Para nosotros tiene un marcado contenido político porque se está mostrando en la vida práctica que es posible constituir un mecanismo con la participación del gobierno y la insurgencia armada, y convivir en un clima de tolerancia", arguyó.

Periodistas colombianos coinciden en que dentro de la zona desmilitarizada hay un clima de seguridad y distensión.

"Uno se siente como protegido por ellos (las FARC) que no quieren que pase nada porque los desprestigiaría. Uno siente mucho más temor viajando hacia San Vicente por tierra, por los retenes del ejército o la posibilidad de que aparezca algún paramilitar", dijo a IPS un periodista que no dio su nombre.

"Aunque todos sepan muy bien que uno es contrario a toda violencia, que rechaza el hecho de que las FARC secuestren personas y ataquen pueblos utilizando pipetas de gas, sólo con reconocer algo bueno puede estar en la mira de los paramilitares", arguyó el periodista.

La llegada de las FARC al pueblo creó temores que se fueron diluyendo con la convivencia.

Según García, la forma de romper el hielo con los habitantes fue realizar reuniones en los barrios, "escuchar los diferentes puntos de vista y pedir a la gente que cualquier procedimiento incorrecto de algún guerrillero lo denunciara para establecer responsabilidades y llamarlo al orden".

Un transportista de la zona dijo a IPS que si bien la guerrilla había estado en las zonas aledañas durante mucho tiempo, "otra cosa era tenerla en la ciudad y eso causó muchas dudas en los habitantes".

"Durante este año y medio hemos aprendido a convivir con ellos y esta zona es una zona de paz donde no hay los enfrentamientos de otras partes. Ojalá algún día todo el país sea una zona de paz", concluyó. (FIN/IPS/kl/ag/ip/00

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