BRASIL: El condón divide a la Iglesia Católica

El virus VIH, causa del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida), está provocando daños también a la Iglesia Católica, especialmente en Brasil.

El veto del Vaticano al uso de preservativos fue acogido por la Conferencia Episcopal brasileña, pero acentuó divisiones dentro del clero y discrepancias con la sociedad.

La crítica más contundente partió del padre Valeriano Paitoni, que dirige tres casas de asistencia a enfermos de sida en Sao Paulo y responde por una parroquia local.

La Iglesia Católica se verá forzada en el futuro a pedir un nuevo perdón a la humanidad, por los "engaños cometidos respecto del sida", como ya lo hizo por su actuación ante las poblaciones indígenas y negras, vaticinó en entrevistas a la prensa la semana pasada este sacerdote italiano que reside en Brasil hace 22 años.

El sida es una epidemia mundial, un problema emergente de salud pública que debe ser enfrentado con los avances científicos y los métodos comprobadamente eficaces. Rechazar los condones es oponerse a la lucha por la vida, arguyó.

Paitoni no sólo asumió públicamente estas posiciones, arriesgándose a ser sancionado, sino que produjo un vídeo para distribución masiva en el que explica la amenaza que representa el virus VIH y recomienda el uso de preservativos, como la medida preventiva efectiva.

Sus declaraciones fueron censuradas por su superior, el arzobispo de Sao Paulo, Claudio Hummes, quien consideró "inaceptables" las tesis y actitudes del sacerdote, en conflicto con la doctrina de la Iglesia, reafirmada por el papa Juan Pablo II.

La nota de amonestación "no excluye medidas administrativas y pastorales debidas para corregir esa lamentable situación", señala Hummes, rechazando comentarios de Paitoni respecto de que la Conferencia Episcopal brasileña aceptó manifestarse contra los preservativos "por presión del Vaticano".

Algunos obispos habían admitido antes su uso como "un mal menor", ante la diseminación del sida y la consecuente mortandad. Pero fueron silenciados al final de la reunión episcopal anual, realizada en junio.

El Ministerio de Salud salió en defensa de Paitoni, "importante socio" en la lucha contra la enfermedad, ante la inminencia de la sanción.

La actitud de los dirigentes de la Iglesia Católica "pone en riesgo la salud de la población y los esfuerzos del Programa Nacional de Sida", advirtió un comunicado del organismo del Ministerio que coordina la campaña.

Además refleja un alejamiento entre la dirigencia y "las bases de la Iglesia Católica", que comprenden varias organizaciones trabajando junto con las autoridades sanitarias en la contención de la epidemia, que produjo más de 100.000 muertes y 30.000 huérfanos en el país.

En Brasil hay 530.000 personas contaminadas con el VIH, según datos del Ministerio de Salud. Los hogares mantenidos por Paitoni asisten a 33.000 de ellos, dos tercios compuestos de niños y niñas.

También las organizaciones no gubernamentales que actúan en esa cuestión se movilizaron en defensa del sacerdote, gestionando su permanencia en la parroquia junto al arzobispo de Sao Paulo.

La disposición manifestada por Hummes, de dialogar y mantener la acción social del misionero italiano, permite prever un desenlace favorable, con una sanción blanda, dijo Rubens Duda, presidente del Foro de organizaciones de prevención y tratamiento del sida.

La arquidiócesis de Sao Paulo estuvo dirigida hasta el año pasado por el cardenal Paulo Evaristo Arns, considerado progresista por su acción en favor de los derechos humanos y la aceptación de nuevas ideas.

Arns era partidario del "mal menor" en la cuestión del sida, según Paitoni, que por eso pudo trabajar sin restricciones hasta ahora.

El arzobispo Hummes, elegido por el Vaticano para suceder a Arns, es calificado de conservador por observadores de la Iglesia. Una de sus misiones sería sustituir gradualmente las estructuras "progresistas" implantadas por su antecesor durante más de dos décadas.

Pero el episodio no es local, refleja una disyuntiva general entre opciones negativas para la Iglesia Católica, impuesta por el VIH.

Aceptar el uso de los condones exige renunciar a principios, como el de encarar el sexo exclusivamente por su función reproductiva. La consecuencia sería perder identidad y fieles conservadores.

Mantener los dogmas significa sujetarse a acusaciones de que la Iglesia Católica comete un error similar al que avaló la esclavitud y genocidios contra los africanos e indígenas.

Sin una reflexión y un cambio de posición, la Iglesia será llevada a "responder en el futuro por las consecuencias de la diseminación de la epidemia entre los católicos brasileños", advirtió el Ministerio de Salud.

El argumento de que el preservativo estimula la promiscuidad niega la capacidad humana de ascenso espiritual, aprovechando el riesgo de muerte para intentar imponer la castidad y fidelidad conyugal, criticó el padre Paitoni, quien sostuvo que la preservación de la vida está por encima de todo.

Sin embargo, por ahora esa es la opción de la Iglesia Católica, coherente con la condena al homosexualismo y al sexo en un segundo matrimonio de los divorciados, según las últimas manifestaciones del Vaticano. (FIN/IPS/mo/dm/he cr/00

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