Millones de campesinos pobres de India, víctimas del ciclón que azotó el oriental de Orissa el pasado octubre, son usados como cobayas para probar alimentos transgénicos rechazados por consumidores occidentales, denunciaron activistas.
Más de la mitad de los 7,5 millones de dólares donados por Estados Unidos para aliviar a los damnificados por el ciclón de octubre último fue en ayuda alimentaria.
La Agencia de Ayuda Internacional de Estados Unidos (USAID) anunció en noviembre de 1999 el envío de maíz, soja, aceite vegetal y trigo por 4,15 millones para las 15 millones de personas afectadas por ese desastre natural.
Sin embargo, una parte de esos alimentos fueron genéticamente modificados, afirmó Vandana Shiva, una conocida ambientalista que organiza campañas mundiales contra los alimentos manipulados genéticamente.
Shiva afirmó que tenía pruebas concluyentes porque hizo analizar muestras de los alimentos despachados por USAID en Genetic-ID, un importante laboratorio estadounidense.
"Se detectaron significativos niveles de ADN modificados pero no fue posible cuantificarlos" debido a la degradación parcial del material, señaló el laboratorio en su informe. Shiva entregó a la prensa copia de los principales hallazgos de Genetic-ID.
"Los análisis demuestran que Estados Unidos ha estado usando a las víctimas de Orissa como conejillos de Indias para los productos transgénicos que fueron rechazados por consumidores en el Norte, especialmente en Europa", agregó.
La mezcla lista para consumir que ingieren las víctimas diariamente no necesita ser cocinada, informaron miembros de la Fundación para la Ciencia, Tecnología y Ecología (RFSTE) de Shiva.
La ingeniería genética involucra la transferencia horizontal de genes entre especies no relacionadas que jamás se acoplarían naturalmente.
Nuevos genes y productos genéticos introducidos en los alimentos son a menudo tomados de bacterias, virus y otras especies no alimentarias, y los peligros para la salud humana que surgen de esa manipulación han sido bien documentados.
Se sospecha que en 1989, sustancias contaminantes en una partida genéticamente modificada de triptofán, un suplemento alimentario producido por una compañía japonesa, causaron la muerte de 37 personas y enfermaron a otras 1.500.
Un importante alergénico fue detectado en niveles peligrosos en soja transgénica producida por la gigantesca empresa agroindustrial Monsanto. Algunos científicos creen que la soja transgénica contiene altos niveles de fitoestrógemos que pueden causar desórdenes endocrinológicos.
Según Shiva, las actuales medidas reguladoras para la ingeniería genética son inadecuadas no solamente en India sino en todo el mundo.
La activista urgió al gobierno estadounidense a "no gastar dinero para aliviar a los pobres subsidiando la industria biotecnológica ni ayudándola a usar las emergencias humanitarias para abrir el acceso a los mercados de sus productos modificados genéticamente".
"Exhortamos al gobierno indio y también al gobierno estadual de Orissa a que deje de distribuir inmediatamente la mezcla de maíz-soja y establezca la separación y el etiquetado obligatorios de todos los alimentos transgénicos importados", dijo Shiva.
Otro experto en seguridad alimentaria, Devinder Sharma, observó que no es la primera vez que la industria biotecnológica estadounidense saca provecho de programas de ayuda para infiltrar su soja transgénica a confiados pobladores indios.
"Niños indios han sido alimentados con soja transgénica producida por Monsanto como parte de un esquema de almuerzos gratis introducido por el gobierno en 1995, para alentar la inscripción y la asistencia a las escuelas primarias", dijo Sharma.
Según Shalini Buthani, asesor legal y de género de la RFSTE, los despachos de víveres transgénicos a Orissa violaron las obligaciones internacionales del gobierno estadounidense bajo el Protocolo de Bioseguridad, que obliga a etiquetar a todos los alimentos modificados genéticamente.
La oposición popular a esos productos está en aumento en India, impulsada por grupos de activistas como el Karnataka Rajya Raita Sangha (Organización Campesina del Estado de Karnataka), contraria al algodón transgénico fabricado por Monsanto.
La multinacional adquirió la mayoría accionaria de MAHYCO, una importante compañía india de semillas que llevó a cabo pruebas de algodón géneticamernte modificado para resistir plagas, en 40 localidades de nueve estados del país.
La firma dijo que no iba a desistir de su plan de popularizar el algodón entre los cultivadores indios. India exporta 6.000 millones de dólares anuales de algodón e hilados.
Aparte del peligro de contaminar otros cultivos con el polen del algodón transgénico, los campesinos indios que extraen aceite de las semillas de algodón para cocinar y usan la planta como alimento del ganado, también corren peligro.
Entre los conocidos opositores a los cultivos transgénicos figura el príncipe Carlos de Inglaterra, quien en un artículo publicado en 1988 por el diario Daily Telegraph, dijo que transferir material genético de especies de plantas, bacterias, virus, animales o peces suscitaba consideraciones éticas y prácticas. (FIN/IPS/tra-en/rdr/mu/ego-mlm/he-dv/00


