Los sindicatos involucrados en la empresa aérea de bandera Aerolíneas Argentinas, privatizada hace 10 años sin deuda y ahora al borde de la quiebra, rechazaron hoy un plan de ajuste presentado por el consorcio español que opera la compañía.
"No podemos aceptar que la misma empresa que vació la compañía y la llevó al borde de la quiebra disponga ahora rebajar salarios y despedir personal", protestó este martes Ricardo Cirielli, secretario general de personal técnico aeronático, tras conocer el plan de saneamiento anunciado en Madrid.
De igual modo, Edgardo Ferreira, de la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas y piloto de la empresa de bandera, coincidió en que la compañía fue vaciada. "Se entregó en 1990 con 626 millones de dólares de activos y sin pasivos, y ahora, casi sin activos, arrastra una deuda de 1.000 millones", denunció.
Los sindicatos prevén presentar una denuncia penal por vaciamiento de la compañía y adoptar medidas de fuerza en caso de que el saneamiento se ponga en marcha sin su apoyo. "Esta empresa es un barril sin fondo. No tiene sentido seguir ajustando y capitalizándola si no la saben administrar", criticó Ferreira.
El plan de saneamiento prevé reducir 20 por ciento promedio los salarios y ofrecer retiros voluntarios y jubilaciones anticipadas a unos 1.500 empleados sobre un total de 5.400 que tiene la aerolínea hoy, sin contar 3.000 que se desempeñan en compañías satélites, y 5.000 ya despedidos en estos 10 años.
La privatización de Aerolíneas Argentinas nació con problemas. El ex presidente Carlos Menem (1989-1999) basó su programa de achicamiento del Estado en la subasta de empresas públicas, pero la oferta de la aerolínea sorprendió ya que era una de las pocas compañías estatales que no generaba pérdidas.
La venta fue rápida. La Corte Suprema de Justicia, entonces sospechosa de afinidad con Menem, eliminó todos los obstáculos al trámite de privatización, pese a la resistencia de legisladores que pidieron una revisión judicial de la negociación.
En medio de un escándalo político y sindical, la empresa fue transferida entonces al único candidato que se había presentado en la licitación, un consorcio liderado por Iberia, la aerolínea de bandera del Estado español. El Estado argentino conservó entonces cinco por ciento y los trabajadores 10 por ciento.
Iberia pagó su parte endeudándose con la compañía. También participaba entonces una empresa argentina —dueña de la compañía de cabotaje argentina Austral—, que ingresó presentando su empresa como pago y que poco después de entrar en el negocio se retiró.
Aerolíneas Argentinas comenzó a dar pérdidas un año después de la privatización. A mediados de los años 90, el personal se había reducido 53 por ciento, se había vendido buena parte de la flota y se habían cedido rutas aéreas, talleres y otros servicios a terceras empresas.
No obstante, el Estado debió "reestatizar" la compañía aumentando su participación accionaria hasta 43 por ciento a fin de volver a capitalizarla.
Pero eso no fue suficiente, y hoy, cuando el Estado tiene otra vez cinco por ciento del paquete y hay numerosos inversores en el negocio, la empresa está desfinanciada.
Aerolínas Argentinas volaba a 26 destinos internacionales y ahora solo va a Madrid, a Miami y a unos pocos puntos en América Latina. El resto de las rutas fue cedido a las competidoras. Del mismo modo, se dio a terceros los servicios de carga y reserva de pasajes y se vendieron simuladores de vuelo, talleres y hangares.
Ferreira comentó que edificios que Aerolíneas Argentinas tenía en Buenos Aires, en Roma, en Tokio y en otros destinos, así como los centros de instrucción, se vendieron también y casi ya no tiene flota propia. Muchos de los aviones propios se reemplazaron por otros alquilados. "Les queda sólo un Jumbo", aseguró.
No obstante todo este recorte, que también afectó a los vuelos de cabotaje, 10 años después la compañía recibida sin pasivos debe un poco más de 1.000 millones de dólares, y amenaza con irse a la quiebra si no se acepta su plan de ajuste elaborado por la misma consultora que diseñó la reestructuración de Iberia.
En 1998, la pérdida de Aerolíneas Argentinas fue de 50 millones de dólares y en 1999 se llegó a los 240 millones. Mientras, los ingresos caen año a año mientras la compañía pierde también participación en el mercado.
Por eso, el plan de ajuste reclama también a los socios una inyección de capital de 650 millones de dólares.
Iberia como empresa posee ahora un porcentaje menor de la empresa argentina (de 30 pasó a 10 por ciento), y en el grupo inversor participan también American Airlines, Merrill Lynch, y el grupo estatal español SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales), en el que está también Iberia.
El rendimiento de Iberia en América Latina no fue buena tampoco en Venezuela, donde su intervención llevó a la quiebra a la aerolínea Viasa. Según los sindicatos argentinos, la estrategia de la firma española consiste en eliminar competidores en la región.
El gobierno argentino, que asumió en diciembre, se limitó a presentar este martes el plan de ajuste a los sindicatos. El Estado como socio deberá aportar a la capitalización que prevé el plan de saneamiento, al igual que los trabajadores, a quienes corresponderá una inyección de unos 70 millones de dólares.
Ferreira denunció que nunca durante la gestión de Menem se investigó qué pasó con los balances de Aerolínas Argentinas. Los sindicatos denuncian el vaciamiento que habían previsto antes de la privatización comenzó poco después de esa operación, aunque no de esta magnitud.
El dirigente del sindicato de pilotos calificó de injusta la rebaja salarial. Mientras un piloto de Iberia percibe en promedio — con beneficios— 11.000 dólares por mes, en Aerolínas Argentinas cobran 7.500 dólares.
"Este plan es más de lo mismo", dijo Alicia Castro, diputada oficialista y máxima dirigente del sindicato de azafatas y personal de a bordo. "Con invitaciones a jubilarnos y otros mecanismos de este tipo, la empresa ya se deshizo de 5.000 trabajadores desde 1990", denunció.
Pero el programa de ajuste, presentado como el último recurso para salvar a la empresa de la quiebra, parece destinado a aplicarse contra toda resistencia y más aún ahora que el gobierno se comprometió con las aerolíneas de Estados Unidos a abrir los cielos a la competencia de empresas de ese país. (FIN/IPS/mv/mj/if lb/00


