TERREMOTO-TURQUIA: Sobrevivientes no esperan nada del Estado

Los sobrevivientes del terremoto en Turquía intentan recuperar los restos de su pasado y decidir su futuro, pero no esperan nada del gobierno, al que acusan de incompetencia en el manejo de la crisis.

La ciudad de Izmit, el epicentro del terremoto del 17 de agosto, fue sacudida nuevamente esta semana por dos temblores sucesivos de 5.1 y 4.6 grados en la escala de Richter que mataron a una persona y dejaron cientos de heridos. Los sismos les recordaron a todos que sus vidas deben continuar.

"Perdí todo. Mi casa, mis pertenencias, todo lo que gané en 20 años", dijo el maestro Hasan Sepici, de 43 años, del vecindario de Degirmendere, en el sur de la zona de la bahía de Izmit.

"Mi esposa y yo recordamos cuando recién nos habíamos casado. Ahora estamos igual… Al estar en el umbral de una nueva vida, nos preguntamos si no deberíamos revisar nuestro matrimonio también. Tal vez es hora de que nos separemos", dijo.

Sepici reflexionó sobre el dolor de los sobrevivientes, cuyas preocupaciones no son atendidas por el gobierno turco.

En su visita esta semana a las ciudades de Bolu y Sakarya, también azotadas por el terremoto, el primer ministro Bulent Ecevit fue abucheado por residentes enojados. "Todas sus pérdidas serán compensadas pronto", prometió desde su autobús en vano. "Mentiroso", le respondieron.

El pánico y las urgencias de los primeros días fueron remplazados por la preocupación por el futuro. Se identificaron unas 14.000 víctimas, pero ahora son los sobrevivientes los que deben decidir qué hacer.

Muchos regresan a los pueblos que abandonaron en busca de un futuro mejor.

Otros siguen en sus barrios y calles, entre edificios semicaídos o dañados y pilas de escombros que una vez fueron sus hogares, buscando desesperadamente fotografías, juguetes o cualquier cosa que los vincule con sus vidas perdidas.

"Llevé a mi familia a la casa de unos parientes en un vecindario cercano y ahora intento rescatar algo de ropa", dijo el maestro jubilado Sinasi Tuncer, del distrito de Derince, en Izmit.

Rescatar cosas entre los escombros se convirtió en una fuente de ingresos para quienes (principalmente la minoría kurda) están dispuestos a arriesgar la vida y desafiar a las autoridades entrando en los edificios demolidos para recuperar muebles o piezas de vajilla para sus dueños.

"Transporte de cosas de una casa a otra", dice un cartel colgado en un refugio hecho con nailon. "Claro que tenemos miedo de trabajar en estos edificios a medio demoler", dijo uno de los transportistas. "Sin embargo es la manera que tenemos de ganarnos el pan".

Los esfuerzos de rescate de las unidades de emergencia de los departamentos de bienestar, ambiente, defensa civil y salud, instalados en tiendas en el jardín de la alcaldía, son lentos y tardíos.

"El segundo día después del terremoto, organicé una cocina al aire libre para dar de comer a 400 personas", dijo el arquitecto Tahir Gokmen, que trasladó instalaciones de cocina y personal de su escuela privada en la provincia de Kayseri, 400 kilómetros al sur de Izmit.

"Es gracioso, los funcionarios nos prohibieron quedarnos. Dijeron que causábamos 'contaminación visual' y nos obligaron a trasladarnos a esta entrada en una calle lateral, pero como la gente no nos ve, desperdiciamos la mayor parte de la comida mientras los necesitados pasan hambre en las calles", dijo.

"¿Qué significa contaminación visual en medio de esta contaminación de todo? Trabajé durante 25 años. Mi casa se derrumbó, tuve que enviar a mi familia de regreso a mi pueblo natal pero todavía estoy de servicio", dijo un policía.

Tropas policiales de las provincias vecinas fueron enviadas a la región. "No he podido bañarme en dos semanas. Huelo horrible", dijo otro policía a IPS.

"El Ministerio de Educación ordenó que comience la inscripción de los alumnos, pero la escuela fue arrasada. ¿A dónde se supone que debo dar clase a estos niños? Ni siquiera examinaron el edificio", dijo el maestro Bayram Yetkin, refiriéndose a la escuela donde enseñó durante 13 años.

El terremoto devolvió al mar las áreas de tierra que el distrito de Goluck había ganado rellenando la costa. Barrió parques y veintenas de edificios de apartamentos de siete pisos construidos en la tierra recuperada, dejando un extraño paisaje de copas de árboles y cajas de concreto emergiendo del agua.

"Rellenaron el mar para ganar espacio extra. Sobre este terreno tan débil construyeron edificios de siete pisos, mientras el plan de la ciudad limita las construcciones a edificios de tres pisos", dijo Leyla Hanim, cuyo hogar quedó sumergido.

El desastre y la profunda cobertura realizada por los medios turcos los hicieron tomar conciencia, y los ex residentes no se resignan a su "suerte" como les recomendaron algunos funcionarios e intentan reunir toda la información técnica posible acerca de lo que les ocurrió a sus hogares.

"En estas dos semanas todo lo que se hizo aquí fue resultado del trabajo de los habitantes. No he visto la presencia del Estado. Ahora es el momento de controlar los daños, pero los ciudadanos no pueden hacerlo, sin embargo el Estado sigue ausente", dijo a IPS Alper Soylu, de 19 años.

Los habitantes de la región están convencidos de que el primer paso para un nuevo orden es recuperar el control de sus vidas. En el distrito de Halidere, los 5.000 habitantes establecieron su propia fuerza de manejo de la crisis.

"El segundo día, cuando estábamos desesperados sentados en la oscuridad, aparecieron ellos", dijo el alcalde de Halidere Adnan Kucukozer, señalando a un grupo de voluntarios de Estambul.

Los voluntarios son médicos, ingenieros y estudiantes universitarios del Partido de Libertad y Solidaridad de tendencia socialista. La mayoría de los residentes de Halidere apoyan al Partido Virtud Islámica del alcalde Kucukozer.

"Cooperamos muy bien", dijo el alcalde. "Al principio sospechamos de esos jóvenes peinados con cola de caballo y con aretes. ¿Qué podrían hacer por nosotros?".

Pero las opiniones cambiaron. Ahora se distribuye comida regularmente dos veces por día, se brinda asistencia médica en una carpa especial, se estableció una guardería con ayuda de psicólogos voluntarios, y el gobierno español donó un hospital de campo que será enviado al lugar.

"Aquí la oficina de manejo de crisis es popular. No está compuesta por burócratas, sino por locales y voluntarios. Cada noche evaluamos el trabajo del día y nos preparamos para el día siguiente", explicó Serap Kaya, una voluntaria de Estambul.

"Todo el trabajo, desde la limpieza hasta la distribución de suministros, se realiza colectivamente. Sin embargo, las antiguas tradiciones siguen vigentes aquí. Los hombres se sientan mientras las mujeres hacen la mayor parte del trabajo", reveló. (FIN/IPS/tra-en/nm/ak/at/aq/en/99

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