El tradicional laicismo de políticos, medios de comunicación y empresarios de México está en tregua a causa de la visita del papa Juan Pablo II, mientras la Iglesia Católica aprovechó el momento para criticar al gobierno, en desafío a leyes que le prohiben hacerlo.
México, en cuya historia abundan los conflictos con la Iglesia Católica y donde los políticos rara vez se refieren a la religión, tuvo al Papa día y noche en la radio y la televisión, así como en millonarias campañas publicitarias similares a las de cualquier otro producto en venta.
"Todos quieren sacar una tajada y es que el Papa es una buena razón para ubicarse en la palestra y venderse política o comercialmente", dijo a IPS el sociólogo Alvaro Estrada.
La visita de cinco días del Papa inciada el viernes congregó a millones de personas en actos públicos. Casi uno de cada 10 católicos del mundo es mexicano, según la Iglesia.
Fabricantes de papas fritas, pan y refrescos de cola y otras 22 firmas nacionales y transnacionales recibieron permiso para usar la imagen del Papa o hacer referencias a él en la promoción de sus ventas. A cambio de esa autorización invirtieron en un fideicomiso organizado por Iglesia local unos 600.000 dólares.
El costo de la publicidad se duplicó en la radio y la televisión y aparecieron en el mercado revistas especiales, líneas telefónicas de pago por minuto para dejar mensajes al Papa y nuevos discos, fotos y camisetas con temas religiosos.
Además, se distribuyeron 90 millones de imágenes de Juan Pablo II y de la Virgen de Guadalupe, patrona religiosa de México, en bolsas de papas fritas que llevaron como distintivo la frase "Totus Tuus" (todo tuyo).
Miembros del gobierno, dirigentes de los partidos políticos y de cámaras empresariales, y los medios de comunicación, participaron como invitados especiales y privilegiados de los actos públicos y privados que presidió el Papa.
Mientras, la mayoría de los creyentes debieron dormir en las calles y soportar el frío de noches y madrugadas por ver tan sólo un segundo al Papa.
En la organización de las misas públicas que ofició Juan Pablo II tuvieron papel protagónico grupos conservadores como el Opus Dei, Testimonio y Esperanza y Legionarios de Cristo.
"Con estas visitas, las contradicciones emergen con claridad. El Papa y la Iglesia hablan a favor de los pobres, mientras en la calle todo empeora", opinó Estrada.
En México, cada partido político intrepretó a su modo los llamados a la reconciliación, justicia y diálogo hechos por el Papa.
Para el gobernante Partido Revolucionario Institucional, lo más importante fue el mensaje humanista del Papa, el conservador Acción Nacional señaló el que visitante llamó la atención al gobierno por su política económica, y el centroizquierdista Partido de la Revolución Democrática destacó la condena al "neoliberalismo".
La Iglesia Católica, por su parte, aprovechó la presencia del Papa para criticar al gobierno de Ernesto Zedillo, que en numerosas ocasiones le había advertido que las leyes le prohiben intervenir y opinar sobre política.
"La gente sufre, se desespera porque no atisba ninguna solución próxima a sus demandas de justicia, de alimento, de salud, de trabajo dignamente remunerado", dijo en la misa papal de este domingo el cardenal Norbeto Rivera.
"La paz parece que no está a su alcance y, en ocasiones, se siente un títere manipulado, ya no por hilos visibles, sino por controles remotos. El pueblo mexicano ha sido engañado y la pobreza lo invade", manifestó Rivera.
México restableció lazos diplomáticos con el Vaticano en 1992, luego de casi 140 años de distanciamiento, pero las relaciones entre las autoridades y la Iglesia Católica son "ásperas", con momentos "de extrema irritación" debido a la situación en el meridional estado de Chiapas, destacó Bernardo Barranco, un analista de temas religiosos,
El gobierno expulsó los últimos años a varios religiosos de Chiapas, la zona donde se asienta la guerrilla zapatista, y presionó para que el obispo de esa región, Samuel Ruiz, renuncie a su papel de mediador en el conflicto.
La jerarquía Católica local reprocha al gobierno su trato agresivo y le exige mayores espacios en el sistema educativo, permiso para usar los medios de comunicación y freno al ascenso de las llamadas sectas. (FIN/IPS/dc/ff/cr ip/99


