MALASIA: Controles monetarios sostienen la economía

Los controles monetarios impuestos por el gobierno de Malasia para reducir la especulación sobre el ringgit y los mercados de valores, aplicados cinco semanas atrás, han logrado sostener la economía.

El primer minsitro, Mahathir Mohamad, declaró el 1 de septiembre controles de capital defender la economía malasia de la crisis que afecta a Asia. Mohamad alegó que este país, golpeado por la recesión, necesita protegerse de las oscilaciones de los mercados financieros no regulados.

Muchos expertos sostuvieron que el desafío de Mahathir a la ortodoxia de libre mercado alejaría a inversores extranjeros y conduciría a la economía a una ruina mayor.

Pero semanas después del anuncio, el estado de la economía malasia no dio un violento giro hacia lo peor, aunque muchos afirman que tampoco mejoró.

Mientras, los malasios tienen reacciones encontradas sobre los controles, impuestos sobre todo a los flujos de capital de corto plazo.

"Aunque los economistas duros dudan de que la imposición de controles a la moneda extranjera logre resucitar la economía doméstica a los niveles de crecimiento previos, la mayoría están dispuestos a dar una chance a Mahathir", dijo un analista.

Después de la primera ronda de críticas cáusticas, algunos economistas garantizar que un paquete temporal y limitado de controles, junto a otras reformas, podría ayudar a los países en desarrollo a soportar las tormentas monetarias.

En Washington, algunos economistas que participaron en las reuniones anuales del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial afirman que la idea que se tiene sobre los controles monetarios de Malasia podría ser más seria que su efecto real.

El paquete de controles incluye límites a la cantidad de ringgit que pueden entrar y salir del país, requisitos de que los no residentes que compren acciones deben retenerlas, y también las ganancias de su venta durante un año antes de remitirlas, y la orden de repatriación de ringgits fuera del país.

No obstante, el gobierno decretó que el ringgit continuará siendo convertible a monedas extranjeras para propósitos comerciales y de inversión.

Aunque algunos creen que la imposición de los controles monetarios y de cambio brindarán a la economía un respiro necesario, otros agregan que debe ser seguido con reformas en los sectores bancarios y empresarial para alcanzar el efecto deseado.

La estrategia es simple, afirma el economista Charles Santiago. Con un tipo de cambio contra el dólar estadounidense -Mahathir lo fijó en 3,8 ringgits por dólar-, se eliminará la volatilidad de los tipos de cambio en los mercados financieros.

"En efecto, alentará el crecimiento de los negocios internos mediante la disminución de las tasas de interés, el aumento de la expansión empresarial y la ganancia", agregó Santiago.

Una moneda más estable ayudaría a los empresarios a planificar mejor, aumentando la capacidad productiva y el crecimiento de la economía, opinó Santiago.

Hay quienes consideran comprensibles las medidas drásticas adoptadas por Malasia, teniendo en cuenta la situación de la economía después de aplicar durante un año las recetas tradicionales de altas tasas de interés y recortes del presupuesto.

Cuando Mahathir anunció los controles de capitales, el ringgit había perdido cerca de 40 por ciento de su valor desde julio de 1997. Las exportaciones habían caído 11,2 por ciento en los primeros siete meses de este año, y, según la Organización Internacional del Trabajo, el desempleo crecería hasta 6,7 por ciento.

La banca, la construcción, el sector inmobiliario y el turismo fueron golpeados duramente, la inflación se disparaba y el gobierno estaba preocupado por los préstamos no redituables y el cierre de empresas.

La economía, que en años anteriores creció 8 por ciento por año, se contrajo 6,8 por ciento en el segundo trimestre de este año.

Muchos se preguntan cuánto tiempo mantendrá Malasia los controles -algunos dicen que entre seis y nueve meses es razonable- y qué otras medidas tomará para fortalecer la economía.

El gobierno malasio se esfuerza por explicar al mundo sus drásticas medidas, sabiendo la importancia de la imagen en los mercados internacionales.

El segundo ministro de Finanzas, Mustapa Mohamed, dijo en la reunión conjunta del Banco Mundial y el FMI en Washington, que la decisión de Kuala Lumpur no es nueva, y que otros países, como Suiza y Estados Unidos, adoptaron políticas similares en el pasado.

El gobierno aspira a atraer inversiones extranjeras en momentos en que los capitales huyen del sudeste asiático.

En su pronóstico sobre el flujo de capitales para 1998, el Instituto de Finanzas Internacionales, con sede en Washington, estimó que en lugar de invertir en esa región, los prestamistas privados retirarán 32.600 millones de dólares de Malasia, Indonesia, Filipinas, Corea del Sur y Tailandia.

Algunos economistas malasios dijeron que hay ciertos indicadores económicos positivos, pero advirtieron contra un optimismo excesivo.

Por ejemplo, el gobierno informó que el país tiene una balanza de pagos favorable, con un superávit de 1.740 millones de dólares.

Santiago señala que un estudio detenido de esas cifras muestra una situación no tan favorable, ya que las exportaciones cayeron 11,2 por ciento en los últimos siete meses, y las importaciones lo hicieron en 27,5 por ciento.

"Las importaciones se redujeron en parte debido a los dictados del gobierno, pero el poder adquisitivo de los malasios también se redujo. Las cosas van bien, pero sólo momentáneamente", explicó.

El analista político K.S. Balakrishnan dijo que los controles de capitales sólo funcionarán si su duración es limitada y no se pleantean como una alternativa a las reformas necesarias del sistema financiero.

Mientras algunos funcionarios aseguran que los controles monetarios no durarán mucho, Mahathir anunció que podrían ser permanentes, y que devaluaría el ringgit si fuera necesario.

Esto produjo un reclamo masivo de los banqueros ante el banco central, pidiendo aclaraciones sobre los mensajes oficiales contradictorios.

El gobierno también redujo el interés en los préstamos a partir del 1 de septiembre, en un intento de estimular la actividad económica. Esto provocaría una reducción del interés de los créditos de bancos comerciales de 8,92 a 8,5 a por ciento.

Pero para algunos economistas estas facilidades de crédito pueden ser un indicio de que el gobierno no toma seriamente la tarea de reformar el sistema bancario. (FIN/IPS/tra-en/ap-if/rm/di/lp/if/98

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