EE.UU.: Déficit comercial puede aumentar proteccionismo económico

El gobierno de Estados Unidos dirige toda su atención al creciente déficit comercial, que podría causar mayores presiones proteccionistas en este país, a su vez desestabilizando la ya sacudida economía mundial.

Según analistas financieros, el proteccionismo causaría estragos a la economía mundial, gran parte de la cual entró en recesión en el último año.

Estados Unidos, junto con gran parte de Europa occidental, es en la actualidad el único gran mercado capaz de adquirir exportaciones de las economías extranjeras en crisis.

El gobierno de Clinton envió a Europa a la Representante de Comercio Charlene Barshefsky para exhortar a los gobernantes europeos que abran sus mercados a las exportaciones rusas y asiáticas, y quiten parte del peso a Washington.

El déficit comercial de Estados Unidos podría ascender a 175.000 millones de dólares este año, según información divulgada esta semana.

A la crisis financiera, que comenzó en el sudeste de Asia en julio de 1997 y se extendió a Rusia y América Latina, se le atribuye el creciente déficit que alcanzó casi 17.000 millones de dólares en agosto, el peor desempeño desde 1992.

Las importaciones baratas de Asia comenzaron a inundar el mercado estadounidense, y la austeridad imperante en América Latina y otros mercados emergentes reduce la demanda de las exportaciones estadounidenses en el exterior. Las exportaciones de agosto cayeron al nivel más bajo en casi dos años.

La mayoría de los analistas creen que se deberá esperar al menos hasta la próxima primavera boreal antes de que mejoren las cosas. Algunos funcionarios proyectan que el déficit del próximo año ascenderá hasta 300.000 millones de dólares.

Mientras la economía crece a un ritmo saludable y la inflación y el desempleo permanecen en niveles históricamente bajos, los temores proteccionistas comenzaron a surgir en las publicaciones comerciales, sobre todo en sectores políticamente delicados como el acero, los semiconductores y los textiles.

"Nuestra mayor preocupación es la industria manufacturera", declaró el secretario de Comercio William Daley. El déficit en el sector es 33 por ciento más alto que en 1997, explicó.

La aceptación del país de la reducción de las barreras comerciales, una de las fuerzas motrices durante los primeros seis años de la presidencia de Clinton, disminuyó en gran medida desde la aprobación en 1993 del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

El presidente Bill Clinton no logró que el Congreso le concediera la autoridad de "vía rápida" para negociar nuevos acuerdos de libre comercio con América Latina y otras economías emergentes.

El Congreso tampoco se decidió sobre dos proyectos de ley, relativamente sin problemas, redactados para aumentar el comercio y la inversión con Africa y los países del Caribe.

Clinton asegura que defenderá las tres iniciativas el próximo año, pero algunos observadores consideran que el gobierno tendrá una actitud defensiva con respecto a nuevas medidas comerciales.

"A pesar del buen momento de la economía, el hecho es que el comercio exterior no es popular en la actualidad. Y un déficit explosivo sólo le quitará más popularidad", dijo un funcionario.

La presión para que se adopten medidas proteccionistas crece mientras aumenta el déficit. Ante la ola de importaciones de acero que provocó recortes de producción y despidos, dirigentes de la industria y los sindicatos emprendieron una campaña para presionar a la administración y al Congreso.

También entablaron demandas jurídicas contra Japón, Rusia y Brasil, y se espera que harán lo mismo contra Corea del Sur por presuntas acciones de "dumping" (competencia desleal).

A la vez, el poderoso grupo de presión de los agricultores, a quienes la caída de los precios de los granos afectó seriamente este año, persuadieron al Congreso y al gobierno de aprobar 6.000 millones de dólares en nuevos subsidios.

Las compañías automovilísticas también se preocupan por la caída de los precios de los vehículos japoneses y coreanos. Por ejemplo, el modelo Elantra, fabricado en Corea del Sur, tendrá un costo unos 1.000 dólares inferior al de 1998.

A la vez, las marcas estadounidenses siguen sin poder ingresar libremente al mercado sudcoreano y sólo representaron menos de uno por ciento de los vehículos adquiridos en 1997 en ese país.

Las importaciones de textiles baratos de Indonesia y el aumento de las compras de ropa a México y el Caribe también preocupan a los grupos de presión en Washington.

El gobierno sostiene que los bajos precios de las importaciones de Asia y otras economías que tuvieron que devaluar sus monedas son responsables en gran medida por las bajas tasas de inflación que siguen vigentes en esas zonas.

Pero a medida que las firmas estadounidenses compitan con esas importaciones, se verán obligadas a reducir los precios, contribuyendo así con la ola deflacionaria que amenaza a la economía mundial. La alternativa es reducir la producción y despedir trabajadores, lo que seguramente reforzará a las fuerzas proteccionistas de este país. (FIN/IPS/tra-en/jl/mk/aq/if/98

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