Entre tantos males que trajo el fenómeno de El Niño está también el virtual milagro de posibilitar la mayor floración de los últimos 20 años en las supuestamente estériles tierras del desértico norte de Chile.
Pero este don de la naturaleza, como suele ocurrir, cayó inmediatamente bajo la amenaza de la acción depredadora del hombre que, en este caso, podría provocar la extinción de especies florales únicas en el mundo.
La belleza de los paisajes surgidos casi de la nada desde el norte de la cuarta región hasta el sur de la segunda, a una distancia entre 450 y 1.100 kilómetros de Santiago, está atrayendo un incesante y masivo flujo turístico.
Las autoridades iniciaron una campaña para sensibilizar a los visitantes de que deben limitarse a observar y fotografiar estos parajes multicolores, sin cortar ni arrancar las flores para no afectar su futura reproducción.
El desierto de Atacama, que ocupa prácticamente las tres primeras regiones de Chile, es uno de los más estériles y secos del mundo, con vastas extensiones de rocas salitreras y otros minerales donde parece imposible que surja algo de vegetación.
Pero a raíz de estas mismas características, el desierto atacameño es uno de los mayores reservorios naturales de semillas de especies florales que pueden conservarse largamente en su subsuelo, resistiendo el tiempo gracias a lo seco de su clima.
Este año, El Niño trajo desde junio abundantes lluvias en todo el norte de Chile, creando así las condiciones para el despertar de la biodiversidad que se guarda en esta zona subtropical, entre los 26 y 30 grados de latitud sur.
En los rocosos parajes de las áreas costeras comenzó a manifestarse en todo su esplendor el desierto florido desde fines de agosto, que de acuerdo a los biólogos y climatólogos debe prolongarse por lo menos hasta noviembre.
El gris del paisaje está ahora alterado por extensos retazos multicolores, donde los verdes se alternan con los tonos fucsias, morados, violetas, rojos violentos e intensos amarillos de las flores, que acogen también a una renacida fauna de insectos.
Son más de 200 plantas, cuyos nombres populares adquieren a veces connotaciones mitológicas, como las garras de león, las patas de guanaco, las mariposas del campo y los diego de la noche, que abren sus pétalos sólo en el crepúsculo.
Están igualmente las orejas de zorros, los lirios del campo, la flor de minero y las hierbas del salitre, los azulillos, monjitas y pajaritos, al igual que flores de nombres de origen indígena, como las añañucas y el huilli.
La mayoría de estas especies son endémicas, es decir, existen sólo en estos lugares gracias a las peculiares condiciones del territorio chileno, acorralado simultáneamente por Los Andes, en el este, y el océano Pacífico en el oeste.
La vegetación nortina en las áreas costeras y precordilleranas está expuesta permanentemente a la depredación del ganado caprino y de recolectores de flores y cactus para usos medicinales o que se exportan ilegalmente con fines decorativos.
La espectacularidad que adquiere el desierto florido lo convirtió de inmediato en una oferta turística, competitiva para las agencias con las excursiones que se ofrecen a los lagos del sur o a los glaciares y ventisqueros del Estrecho de Magallanes.
Las floraciones nortinas son para las empresas turísticas una oportunidad de resarcirse de las pérdidas que la irrupción del virus Hanta les provocará por una caída, estimada en 30 por ciento, de los flujos de viajeros a la Región de Los Lagos.
La carencia de medios para controlar a los miles de turistas que no sólo querrán observar, sino también tocar el desierto florido, e incluso traerse un "souvenir" es la mayor amenaza para la supervivencia de este milagro de la primavera.
Las autoridades de la tercera región de Atacama y del Servicio Nacional de Turismo (Sernatur) lanzaron un concurso con premios para las mejores fotografías de las floraciones, como una forma de incentivar al público al cuidado de estos jardines naturales.
La intendencia regional, Sernatur, la Corporación Nacional Forestal, el Servicio Agrícola y Ganadero, la Comidión Nacional del Medio Ambiente y la Dirección de Vialidad están igualmente coordinando esfuerzos para impedir la corta y comercialización de flores.
Pero ningún sistema de control da garantías ciertas de protección de estos ecosistemas diseminados en vastos parajes, a menudo aislados de las carreteras principales y donde es imposible por tanto mantener guardias permanentes.
Los ambientalistas y biólogos subrayan que, en definitiva, la salvación y reproducción del desierto florido dependerá de cada uno de los visitantes y de su deseo de que este milagro pueda ser compartido con las futuras generaciones. (FIN/IPS/ggr/dg/en/97