La izquierda busca traer a Brasil la "onda rosa" para las elecciones de 1998, tras el repentino crecimiento del Partido Socialista Brasileño, que abrió nuevas alternativas pero dificultó la unidad.
El diálogo para la reorganización comenzará el jueves en Brasilia, con una reunión entre los varios partidos en que se divide la izquierda brasileña para definir una alianza que dispute el poder central.
La adhesión de varios políticos importantes provenientes de otras fuerzas sacó al Partido Socialista de la condición de mero colaborador en una izquierda hasta ahora dominada por el Partido de los Trabajadores (PT) y su candidato natural a la presidencia del país, el ex obrero metalúrgico Luiz Inacio Lula da Silva.
Ciro Gomes, ex ministro de Hacienda y ex gobernador del nororiental estado de Ceará, concretó su pase a la oposición, amenazando abandonar el Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB), del presidente Fernando Henrique Cardoso, y ofreciéndose como posible candidato socialista a la Presidencia.
Su iniciativa, acompañada de duras críticas a Cardoso, a quien acusa de haber "traicionado" al partido y su programa, inauguró una crisis en el PSDB, agravada por disensiones de gobernadores de estados de ese partido, que se sienten perjudicados por medidas del gobierno central.
Algunos de sus parlamentarios ya se pasaron al Partido Socialista, así como dirigentes del PT, entre las que se cuenta la ex alcadesa de Sao Paulo Luiza Erundina de Souza.
La corrosión del PSDB, indicando la posibilidad de una ampliación de la izquierda hacia el centro, abrió las primeras dudas sobre la reelección de Cardoso, que hasta ahora se daba como un hecho.
Hay posibilidades de cambios en este cuadro en los 12 meses que faltan para las elecciones presidenciales y estaduales, ya celebran líderes izquierdistas, aunque las encuestas apunten una holgada preferencia por el actual presidente, sostenida por la popularidad del Plan Real que derrotó la alta inflación.
Pero la más reciente encuesta, del instituto Datafolha, vinculado al diario Folha de Sao Paulo, reveló que en las condiciones actuales Cardoso no triunfaría en la primera vuelta, ya que sólo obtendría alrededor de 35 por ciento de los votos.
Los posibles candidatos opositores, como Lula, que tiene cerca de 22 por ciento, obtienen sus mejores resultados entre las capas con mayor nivel de educación, indicando posibilidades de avances, ya que se trata de formadores de opinión.
El cuadro es de "inestabilidad", concluyó la encuesta, lo que estimula a la izquierda a presentarse unida e intentar repetir los éxitos conseguidos por socialistas y laboristas en Francia y Gran Bretaña, y por la oposición en México.
El reciente triunfo del centroizquierdista Cuauhtemoc Cárdenas en ciudad México animó a Lula a disputar nuevamente la Presidencia. El líder del PT se mostraba poco dispuesto a hacerlo, tras las derrotas de 1989 y 1994.
Su candidatura fue prácticamente lanzada en el congreso del PT, realizado el mes pasado, con el apoyo de la segunda fuerza de izquierda, el Partido Democrático Laborista, del ex gobernador de Río de Janeiro Leonel Brizola, quien se dispuso a integrar la fórmula como candidato a la vicepresidencia.
El problema ahora consiste en que el crecimiento de la oposición, favoreciendo a los socialistas, alienta otras candidaturas, como la de Ciro Gomes, rechazada por el PT.
Además, fortalece otros liderazgos, como el de Miguel Arraes, principal dirigente del Partido Socialista y veterano gobernador del nororiental estado de Pernambuco, ahora protagonista en las negociaciones.
Los socialistas reclaman un papel decisivo porque, según uno de sus dirigentes, es la puerta de ampliación de la izquierda hacia el centro, entre los socialdemócratas y el PT. Y hace mucho Lula imponía como condición para una nueva postulación alianzas amplias que evitaran una nueva derrota. (FIN/IPS/mo/ag/ip/97