Las mujeres de América Latina y el Caribe tienen su primer embarazo cada vez más jóvenes, invirtiendo la tendencia de otras partes del mundo. Pero rara vez esos embarazos son deseados o motivados por el impulso sexual.
Las estadísticas alarman. En Guatemala, un cuarto de las mujeres tiene su primer hijo antes de los 18 años, en Brasil una de cada 12 jóvenes de 15 a 19 años es madre, en Ecuador el 20 por ciento de las campesinas menores de 18 años tiene al menos un hijo, y lo mismo ocurre en Perú con unas 100.000 niñas de 12 a 14 años.
"Generalmente, detrás de cada embarazo precoz encontramos una historia de seducción, abuso o desamparo, casi nunca una de amor", afirma una de las trabajadoras de la escuela para madres adolescentes que funciona en la Maternidad de Lima, creada para orientar a niñas que de pronto se ven convertidas en madres.
Estudios del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y organizaciones no gubernamentales de ayuda a madres adolescentes revelan que muchas menores de 17 años inician su vida sexual por curiosidad, búsqueda de seguridad emocional o económica, o forzadas por sus parejas o varones de su familia.
El deseo sexual o el amor es mencionado en uno de cada 20 casos como la causa del embarazo.
Las niñas que se convierten en madres deben afrontar una situacion muy difícil, no sólo por el cuidado del niño sino también por la desaprobación social. En otros casos, deben borrar recuerdos dolorosos y enfrentarse solas a su nuevo estado, porque son abandonadas por sus parejas.
El perfil de las niñas-madres que se atienden en la Maternidad de Lima ilustra claramente sobre su situacion: el 77 por ciento sólo tiene instrucción primaria, el 55 por ciento son convivientes y el 28 por ciento no tiene pareja estable.
En Brasil, el 20 por ciento de madres adolescentes no tienen pareja estable y en Guatemala, el 50 por ciento son solteras y crían solas a sus hijos.
El riesgo de quedar embarazadas es mayor entre las niñas pobres que no asisten regularmente a la escuela y provienen de hogares desintegrados, con ausencia de uno o los dos padres, según estudios que incluyen a todos los países latinoamericanos y del Caribe donde trabaja UNICEF.
Los jóvenes "necesitan el refuerzo de los adultos para asumir valores y conductas sociales", dice la socióloga Beatriz Martínez.
"Cuando este refuerzo no existe o se rompe, están expuestos a comportamientos de riesgo para su salud y desarrollo, entre ellos figura en primer lugar para las niñas un embarazo precoz y no deseado", añade la experta, que trabaja con mujeres pobres de la periferia de Lima.
El drama que envuelve a las madres adolescentes es terrible. "Por lo general no tienen pareja o ésta las abandona en cuanto se entera del embarazo, la familia les da la espalda, de manera que deben enfrentar completamente solas una situación de por si difícil", afirma.
Angela Sebastiani, encargada del programa de Sexualidad Juvenil del Instituto Peruano de Paternidad Responsable, admite que existe un vacío en la educación integral del adolescente que no es solamente responsabilidad del colegio.
"Fundamentalmente es responsabilidad del hogar, donde debe existir una comunicación abierta entre padres e hijos en temas de sexualidad. Y cuando hablo de comunicación me refiero no sólo a la información sino a la trasmisión de valores para lograr una educación sexual integral y correctamente entendida", enfatiza.
Un problema colateral de la maternidad precoz, advertido por UNICEF, es que "tiende a entrampar a las jóvenes en un esquema de embarazos sucesivos de distintos padres en tanto pasan de una fuente provisional de sostén a otra".
Para los especialistas, el embarazo precoz es un problema no sólo desde el punto de vista de la salud de la futura madre, cuyo cuerpo aún no esta lo suficientemente maduro.
Estudios realizados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) demuestran que una madre adolescente tiene siete oportunidades menos de continuar sus estudios que una adolescente de su misma edad.
Además, sus posibilidades de divorcio en caso de casarse a causa del embarazo serán tres veces mayores que las de otras mujeres y sus posibilidades de salir de la pobreza disminuyen 30 veces respecto de personas de su misma edad sin hijos.
Las estadísticas de la Maternidad de Lima, donde el 90 por ciento de las parturientas procede de barrios pobres y una de cada tres es menor de 18 años, demuestran que las madres más jóvenes son aquellas con menor nivel de instrucción, tendencia que se mantiene en cuanto al número de hijos.
Un hijo en la adolescencia tiene consecuencias no sólo para la madre. Los hijos de madres adolescentes tienen menos probabilidades de sobrevivir que los de mujeres mayores.
En Perú, de cada mil hijos de madres adolescentes nacidos vivos, 90 mueren antes de cumplir un año, mientras que en los de madres entre 20 y 30 años, la mortalidad se reduce a 58 por mil.
En Guatemala y Nicaragua, alrededor del 15 por ciento de los hijos de madres adolescentes presentan bajo peso al nacer y en Ecuador, el 60 por ciento de embarazadas menores de 20 años presenta anemia aguda y casi 20 por ciento tienen niños con bajo peso.
Otro problema vinculado al de la maternidad precoz es el de los abortos de adolescentes, un dato que suele no verse reflejado en las estadísticas.
En base a estudios de organismos no gubernamentales que trabajan en salud reproductiva de adolescentes latinoamericanas, UNICEF advierte que la mortalidad entre las jóvenes de la región a consecuencia del aborto se ha duplicado en la última década y exhorta a dirigir los proyectos de género hacia este tema.
Los escasos datos con que se cuenta ilustran claramente sobre este problema. En Chile, que tiene la tasa de mortalidad materna más baja del continente -36 por 10.000- ostenta también la tasa más elevada de abortos, 30 por ciento, de los cuales alrededor del 40 por ciento corresponden a mujeres menores de 18 años.
En Cuba, donde los servicios de planificación familiar y atención prenatal son gratuitos, el 17,4 por ciento de partos ocurren en menores de 20 años y un 20 por ciento de abortos en menores de 18.
En Bolivia, donde el aborto provocado causa el 30 por ciento de defunciones maternas, el director del Hospital de la Mujer, Alberto Suárez, reveló que la mayoría de las mujeres que llegan a atenderse por complicaciones de aborto tienen entre 14 y 19 años.
"Vienen acompañadas de familiares o solas, pero nunca de sus parejas", declaró el médico.
En Perú, una de cada 10 madres fallecidas por complicaciones de parto o aborto son adolescentes y el 15 por ciento de los abortos registrados oficialmente corresponde a menores de edad, según datos del Instituto Nacional de Bienestar Familiar. (FIN/IPS/zp/ag/pr/97