DESARROLLO: Desmilitarizar es esencial para acabar con la pobreza

La desmilitarización es uno de los pasos necesarios para reducir todas las formas de pobreza, dijo el ex presidente de Costa Rica, Oscar Arias, en un simposio organizado por la Fundación Alemana para el Desarrollo Internacional (DSE).

Arias recordó en la reunión que los gastos militares en Africa subsahariana, la región con mayor pobreza del planeta, ascendieron a 8.000 millones de dólares en 1995 y continúan creciendo.

El ex mandatario costarricense mencionó la guerra armamentista entre India y Pakistán. Nueva Delhi gastó más de 12.000 millones de dólares en armas entre 1988 y 1992, más que Arabia Saudita o Iraq en el mismo período, dijo.

El presupuesto de defensa de Pakistán se multiplicó por siete entre 1978 y 1991 hasta alcanzar casi 40 por ciento de los gastos del gobierno, afirmó Arias.

"Es imperdonable que los dos países, que figuran en los lugares 138 y 139 del Indice de Desarrollo Humano (IDH) de Naciones Unidas, gasten cantidades exhorbitantes en la carrera armamentista si sus pueblos están embarcados en una carrera contra el tiempo para colmar sus necesidades básicas", dijo.

Arias observó con satisfacción que América Latina es la región que redujo en mayor medida sus gastos militares en los últimos diez años, si bien está lejos de haber acabado con las causas estructurales de la violencia, pues la cuarta parte de su población gana menos de un dólar diario.

El ex presidente costarricense expresó su esperanza de que los jefes de estado de América Latina acepten su propuesta de una moratoria en la compra de armas de tecnología avanzada.

"Al igual que la reducción de la pobreza, el control de armas requiere acción internacional coordinada", concluyó.

Hernando de Soto, economista, autor del libro "El otro Sendero" y presidente del Instituto Libertad y Democracia de Perú, exhortó a poner fin al "apartheid institucional" y a colocar capital productivo a disposición de los pobres.

Más de 300.000 propiedades informales y 270.000 empresas fueron legalizadas entre 1990 y 1993 en Perú, mientras se creaban en el mismo lapso 100.000 nuevas empresas a un costo de menos de 10 millones de dólares que, de otro modo, no existirían, dijo De Soto.

Al simposio asistieron, entre 130 participantes de 30 países, el integrante de la Comisión de Planeamiento de India Arjun Sengupta y Gertrude Mongella, ex secretaria general de la Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing.

También concurrieron la princesa Basma bint Talal, del Fondo Reina Alia para el Desarrollo Social de Jordania, Fawzy Al Sultan, presidente del Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola con sede en Roma, y vicepresidenta de Uganda, Specioza Kazibwe.

Los resultados de la reunión deberían alentar a la población de los países en desarrollo a participar en los acontecimientos de sus comunidades, provincias, parlamentos y estados, dijo Kazibwe al fin del simposio.

Solo un involucramiento activo de todos los sectores de la sociedad convertirá a la gente en partícipe de la democracia, agregó.

No tiene mucho sentido desplegar asesores de los países industrializados en el mundo en desarrollo, sostuvo Kazibwe. "Ustedes no tienen por qué enseñar a los pobres y a los analfabetos cómo poner sus votos en la urna", afirmó.

Lo que se requiere, explicó, es habilitar a la gente a participar en todos los procesos que conducen a la construcción de estructuras democráticas, lo cual supone desafíos políticos y constitucionales que, según la gobernante, fueron sorteados con éxito en el caso de Uganda.

Los países en desarrollo y sus pueblos deben recibir medios y dinero en caso de que sea necesario, pero se les debe dejar hacer las cosas por sí mismos, afirmó.

Al mismo tiempo, se burló de los mecanismos utilizados por muchas organizaciones multilaterales que ofrecen asistencia al mundo en desarrollo.

Un director toma una decisión, la organización instala computadoras, los expertos se escudan en su incomprensible jerga, y, en algún momento del proceso, los cuerpos multilaterales comienzan a engordar, sostuvo Kazibwe.

Esa no es forma de combatir la pobreza y acelerar el paso del desarrollo humano ni de convertir a la población de un país en partícipes de los procesos democráticos, dijo la vicepresidenta de Uganda en la sesión de cierre del simposio, este viernes.

La reunión coincidió con el lanzamiento mundial del IDH de 1997, elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Participantes tanto del Sur en desarrollo como del Norte industrializado coincidieron en que la reducción de la pobreza debe ser parte de las políticas económicas nacionales.

El principal arquitecto del IDH, Richard Jolly, dijo que ese objetivo será implementado a través de la restauración del pleno empleo como una alta prioridad para aliviar la inequidad y moderar sus extremos.

La intención debe ser acelerar el crecimiento cuando éste ha estado cayendo, en especial en los países pobres, con una meta de al menos tres por ciento al año.

Pero, al margen de eso, deben implementarse acciones especiales para impedir problemas económicos, entre ellas medidas de paz en países que sufren los efectos de la guerra y mayor apoyo internacional a los países de Africa subsahariana y las naciones más pobres, dijo Jolly.

Los objetivos serían, en estos casos, la reducción de deuda, el aumento de su parte en la recepción de ayuda y el aceitamiento de su entrada en los mercados mundiales, sobre todo para las exportaciones del sector agrícola, agregó.

Jolly observó que la caída dramática en el producto interno bruto (PIB) de las economías en transición de Europa oriental y la disuelta Unión Soviética provocó un aumento del mismo modo dramático de personas por debajo del umbral de la pobreza, de 14 millones en 1988 a 119 millones en 1994.

Ponna Wignaraja, president de la Asociación de Redes de Perspectivas Asiáticas (SAPNA) con sede en Sri Lanka, sostuvo que los pobres eran eficientes y capaces en lo que refiere a la producción de bienes, por lo que su potenciación debe ser el primer paso en el combate contra la pobreza.

Wignaraja mencionó la experiencia del Banco Grameen, en Bangladesh, que suministra crédito a más de dos millones de pobres, en su mayoría mujeres, con una tasa de morosidad de apenas dos o tres por ciento.

En base a la experiencia del Banco Grameen, el Ministerio de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania se involucró en varios proyectos, por ejemplo en India, Malí y Perú, que fueron "altamente satisfactorios", dijo el ministro Wighard Haerdtl. (FIN/IPS/tra-en/raj/rj/mj/dv/97

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