CHILE: Desertificación se conjuga con pobreza y modelo económico

Chile es uno de los países de América Latina con mayor desertificación y las áreas más degradadas de su territorio son también las más pobres, como consecuencia de las tendencias seguidas históricamente por el crecimiento económico.

Este lunes, en la víspera del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación, organizaciones no gubernanentales (ONG) ambientalistas urgieron al gobierno y al parlamento a ratificar la convención de Naciones Unidas sobre el tema.

Miguel Torrico, coordinador para América Latina de la Red Internacional de ONG sobre Desertificación (RIOD), señaló la paradoja de que Chile, con 66 por ciento de sus suelos erosionados, no ratifique aún este instrumento internacional.

La Convención Internacional de Lucha contra la Desertificación está aún en un lento trámite en el Senado, y difícilmente se ratificará antes del día 29, plazo para poder participar en la primera reunión de las partes, programada en septiembre en Roma.

Lo más probable, dijo Torrico, es que Chile asistirá sólo como observador a la cita de Roma, donde se buscará poner en marcha una estrategia global contra uno de los mayores problemas ambientales del mundo, de graves repercusiones sociales.

Naciones Unidas instituyó el 17 de junio como Día Mundial de Lucha contra la Desertificación atendiendo a la fecha en que se celebró en Nairobi, en 1977, la primera conferencia internacional sobre el tema, motivada por las hambrunas al sur del Sahara.

En la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro, hace cinco años, el combate al avance de los desiertos y la degradación de los suelos fue asumida como una de las tareas centrales de resguardo de la biodiversidad, a través del capítulo 12 de la Agenda 21.

El Comité Nacional pro Defensa de la Fauna y Flora (Codeff), una de las más antiguas ONG ambientalistas de Chile, realizó el último fin de semana en conjunto con la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), un seminario para periodistas sobre sequía y desertificación.

"Chile es un caso típico de desertificación", indicó Torrico, puntualizando que este término alude sobre todo a la degradación de suelos por la acción humana, a diferencia de la "desertización", atribuída a causas climáticas y geográficas.

Los expertos señalan a Haití como el país más degradado de América Latina y el Caribe, pero el fenómeno adquiere gravedad en toda la región, incluso en las idílicas islas tropicales, advirtió Francisco Berzovic, asesor del Secretariado de Naciones Unidas.

Observaciones satelitales, grabadas en imágenes que captan en verde las emisiones de clorofila, permiten apreciar en el mapa regional grandes manchas en rojo y marrón, que muestran la pérdida de bosques y sembríos y la creciente aridez de los suelos.

El nordeste del Brasil, el Chaco compartido por Paraguay, Bolivia y Argentina, los páramos andinos, los llanos de Venezuela y Colombia, el desierto costero desde el sur de Perú al norte de Chile y las pampas patagónicas son los rostros más ostensibles de la desertificación en América del Sur.

El fenómeno es causado por variadas formas de intervención humana: tala indiscriminada de bosques, falta o exceso de riego, técnicas y cultivos agrícolas inadecuados que generan erosión, salinización o pérdida de materia orgánica de los suelos.

La expansión de las áreas urbanas, el contraste entre el latifundio de agricultura moderna y el empobrecido minifundio de sobreexplotación de la tierra para la supervivencia campesina, están también en los orígenes del proceso.

Estudios de la Universidad de Chile establecen que la superficie erosionada, sin considerar el extenso desierto de Atacama en el norte, es de 47.334 kilómetros cuadrados.

Esta área equivale a 6,5 por ciento del área continental del país, de 756.252 kilómetros cuadrados, porcentaje tal vez menor si no encerrara a 66 por ciento de los suelos productivos del país.

Fernando Santibáñez, experto en agroclimatología, señala que por mal manejo de los recursos hídricos cada año los ríos chilenos vacían al mar 3.600 hectáreas de suelo, lo que equivale a que cada 18 años "desaparece" la superficie de Santiago.

La degradación de suelos es en alto grado consecuencia de la "artificialización" de ecosistemas con fines socioeconómicos, ya sea para sobrevivencia, aumento del bienestar o maximizar ganancias, coincidieron los expertos en el seminario de Codeff y FAO.

Guido Soto, de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), ilustró ese diagnóstico con los resultados de un estudio que combinó comparativamente índices de pobreza, aridez de suelos, erosión y tendencias de la desertificación.

La investigación, realizada en el marco del Plan Nacional de Combate a la Desertificación, se realizó en 208 comunas (municipios) urbanas y rurales, desde la primera región, en el norte, hasta la octava, unos 500 kilómetros al sur de Santiago, más la décimo segunda, en el extremo austral.

Sólo 20 comunas (10 por ciento) no están afectadas por erosión de sus suelos, mientras 54 (26 por ciento) presentan una situación grave de desertificación, 74 (35) un grado mediano y 60 (29 por ciento) un nivel leve de deterioro de suelos.

Las 54 comunas más afectadas son las de mayores índices de pobreza y corresponden a áreas sometidas históricamente a alta explotación de sus recursos, que en diversas épocas propiciaron el crecimiento económico del país.

Soto recordó que los bosques del área costera del norte fueron virtualmente arrasados en los siglos XVIII y XIX, para alimentar las calderas de 200 fundiciones minerales, que sólo el 1860 comenzaron a usar carbón fósil.

En la segunda mitad del siglo pasado, cuando California dejó de producir trigo por la fiebre del oro, Chile se convirtió en gran exportador del cereal, con cultivos que se extendieron en la zona central con el desmonte sistemático de bosques nativos.

El auge de la exportación de trigo incentivó una industria naviera que también acabó con valiosos bosques en áreas costeras de más al sur, con leyes que autorizaban el ingreso a propiedades privadas cuando el objetivo era talar árboles.

En las praderas magallánicas, la demanda internacional por la lana atrajo la incorporación masiva de ovejas, iniciándose así un progresivo agotamiento de las praderas naturales y su posterior extensión a costa de los bosques nativos.

Como herencia de estos procesos, en las áreas de secano costero de la cuarta región (centro-norte) y del centro de Chile, las áreas de pobreza se identifican con pequeñas propiedades campesinas obligadas a la sobreexplotación de los suelos.

Soto advirtió que el actual auge de la minería en las regiones primera y segunda, con megaproyectos cupríferos que demandan altos volúmenes de agua en una zona en que escasea este elemento, está desplazando hacia la extrema pobreza a las comunidades de pastores aimaras. (FIN/IPS/ggr/dg/en/97

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