La conferencia sobre cambio climático a realizarse en diciembre en Kyoto, Japón, no debe exagerar los costos de la reducción de la dependencia de los gases causantes del efecto invernadero, afirma el Instituto de Recursos Mundiales (WRI).
Los costos de evitar el recalentamiento del planeta deben ser cuidadosamente examinados. "La gente no debe aceptar todas las hipótesis del peor escenario", dijo el economista del WRI Robert Repetto.
"Es más razonable predecir que, con políticas púbilcas sensibles y cooperación internacional, las emisiones de dióxido de carbono podrán ser reducidas con impactos mínimos en la economía", agregó.
La conferencia de la Convención sobre Cambio Climático de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) deberá fijar objetivos y plazos vinculantes para que los países industrializados reduzcan sus emisiones de los gases que recalientan la atmósfera.
Estos gases se producen con la quema de combustibles fósiles como petróleo, gasolina y carbón, principales fuentes de energía de la sociedad moderna.
Los científicos, a excepción de unos pocos, creen que, una vez en la atmósfera, estos gases atrapan el calor de forma que aumenta la temperatura de la superficie de la Tierra, hasta 3,5 grados Celsuis, según concluyó en 1995 un panel científico de la ONU.
Con el tiempo, alteran el clima, incluyendo una mayor frecuencia e intensidad de tormentas, inundaciones, olas de calor y sequías.
En febrero, más de 2.000 economistas, incluyendo seis premios Nobel, publicaron una declaración afirmando que las emisiones de gases invernadero podrían reducirse con poco o ningún impacto sobre la economía.
Después de eso, el presidente Bill Clinton dijo por primera vez que aceptará los objetivos vinculantes para reducir las emisiones en la reunión de Kyoto.
Estados Unidos adoptó una posición dura en las negociaciones sobre recalentamiento planetario, aunque el país emite más dióxido de carbono que ningún otro.
En la Cumbre de la Tierra, celebrada en 1992 en Rio de Janeiro, Estados Unidos fue el mayor país industrializado que se negó a firmar un tratado vinculante sobre reducción de emisiones.
La propuesta más estricta hace un llamado a países industrializados a que reduzcan las emisiones a 20 por ciento por debajo de los niveles de 1990 antes del 2005, aunque algunos científicos hacen un llamado a una reducción de 50 por ciento en el siglo próximo.
Los modelos económicos utilizados por Washington asumen que las emisiones pueden estabilizarse a los niveles de 1990 en el 2010, mientras la Unión Europea (UE) se comprometió a una reducción de 15 por ciento si otros países se suman al esfuerzo.
Bajo la Convención sobre Cambio Climático firmada en la Cumbre de la Tierra, países industrializados hicieron compromisos no vinculantes para reducir las emisiones de gases invernadero al menos a los niveles de 1990 antes del 2000. Casi todos los firmantes, incluyendo Estados Unidos, sin embargo, no cumplieron los objetivos.
El reciente compromiso de Clinton fue bien recibido por grupos ambientalistas estadounidenses, pero causó ansiedad en el mundo de las corporaciones, en especial ante los poderosos intereses de la industria del petróleo, el gas y el carbón, los cuales han argumentado que el control de este uso de la energía podría llevar al colapso a la economía de Estados Unidos.
Controles obligatorios de la contaminación requerirían que las corporaciones instalaran equipos eficientes en términos de energía y optaran por opciones más limpias.
"La gente tiene que empezar a pensar … ¿sobreviviremos un acuerdo sobre cambio climático?", preguntó John Schlaes, de la Coalición de Cambio Climático, promocionada por la industria, la cual aún argumenta que el cambio climático es una teoría no comprobada.
Una posición más moderada es seguida por la Asociación Internacional de Cambio Climático, un grupo industrial que comparte algunas propuestas de la Casa Blanca, e incluye a BP America Inc. y Dow Chemical Co.
La industria de seguros estadounidense, golpeada por un altísimo número de demandas relacionadas a desastres naturales, empieza también a considerar la cuestión de otra manera.
"Si la comunidad científica dice que hay un problema real", entonces, personalmente, creo que sería maravilloso que se pudiera avanzar en Kyoto", dijo Kaj Ahlmann, de Employers Reinsurance Corp. (FIN/IPS/tra-en/dk-jl/yjc/lp/en/if/97


