La causa principal de la pobreza en las zonas más áridas del mundo reside en la degradación de la tierra y las dos plagas combinadas, miseria y desertización, se encuentran en el origen de la inestabilidad y la violencia que asuelan Africa.
Por esa razón, Arba Diallo, responsable de la Secretaría Interina de la Convención de Lucha contra la Desertificación, reclamó un compromiso internacional para detener la degradación de la tierra en el Sahel africano y en todas las regiones secas.
El funcionario advirtió que las naciones ricas deben comprender las ventajas de contribuir ahora a revertir el proceso de desertización.
En caso contrario, dijo, mañana tendrán que afrontar facturas por los refugiados, el seguro de catástrofe y la asistencia económica.
En una declaración con motivo del Día Internacional de Lucha contra la Desertificación, que se celebra este martes, 17 de junio, Diallo sostuvo que los países afectados deben reformar sus políticas y favorecer la participación de sus ciudadanos.
La Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, aprobada en 1994, se inspiró en el espíritu y las resoluciones de la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro, de 1992.
La Conferencia de las Partes de la Convención sesionará en Roma del 29 de septiembre al 10 de octubre.
El combate contra la degradación de la tierra y sus compañeras inseparables, la pobreza y la inseguridad alimentaria, constituye probablemente la mejor arma de la comunidad mundial para promover la estabilidad política, fortalecer la sociedad civil y eliminar la violencia en Africa, precisó Diallo.
El fenómeno no se reduce a Africa. La desertización afecta directamente a más de 250 millones de personas y amenaza a unos 1.000 millones más en todo el mundo.
La capa cultivable extendida sobre algunas áreas de la Tierra desaparece sistemáticamente cada año en los cinco continentes. Cuando la erosión se verifica en regiones secas, el fenómeno se llama desertización (o desertificación, en el lenguaje de los tratados).
En Africa suman 400 millones las personas residentes en zonas áridas que "necesitan apoyo internacional para incorporar métodos sostenibles en la agricultura y en el manejo de las tierras".
Alrededor de 65 por ciento del territorio de Africa está compuesto por tierras áridas, de las cuales un tercio corresponde al desierto hiperárido y el resto a tierras áridas, semiáridas y subhúmedas secas.
En esos territorios áridos, los períodos de sequía se repiten y con cada nuevo ciclo, la desertización aumenta. En total, 36 países africanos soportan sequías y degradación de la tierra.
La desertifización conspira también contra el objetivo de la comunidad internacional de asegurar una dieta nutricionalmente adecuada a la población, que aumenta de modo incesante.
Para ese fin, se requerirá triplicar la producción de alimentos en los próximos 50 años, recordó Diallo. Pero esa meta resultará inalcanzable mientras el proceso de desertización no se detenga y revierta.
La Secretaría de la Convención de Lucha contra la Desertificación estimó que ascienden a unos 42.000 millones de dólares las pérdidas en el ingreso anual de las regiones afectadas por la degradación.
En un país del Sahel africano, la merma de los recursos naturales causada por la desertización equivalió a 20 por ciento de su producto interno bruto (PIB), indicó un estudio inédito del Banco Mundial citado por la Secretaría.
Del total de 1.900 millones de hectáreas afectadas en todo el mundo por la degradación de la tierra, 850 millones se encuentran en zonas densamente pobladas de Asia y el Pacífico, donde la superficie estrictamente árida abarca 86 millones de hectáreas.
El fenómeno se extiende también a zonas de Italia, España y de otros países europeos. América del Norte es la región que presenta el área más extensa de tierras áridas degradadas. (FIN/IPS/pc/ff/en/97


