AMBIENTE: Control de contaminación, un mercado en crecimiento

El mercado mundial de productos y servicios de control ambiental movió 450.000 millones de dólares en 1996, crece más que la economía en general y tiene un gigantesco potencial de expansión en muchos países en desarrollo.

La Unión Europea, con 180.000 millones de dólares, constituye el mayor mercado para los productos y servicios de saneamiento ambiental, seguido del estadounidense, con 150.000 millones el año pasado.

Los datos fueron presentados por la Cámara de Comercio e Industria Brasil-Alemania, en un encuentro sobre tecnología ambiental realizado en la sureña ciudad brasileña de Curitiba.

La reunión tuvo el propósito de identificar posibilidades de transferencia de tecnología alemana a los países del Mercado Común del Sur (Mercosur).

Alemania, con una rigurosa legislación en el área, concentra la mayor parte de las inversiones europeas en ambiente, y acumuló experiencia adicional en la recuperación ambiental de la ex República Democrática Alemana, señaló Werner Ross, presidente de la Cámara.

Los países latinoamericanos destinan sumas comparativamente pequeñas a esa área, según la Cámara germano-brasileña. Brasil, por ejemplo, el segundo mercado regional, después de México, invirtió 1.800 millones de dólares en 1996, sólo 0,4 por ciento del total mundial.

Pero la potencialidad de Brasil es de 30.000 millones de dólares y las inversiones deben aumentar de cinco a siete por ciento al año en el próximo quinquenio, casi el doble del crecimiento económico esperado.

El control de la contaminación del agua absorbió la mitad de las inversiones de 1996 y es el área de mayor crecimiento potencial, entre 10 a 15 por ciento al año.

Esa previsión se basa en el gran déficit de saneamiento básico en el país, donde 20 por ciento de la población aún no recibe agua tratada y 60 por ciento carece de conexión al alcantarillado. El tratamiento de aguas servidas se limita a 12 por ciento.

Superar esa situación precaria exige una inversión no inferior a 20.000 millones de dólares. En Brasil hay en curso 20 proyectos de ejecución en periodos variables, que costarán 8.000 millones de dólares.

Entre esas iniciativas se cuentan grandes obras de recuperación de los principales recursos hídricos de las áreas metropolitanas de Sao Paulo, Río de Janeiro y Porto Alegre.

Pese a que su financiación fue acordada con instituciones internacionales y Japón, esos proyectos sufren retraso. El río Tieté, en Sao Paulo, y la bahía de Guanabara, en Río de Janeiro, siguen tragando el desagüe y la basura de millones de pobladores ribereños.

La situación es similar en el resto de America Latina. Pero la superación de la crisis financiera de los años 80 y la estabilización y recuperación económica de la región deben impulsar las inversiones en la infraestructura de saneamiento.

La protección del suelo, que comprende desde el problema de la basura urbana a la agricultura, representa la segunda arista del mercado ambiental. En Brasil se invirtieron el último año 750 millones de dólares con ese fin y los expertos prevén un crecimiento de 10 a 15 por ciento.

Sólo 10 por ciento de las 90.000 toneladas generadas por día en Brasil se deposita en locales autorizados oficialmente y menos aún, dos por ciento, se somete al reciclaje.

La contaminación del aire, más visible para la población por sus efectos directos, constituye sin embargo el segmento menor del mercado. En Brasil recibió solo 150 millones de dólares en inversiones el año pasado, 8,3 por ciento del total.

Los automóviles son causa de 90 por ciento de la contaminación del aire, y la industria, frecuentemente señalada como factor nocivo, tiene sin embargo una responsabilidad comparativamente pequeña en el daño ambiental.

Por esa razón, la introducción de los catalizadores en los automóviles ganó gran importancia. Para 40 millones de vehículos que se producirán este año, habrá una oferta de 77 millones de unidades de ese mecanismo de reducción de emisiones contaminantes, de acuerdo con los cálculos de la Cámara de Comercio Brasil- Alemania.

Esas cifras del mercado ambiental pueden estar subestimadas, ya que también se debe considerar otros productos y actividades. El alcohol de caña de azúcar, por ejemplo, se incorporó a ese mercado como carburante. Se utiliza en gran escala en Brasil y en fase inicial en Estados Unidos y Europa.

Un gran mercado puede surgir de la Convención sobre Cambio Climático, cuyas partes firmantes se reunirán a fin de año en Tokio. Entre las propuestas para reducir el recalentamiento de la Tierra se considera crear un "comercio de emisión de gases de efecto invernadero".

Por ese mecanismo, países ricos podrían pagar la reducción de emisiones nocivas en naciones en desarrollo, como compensación por el recorte que no logran en su propio territorio.

Brasil, que con el uso de alcohol carburante reduce en cerca de 10 millones de toneladas la emisión de dióxido de carbono, debería obtener por esa razón un crédito de, al menos, cien millones de dólares, según cree el ex ministro de Medio Ambiente y de Educación José Goldemberg. (FIN/IPS/mo/ff/en/97

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