Dos millones de niños murieron, de cuatro a cinco millones resultaron heridos y más de un millón quedaron huérfanos en los últimos 10 años como consecuencia de las guerras, se señaló hoy en una conferencia internacional celebrada en esta ciudad.
Hasta hoy, 53 millones de personas, uno de cada 115 habitantes del mundo, han debido abandonar sus hogares a causa de la guerra, la mitad de ellos menores.
La mayoría de los niños refugiados se desplazó con sus familias, pero muchos quedaron huérfanos o separados de sus familias, en medio del pánico de la fuga, se apuntó en la reunión organizada por la Organización de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) con el auspicio de la cancillería italiana.
Más allá de estas cifras de UNICEF, el drama mayor, que no se puede medir, es el sufrimiento de los niños, dijo Graca Mache, ex ministro de Educación de Mozambique.
Machel y la directora general de UNICEF, Carol Bellamy, intervinieron este miércoles en la ceremonia conclusiva de esta conferencia de tres días sobre el impacto de los conflictos bélicos en la infancia.
Denunciaron la situación a que son sometidos los niños, inducidos a odiar al que hasta ayer había sido su amigo, como ocurrió en la ex Yugoslavia, donde se vive en estos momentos una situación particular, en que no hay guerra, pero tampoco existe la paz.
Bellamy destacó el apoyo de Europa para afrontar el drama de los niños en las guerras.
"La Unión Europea (UE) y la gente de sus propios países dan una importante contribución financiera a la UNICEF, una de cuyas tareas es hacer frente a esta dramática situación", dijo Bellamy a IPS.
Machel coincidió en destacar la contribución de Europa, pero dijo que podría ser mejor coordinada y orientada, sobre todo destinada a la prevención, para no tener que actuar en situaciones de emergencia, como ocurre en la actualidad.
Además, señaló que Europa y la comunidad internacional en general no deberían retirarse de inmediato, apenas se llega a un acuerdo de paz, porque en numerosos casos se vuelve a las anteriores situaciones de guerra.
El presidente del Comité Italiano de UNICEF, Arnoldo Farina, calificó como una "vergüenza" que los países desarrollados no otorguen el 0,7 por ciento del producto interno bruto (PIB) en ayuda al desarrollo del Tercer Mundo, como se comprometieron en la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1970.
Un estudio de UNICEF denunció que en países como El Salvador, Guatemala y Etiopía los niños fueron obligados a participar en la guerra, siendo reclutados a la fuerza por tropas gubernamentales y las fuerzas rebeldes.
En Mozambique, la Renamo (Movimiento de Resistencia Nacional, que combatía al gobierno), sistemáticamente practicó el enrolamiento por la fuerza de menores y tuvo al menos 10.000 niños soldados.
Se señaló la situación de violencia extrema de las niñas, que son sometidas a un traumatismo suplementario, bajo la forma de abuso sexual en los conflictos étnicos.
En Bosnia, hubo una política deliberada de violación de las adolescentes. Según una misión de la UE, más de 20.000 musulmanas fueron violadas desde el inicio de los combates, en abril de 1992.
Una de las más tristes realidades de nuestro tiempo consiste en que la mayor parte de los conflictos se producen en los países pobres. En 1993 se registraron conflictos en 42 países y en otros 37 acciones de violencia, de esos 65 pertenecian al Tercer Mundo.
Se denunció que los países destinaron en su conjunto en 1990 790.000 millones de dólares a gastos militares, de los cuales 121.000 millones correspondieron a los países en desarrollo.
Los países desarrollados son además los principales suministradores de armas, que tras el final de la guerra fría, se destinaron en gran parte a los países del Tercer Mundo.
Las minas de tierra, de las que se encuentran 110 millones en 64 países de todo el mundo, son las armas más mortales contra la infancia. Desde 1975 han causado la muerte o heridas de gravedad a un millón de personas, en gran parte menores. (FIN/IPS/jp/ag/ip/96)


