MÉXICO – En octubre, el grupo energético colombiano Promigas inauguró el parque solar Aurora, en el norte de Chile, con capacidad de generación de 187 megavatios (Mw) y un sistema de almacenamiento en baterías eléctricas de 221 Mw hora.
La nueva planta es parte del crecimiento de la energía renovable, como la eólica y la fotovoltaica, en un país que generó 45 % de su electricidad a partir de esas fuentes en agosto de este año.
A lo largo de esta década, América Latina ha avanzado en el despliegue de energía renovable para generación eléctrica, pero en la mayoría de los casos ha sido como complemento de fuentes fósiles y no una sustitución.
Con ese panorama llega la región a la 31 Conferencia de las Partes (COP31) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (Cmnucc), que arrancará en Antalya, en el sudoeste de Turquía, el lunes 9 y se prolongará hasta el día 20.
La cita, que sucede a la reunión de noviembre de 2025 en Belém do Pará, en la Amazonia brasileña, va a concentrar su atención, siempre con enfoque climático, en cero residuos, en tierra, mares y océanos; seguridad alimentaria; ciudades resilientes, y cumplimiento de compromisos.
Además, se enfocará en los objetivos de juventud y educación; industrialización verde; transición energética limpia; soluciones integrales alrededor de biodiversidad, clima y desertificación; y sistemas sanitarios dinámicos.
Todo con metas medibles para 2035.
Esas metas están definidas por la presidencia turca, , las prioridades recaen en la electrificación, cero residuos y metano; ciudades y edificios resilientes; cumplimiento de compromisos; e industrialización verde. mientras que Australia, que copreside las negociaciones climáticas en la COP31
La anfitriona ha puesto sobre la mesa la meta de alcanzar 35 % de la generación eléctrica mundial basada en renovables en 2035, desde el 23 % actual, un desafío notable tomando en cuenta el contexto geopolítico del avance de gobiernos de extrema derecha y el retroceso mundial en compromisos climáticos.
“Estos esfuerzos deben avanzar juntos para que la región pueda hacer un mejor uso de sus recursos de energía renovable y traducir esta ventaja en seguridad energética y competitividad”: Natália Oliveira.
Adrián Fernández, director de la no gubernamental Iniciativa Climática de México, subrayó que México ha retomado la transición energética a fuentes bajas en carbono con la presidenta Claudia Sheinbaum, en el poder desde octubre de 2024, luego que su predecesor y mentor político, Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) frenara ese proceso.
“Uno de los mensajes importantes hacia la COP es que México está de regreso, con la participación privada, como ocurre en todo el mundo”, dijo a IPS, en alusión a la inversión de actores empresariales en el sector eléctrico.
Pero los países de la Cmnucc aún tienen temor de poner la mano sobre la caja de la energía fósil para bajar su interruptor y conectar en su lugar los cables renovables, una urgencia a la luz de los efectos de la catástrofe climática desatada por la adicción global a los hidrocarburos, los mayores generadores del recalentamiento global.

A paso decidido
América Latina y el Caribe generó 65 % de su electricidad a partir de fuentes limpias en 2025, muy por encima del promedio mundial de 43%. La participación combinada de la solar y eólica (19 %) excedió el promedio global de 17 %, mientras que la energía hidroeléctrica mantuvo la primacía como fuente limpia.
Las energías solar y eólica son las fuentes de mayor crecimiento en la región, pues en los últimos cinco años duplicaron su capacidad y, en 2025 prosperaron más del doble que la demanda eléctrica.
En consecuencia, la matriz eléctrica regional depende cada vez menos de los hidrocarburos, aunque aún necesita millones de millones de dólares para acelerar la transformación energética.
Para Natália Oliveira, líder de Política y Promoción Regional para América Latina de la Alianza Global de Renovables –colectivo de seis asociaciones globales del sector–, el reto es la creación de condiciones necesarias para convertir el potencial de la región en energía, empleos e inversión asequibles.
“Muchos proyectos enfrentan redes inadecuadas, dificultades de conexión, altos costos de financiamiento e incertidumbre regulatoria. Por lo tanto, los gobiernos deben expandir y modernizar las redes, invertir en almacenamiento y aumentar el uso de electricidad renovable en la industria y el transporte”, dijo a IPS desde Brasilia.
Todo esto, en voz de la experta, requiere reglas estables, financiamiento asequible y procesos de permisos eficientes que respeten a las comunidades y al ambiente. “Estos esfuerzos deben avanzar juntos para que la región pueda hacer un mejor uso de sus recursos de energía renovable y traducir esta ventaja en seguridad energética y competitividad”, subrayó.
Junto con Uruguay (46 %), Chile (38 %) tiene la mayor participación eólica y solar, y generó 66 % de su electricidad a partir de fuentes bajas en carbono en 2025. Pero un tercio aún se basa en fósiles.
Brasil ha avanzado en la penetración renovable, al grado que en 2025 su nivel superó la cuarta parte de la generación. La contribución fotovoltaica superó por primera vez a la de fósiles en 2025, cuando estos personificaron 35 % de la producción eléctrica, una caída significativa desde el 47 % registrado en 2015.
La hidroenergía persiste al frente de la matriz, con 52 %, en el que fue el segundo mayor generador de hidroenergía del mundo en 2025. En contraposición, los fósiles solo constituyeron en 11 %.
Las energías eólica y solar también alcanzaron un hito en agosto de 2025, al producir más de un tercio de la electricidad de Brasil por primera vez en la historia, con un aporte de 34 %.
Incluso, la mayor economía latinoamericana y el mayor contaminador de la región ya alcanzó su objetivo de generar 84 % de su electricidad a partir de renovables para 2030.
Brasil y Uruguay se adhirieron en septiembre pasado a la plataforma Electrify Now, diseñada para acelerar la electrificación de los edificios, el transporte y la industria.
Mientras, Argentina, la tercera economía latinoamericana, generó 42 % de su electricidad a partir de fuentes bajas en carbono en 2025. Las variables solar y eólica concurrieron con 16 %, pero la preponderancia de los fósiles permaneció considerable (58 %).
Por su parte, México, la segunda economía regional y con una importante industria petrolera, produjo un cuarto de su electricidad a partir de fuentes bajas en carbono en 2025. La presencia renovable fue de apenas 13 %, mientras que el peso fósil fue contundente: 74 %.
El Plan de Fortalecimiento y Expansión del Sistema Eléctrico Nacional 2025-2030 agregaría 22 000 Mw a la matriz energética nacional, para alcanzar 37,8 % de energía limpia.
La estatal Comisión Federal de Electricidad y la Secretaría (ministerio) de Energía ya lanzaron dos convocatorias para diseñar, financiar, construir, operar y mantener proyectos renovables, con participación privada.
Finalmente, la matriz eléctrica de Colombia, la cuarta economía latinoamericana, estuvo compuesta por 58 % de hidroelectricidad, 27 % de fósiles y 13 de energías renovables.

Horizonte nublado
La afluencia de más gobiernos de extrema derecha, como en Argentina, Chile, Colombia, Ecuador y Perú, complican la evolución de las renovables, por la afinidad de sus mandatarios con los hidrocarburos y en varios casos su negacionismo climático.
En el marco del Balance Mundial, el proceso mediante el cual los países y otros actores exploran su marcha hacia los objetivos de reducción de emisiones contaminantes y control del calentamiento global, realizado en la COP28 en Dubái en 2024, las naciones acordaron la salida de los combustibles fósiles y el aumento de la generación a partir de energías renovables.
Un análisis de Carbon Brief muestra que apenas un tercio de las nuevas contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC, en inglés), el conjunto de políticas climáticas para cumplir con el Acuerdo de París de 2015, menciona el compromiso de abandono de los fósiles.
Brasil, por ejemplo, nombra el saldo de salida de los fósiles, pero no establece metas concretas ni fechas para realizarlo. De los países de la región, solo Chile y Cuba mencionan y establecen términos concretos y medibles para dicho abandono. Colombia cita el objetivo, pero no establece medidas delimitadas.
El 3 de noviembre Brasil, en su papel de presidente de la COP30 de Belém, presentó la Hoja de Ruta para el alejamiento progresivo de los fósiles, que contiene el Índice de Preparación para la Transición y cuyo rol es el examen de la exposición de los países a los fósiles y su capacidad para conducir ese proceso necesario.
Este se basa en la demanda de energía en el transporte, la industria y las edificaciones; su oferta, centrada en cómo la producción fósil puede adaptarse a medida que los sistemas de energía de bajas emisiones crecen y la demanda disminuye; y la actividad económica en su conjunto, enfocada en el peso fiscal, la inversión, el costo del capital y los de precios de los hidrocarburos.
La especialista Oliveira enfatizó en la importancia de las señales que se desprenden de las hojas de ruta.
“Abogamos por hojas de ruta con metas, plazos y medidas concretas que reflejen las circunstancias de cada país. Deben mostrar cómo la menor dependencia de los combustibles fósiles se compensará con la expansión de las renovables, manteniendo al mismo tiempo el suministro de energía seguro y asequible y creando oportunidades para los trabajadores y comunidades afectadas”, planteó.
La COP30 de Belém estableció el Mecanismo de Transición Justa, que debe entrar en vigor en 2026 para coordinar el apoyo técnico y financiero a los países que decidan dejar el petróleo enterrado.
De hecho, una de las tareas en Antalya consiste en la conclusión de la revisión de su programa de trabajo y la definición de la forma y operación del mecanismo.
ED: EG


