COPACABANA, Bolivia – Al lado de la mano derecha de Rosa Jalja se instala un equipo para transmisión. El ratón negro y un teclado de computadora acompañan el espacio de trabajo. Ella sostiene un fragmento de papel casi a la altura de su consola de sonidos. En la imagen, todo encaja dentro de una cabina radial donde ella se posiciona frente a un micrófono de mesa y comienza a hablar sobre el cuidado de su lago ancestral, el Titicaca. Una actividad que realiza desde hace 15 años.
Jalja es comunicóloga social y una de las primeras compañeras en integrar la Asociación de Mujeres Unidas en Defensa de la Cuenca del Lago Titicaca – Lideresas, una red y alianza binacional que actualmente agrupa a 50 mujeres de Bolivia y Perú.
Entre diagnósticos comunes y la urgencia por frenar el colapso de la cuenca, las mujeres de las comunidades ribereñas de Copacabana, Quimsachata, Apuville, Chañi, Sicuani, Yampupata y Sampaya unieron sus voces para visibilizar una crisis que afecta su vida cotidiana y la de sus comunidades.
Durante más de una década, estas mujeres no solo desafiaron la contaminación, sino que se abrieron paso hacia espacios de participación política real, enfrentando tanto la carga del trabajo doméstico y de cuidados como el cuestionamiento de los hombres hacia su autonomía y su rol en la comunidad.
Hoy, a través de una formación constante, las lideresas han fortalecido sus capacidades de liderazgo y habilidades técnicas –desde el manejo tecnológico hasta defensa legal – y están a un paso de consolidar el hito en su lucha: obtener la personería jurídica para constituirse como una asociación independiente, asegurar su autonomía política y reforzar su gobernanza territorial y ambiental.
El lago que construyó a las mujeres de agua
Al amanecer, las olas del Titicaca juegan con la luz como en un eclipse. Su vaivén atrapa el brillo dorado del nuevo día, lo esconde un instante y vuelve a revelarlo. En la orilla, los pasos de las mujeres se mezclan con el sonido del oleaje y sus manos empiezan a recolectar el agua que utilizarán después para sus labores diarias: cocinar, lavar o bañarse.
Para los comunarios de los alrededores, el lago es un sujeto vivo y sagrado. En sus orillas no solo nacieron leyendas de dioses incas, sino que su cuenca fue el refugio de civilizaciones andinas.
Esos saberes se traducen en costumbres cotidianas: el lago dialoga con los pobladores a través del viento y el agua marcando el ciclo de la siembra, y se le honra con rituales de agradecimiento a la Mama Qota, la diosa del agua.
Mientras Jalja recuerda el acomodo de flores y frutas para la ceremonia, su mente cruza de inmediato hacia otra escena: pañales, pilas, botellas y bolsas flotando en la superficie. «Queremos agua limpia porque nosotros ahora estamos tomando agua del lago. Y esa agua está contaminada con pilas, con pañales. Entonces, no es dable», comenta.
A pesar de que los expertos mencionan que el riesgo de desaparición del río no es cercano a la realidad, su deterioro está acelerándose, siendo las zonas poco profundas las más afectadas (6 %).
En 2022, la Autoridad Binacional del Lago Titicaca (ALT) entregó un registro de 113 fuentes de contaminació.
De ellas, 32 se relacionan con aguas residuales y la carencia de plantas de tratamiento. En el lado boliviano, la planta de Puchukollo no logra abastecer a las 885 000 personas que tiene la ciudad ni tiene un tratamiento óptimo.
Otras 25 corresponden a actividad minera; seis a pasivos mineros que drenan hacia ríos tributarios; y 50 a residuos sólidos urbanos que golpean tanto la ribera peruana como la boliviana.
La escena de las múltiples variables de contaminación en el lago fue el impulso primario para que las mujeres empezaran a organizarse.
En 2011, Jalja, junto a otras compañeras, participó en el Encuentro de Lideresas Frente a la Crisis Climática impulsado por Agua Sustentable, un espacio que reunió a defensoras ambientales de todo el país.
Desde este espacio, las mujeres aymaras de las comunidades ribereñas de Copacabana, Quimsachata, Apuville, Chañi, Sicuani, Yampupata y Sampaya (Bolivia) empezaron a expresar su preocupación, principalmente ante los residuos plásticos.
Durante esos años, el futuro para su comunidad fue el faro que guió sus acciones y preocupaciones. Pensar en un mañana constituyó el eje de la defensa del lago. «Tengo mi hija, tengo mis nietos, no quiero que tomen agua sucia. También para la comunidad. Ahí está la cultura, ahí está la siembra, ahí está la música», me explica Jalja.
El Titicaca es el sustento directo de tres millones de personas dedicadas a la pesca, la agricultura, la artesanía y el turismo comunitario. Hoy, sus modos de vida y subsistencia peligran.
Según un informe de la ALT, la contaminación y la sobrepesca han acabado con cerca de 90 % de las especies nativas.
La crisis ecológica se agrava por la emergencia sanitaria a la que se ven expuestas las familias en las orillas, ya que las comunidades continúan consumiendo este recurso en el que se ha confirmado la presencia de concentraciones de nitratos, fosfatos, metales pesados y metaloides producto de la minería que llegan al lago a través de los ríos peruanos —Ramis, Coata, Ilave, Huancané y Suches—; y bolivianos —Suchez, Huaycho, Katari y Lacustre—, según el presidente ejecutivo de la ALT, Juan Ocola.
En 2015, las defensoras llevaron sus preocupaciones hasta Agua Sustentable y, con el apoyo de Diakonia y el proyecto Bridge de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), iniciaron un proceso de formación técnica y política que se extendió por más de una década.
Las defensoras adquirieron un carácter binacional en 2017.
«Nuestros proyectos surgen de preocupaciones reales de las mujeres frente a la contaminación del lago», recuerda Paula Pacheco, integrante de la asamblea de Agua Sustentable. El objetivo no solo era implementar acciones concretas para la limpieza del espejo de agua, sino capacitar técnicamente a las lideresas para que pudieran defenderlo en espacios políticos.
Las campañas de limpieza y recolección de basura se organizan todos los viernes por iniciativa de las mujeres.
En este trayecto de tiempo, las lideresas no solo lograron establecer alianzas con actores locales para el recojo de residuos, sino que impulsaron talleres de capacitación y promovieron la educación ambiental en las escuelas, e implementaron el uso de equipamiento tecnológico como drones para monitorear el agua del lago y las vertientes.
Hoy tienen un largo recorrido participando en diferentes espacios públicos y políticos. Sin embargo, a pesar de toda esa formación y confianza, han trabajado voluntariamente, lo que también ha significado sostener la defensa del lago en condiciones precarizadas. Más de una década después, ellas están decididas a dar un nuevo paso hacia su independencia y a luchar contra esa precarización a través de financiamiento.

La formación que genera independencia: 15 años después
Las mujeres de la cuenca comparten dos realidades claras: la defensa del Titicaca y la carga del trabajo doméstico y de cuidados. Mientras algunas caminan distancias considerables para conseguir agua, otras aprenden a adaptarse al cambio climático implementando sistemas de cosecha.
En el Titicaca la contaminación no es el único problema latente, la crisis climática –que se amplifica con el Fenómeno del Niño- podría provocar una reducción significativa del nivel del lago.
Y son problemas que recaen sobre los cuerpos de las mujeres de manera diferenciada.
Ellas no solo se enfrentan a la exigencia física, sino que se suma una estructura machista que cuestiona su legitimidad política. “Hay discriminación porque piensan que como mujeres de pollera, ¿qué van a hacer? Hasta nuestras charlas parece que no tuvieran valor”, comenta Jalja.
Según relata, aunque las mujeres han comenzado a abrirse camino en los espacios públicos, su participación sigue bajo el cuestionamiento de los hombres de sus comunidades. “Yo he visto a una pareja. El esposo acompañaba al parlamento. La mujer estaba en la reunión y el hombre estaba arriba vigilando”, cuenta.
Si bien, los espacios en los consejos, parlamentos y comunidades se han abierto formalmente tras años de lucha, el acceso a la capacitación ha sido poco accesible y desigual para ellas.
“Decían: ‘Nosotras hemos logrado tener representatividad, pero como antes no participábamos de los talleres porque siempre iban los hombres, no nos hemos preparado técnicamente’. Querían prepararse para que cuando alzaran la voz tuviera un sustento correcto”, detalla Pacheco.
Durante los 15 años que duró el proyecto, la meta de las defensoras y de Agua Sustentable fue clara: lograr que las lideresas se capacitaran técnicamente para ocupar espacios de poder y defender el lago.
Así, las integrantes –procedentes en su mayoría de las comunidades bolivianas de Copacabana, Huatajata, Batallas y Desaguadero, y de las peruanas de Ancoraimes, Capachica y Coata – se formaron en liderazgo, actividades medioambientales y adaptación al cambio climático, llegando incluso a formular agendas ambientales para sus municipios y a dominar herramientas tecnológicas y digitales para potenciar sus habilidades.
«En ese tema, por ejemplo, (el) empoderamiento, se ha comenzado en un inicio. Nos ha enseñado a hacer manualidades de los residuos reutilizables. Posteriormente, a esto vino la seguridad alimentaria: cómo preparar las cosas de su origen, qué clase de cultivo manejan y qué cosas pueden preparar para comercializar o para su misma familia», comenta Jalija sobre los años de aprendizaje..
Y reflexiona: «Después, pasando los años, con las herramientas digitales, las redes electrónicas, el Facebook, el WhatsApp, incluso la billetera móvil. Actualmente, recién en este año estamos en un proyecto donde nos han enseñado a manejar inteligencia artificial».
Esta experiencia, que les llenó de confianza, llevó a las lideresas en 2025 a tomar la decisión de establecerse formalmente y potenciar su organización independizándose de Agua Sustentable.
Este año, las lideresas se constituyeron oficialmente como la Asociación de Mujeres Unidas en Defensa de la Cuenca del Lago Titicaca – Lideresas, cuyo objetivo hasta 2036 es establecerse como una organización clave en la participación e incidencia para la conservación, protección y gestión sostenible del agua y de los ecosistemas del lago Titicaca.

Oficializando la gobernanza del agua
Para las lideresas, el Titicaca no entiende de fronteras. Saben que entre Bolivia y Perú no hay una línea divisoria, sino un cuerpo de agua ancestral que se nombra y se defiende como un sujeto vivo. En los encuentros binacionales convergieron propuestas, temores y estrategias de conservación, pero también afloraron matices sobre la personería jurídica.
El lado peruano tenía una necesidad clara de contar con una, mientras que en el lado boliviano aún existía la duda, según explica Jaime Quispe, exdirector ejecutivo y actual miembro de la asamblea de Agua Sustentable.
El conflicto nació porque la mayoría de las lideresas en Bolivia formaban parte de la organización Bartolina Sisa. Formalizar una red independiente de mujeres defensoras abría el riesgo de duplicar estructuras organizativas. «En 2021 se indicó que podían seguir con sus actividades conectadas con las Bartolinas, pero también de manera independiente en sus territorios.
En todo ese proceso entre 2021 y 2024, la organización Bartolina Sisa ha ido disminuyendo su rol protagónico como organización de mujeres», señala Quispe.
A partir del año 2024, la red definió su rumbo y decidieron buscar la formalización en ambos países. El grupo de mujeres asumió el reto de poner en orden los requisitos y documentos, lo que incluyó, por primera vez, la elección de su directorio.
Una mujer de alrededor de los 60 años, de estatura mediana y una mirada determinante se convertiría en la primera presidenta de la asociación: María Millares, quien entendió que se avecinaba un cambio de etapa para ella y sus compañeras.
“Ya estamos capacitándonos bastante tiempo, ya podemos obtener nuestra personería jurídica que es un requisito necesario para nuestra asociación también”, cuenta.
Esa búsqueda de independencia las llevó a participar en 2025, junto a la UICN, Bridge, con el financiamiento de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (Cosude) y el apoyo de Agua Sustentable, en una serie de talleres de la quinta fase del proyecto «Construyendo Diálogos para la Buena Gobernanza del Agua».
A través de esta experiencia, no solo definieron su directiva, sino que cambiaron su identidad visual, donde la imagen de un pez se combina con el rostro de una mujer y un árbol, y se asientan en las olas.
Además, comenzaron a construir su estatuto y lineamientos para el paso de reconocimiento legal, pero sobre todo para obtener la certificación por parte de las autoridades municipales de la cuenca para poder actuar e incidir con legitimidad.
Para ellas, este proceso no solo significó autonomía, sino una manera de potenciar su capacidad de gobernanza del agua y territorial: ahora pueden actuar ante la ley como entidad propia, firmar contratos, abrir cuentas bancarias, recibir fondos de la cooperación internacional y representar legalmente a un colectivo.
“Nuestra personalidad jurídica es un documento legal donde existe la asociación de mujeres indígenas en defensa del agua. Es un documento legal que más allá nos va a dar mucha potestad”, comenta Millares.
Por su parte, Pacheco refuerza esta característica central para el actuar de las lideresas, ya que también funciona como un mecanismo de protección para frenar las represalias al momento de emitir cualquier denuncia sobre sus derechos como mujeres o para proteger el lago.
«Ellas mismas dicen que les da miedo denunciar por posibles represalias. Ya no denuncias como una vecina sola, sino como una asociación respaldada por una personería jurídica», comenta.
Asimismo, las lideresas ven en esta formalización una vía para hacer sostenible su trabajo y dejar atrás la precariedad económica.
«Hasta ahorita hemos trabajado todo voluntariamente, solo pasaje y alimentación. Pero ya queremos trabajar en nuestras comunidades, hacer una limpieza y tener algo que pueda apoyarnos en las bolsas, guantes y algún refrigerio con las hermanas», puntualiza Jalja.
El logro de las defensoras del agua del lado boliviano se traduce también en el respaldo legal al lago ancestral. En el año 2024 y 2025 las lideresas de ambos países optaron por impulsar la protección del lago desde el ámbito legal.
Mientras en Perú el lago fue declarado sujeto de derechos a nivel regional, en Bolivia el camino ha tenido obstáculos con los cambios de gobierno y la falta de un reconocimiento legal previo, lo que durante esos años limitó su capacidad para proponer normativas.
«Sigue activa la propuesta. Es bien difícil en Bolivia entender esa legislación ambiental, hay intereses opuestos, pero siguen en la lucha y ellas han participado en la construcción», señala Pacheco.

Copilota del agua: el uso de la inteligencia artificial
Las miradas se mueven entre los márgenes del celular. Las lideresas hacen una pregunta y el sistema de inteligencia artificial les contesta al instante. En su búsqueda de independencia, las defensoras se preparan para afrontar nuevos retos legales y adoptan herramientas digitales para hacer frente a los conflictos socioambientales alrededor del lago.
Luisa Luna se unió en 2016 a las lideresas del Titicaca cuando fue testigo del deterioro en la calidad del agua que antes sus compañeras usaban para el ganado. Ese camino la llevó en la actualidad a formarse como una de las seis promotoras paralegales.
Luna rememora junto a sus compañeras la timidez de su participación pública inicial; un recuerdo que la conduce directo al presente para reconocer que, con su liderazgo consolidado, el nuevo reto es aprender sobre los aspectos legales para defenderse entre ellas y proteger el lago.
«Yo defiendo a las hermanas en donde sea. Yo no voy a dejar a las hermanas que las discriminen, que insulten o que menosprecien. Me gustaría aprender las leyes, porque no sabía qué leyes nos defiende», comenta Luna.
Esta certificación para conformar una red de promotoras paralegales se da a través del proyecto “Semillas de Incidencia Política”. El objetivo de estas mujeres es acompañar y guiar a las otras compañeras o personas dentro de la comunidad en procedimientos legales.
Es aquí donde entra el soporte de la inteligencia artificial como herramienta de defensa de derechos de las mujeres y del lago.
Luna, junto a otras veinte mujeres, participa en la Escuela de Lideresas, un espacio para desarrollar capacidades legales y digitales al apoyarse en la «Copilota del agua», que es un sistema creado para guiar el paso de las lideresas ante denuncias e irregularidades.
Para Víctor Mamani, integrante de Agua Sustentable, este es un paso fundamental frente al desconocimiento de los marcos normativos. Esta herramienta no solo asiste en la redacción de notas, sino en el registro de evidencias para el seguimiento de gestiones.
«Si están contaminando el río Desaguadero y sale una tubería con residuos, sacan una foto, registran la ubicación y los antecedentes. La inteligencia artificial les indica qué leyes se están infringiendo y qué instancia municipal tiene la potestad. Con eso se redacta la denuncia formal con todos los respaldos exactos», explica Pacheco.
Mientras registran diferentes casos, las lideresas se preparan para transformar esos datos en estrategias de incidencia política.
Actualmente, el grupo continúa en etapa de instrucción legal, mientras reciben algunas demandas de sus compañeras y vecinos. «Ya estamos recibiendo las quejas de las hermanas sobre la contaminación del agua que sale de El Alto. Como mujeres no vamos a estar mirando con los brazos cruzados; si hay contaminación, algo tenemos que hacer», concluye Luna.

Este artículo se elaboró con el apoyo de Climate Tracker América Latina.


