KUALA LUMPUR – El presidente estadounidense Donald Trump insiste en que Occidente debe unirse, según sus condiciones, contra «el resto», en particular China e Irán. Europa, sin embargo, quiere un mayor apoyo de Trump al régimen de Volódimir Zelenski en Ucrania para sustituir el liderazgo de Vladimir Putin en Rusia.
¿Europa contra China?
En junio de 2026, funcionarios europeos acusaron a China de entrenar a personal militar ruso para combatir en Ucrania.
Tras el llamamiento del estadounidense secretario de Estado Marco Rubio en Múnich a la unidad occidental basada en la raza, la cultura y la historia imperial compartidas, esto parece haber sido un esfuerzo europeo por reforzar su alianza con Estados Unidos.

Se prevé que la acusación sin fundamento de apoyo militar chino a Rusia contra Ucrania —una afirmación que Kiev nunca ha corroborado— empeore las relaciones entre Europa y China.
Presentar a China como una amenaza estratégica para Europa justifica una mayor beligerancia contra Beijinhg. Ya no parece importar que China nunca haya respaldado la invasión rusa de Ucrania.
Sin embargo, China mantiene fuertes lazos con Kiev, abogando por un alto el fuego y una solución política, al tiempo que se ofrece repetidamente a mediar entre los dos vecinos en conflicto, tras la invasión general rusa de Ucrania en febrero de 2022.
La cumbre del Grupo de los Siete (G7) —que reúne a las siete economías mayoes del Norte industrial— celebrada a finales de junio siguió los pasos de la Unión Europea (UE), al intentar consolidar la solidaridad estratégica occidental frente a Rusia, China e Irán.
Ante las crisis financieras de 1997 que amenazaban la legitimidad del G7, el entonces secretario del Tesoro de Estados Unidos, Larry Summers, puso en marcha el Grupo de los 20 (G20) de grandes países del Norte y emergentes. Pero el papel recientemente ampliado del G7 margina al G20, más inclusivo pero menos dócil.
El fin del neoliberalismo
Desde la crisis financiera mundial —en realidad, occidental— de 2008, Europa se ha vuelto aún más proteccionista.
Han entrado más productos chinos en los mercados europeos, con precios y una calidad que la mayoría de los demás no pueden igualar. Durante años, los líderes occidentales facilitaron esto de buen grado mediante la liberalización del comercio, valorando las importaciones chinas baratas para mantener baja la inflación.

Tras décadas de inversión fomentada por el Estado, la capacidad industrial de China, que sigue creciendo, abastece ahora al mundo, gracias a las normas de la Organizacó Mundial de Comercio (OMC) redactadas por Occidente.
Antes del segundo gobierno de Trump en enero de 2025, conocido como Trump 2.0 tras su administración entre 2017 y 2021, Washington había impuesto restricciones a la inversión, medidas de la Sección 301, sanciones, aranceles y otras medidas tras el «giro hacia Asia» de Barack Obama (2009-2017).
Ante un menor acceso al mercado estadounidense, un mayor volumen de exportaciones chinas se ha desviado hacia otros destinos.
La industria europea ya no puede competir, ni siquiera en los sectores en los que antes era líder. En lugar de la liberalización comercial neoliberal de la OMC, el proteccionismo de la UE supuestamente «iguala las condiciones de competencia».
Los asesores estadounidenses advierten cada vez con más frecuencia a los responsables europeos de que el «exceso de capacidad» industrial de China pronto agravará el «choque chino» en la mayoría de las cadenas de suministro de mayor importancia industrial.
China refina y procesa ahora la mayor parte de los minerales de «las tierras raras» del mundo, ejerciendo una influencia casi monopsonística sobre los proveedores al procesarlos a gran escala a un coste mucho menor.
Dado que China está contrarrestando con éxito las políticas comerciales de Trump, a los líderes occidentales les preocupa que Pekín abuse de su control casi monopolístico sobre los elementos de tierras raras, que necesitan las industrias transformadoras.
El economista Jeffrey Sachs sostiene que las reacciones en los mercados de tierras raras de Nueva York y Londres indican que los principales inversores institucionales consideran significativos los recientes acontecimientos.
El G7 versus China
La protección de la industria, el empleo y la soberanía económica europeos se ve ahora limitada por las normas que los líderes occidentales han establecido a lo largo de décadas, a menudo coordinadas por la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), que congrega a grandes economías del Norte y el Sur.
Las divisiones dentro de la UE pronto se extendieron más allá de las líneas de fractura comerciales hasta alcanzar supuestos intereses estratégicos definidos por la geopolítica cambiante tras la primera Guerra Fría.
Las exportaciones de automóviles alemanes a China han quedado relegadas por el «keynesianismo militar» del canciller alemán Friedrich Merz, en consonancia con la exigencia de Trump de que los aliados de la OTAN aumenten considerablemente el gasto militar para reforzar en gran medida el poderío militar occidental y el dominio global.
La anterior apuesta del presidente francés Emmanuel Macron por una «autonomía estratégica» europea no alineada ha dado paso a una visión estratégica de tipo «OTAN+» que abraza el imperialismo occidental.
Mientras tanto, los Estados miembros más pequeños de la UE se mantienen cautelosos, temiendo los efectos colaterales de las nuevas ambiciones occidentales, como las restricciones chinas a las importaciones de las que depende Europa.
Rivalidad entre grandes potencias
Con la guerra de Irán negándose a desaparecer de los titulares diarios a pesar del alto el fuego intermitente de Trump, otros mitos también se están desvaneciendo. Pocos creen ya que Israel aceptará una «solución de dos Estados» o que prevalecerá la paz entre socios comerciales.
La OTAN, la OCDE, el G7, la UE y otros acuerdos similares se han convertido en eslabones variables del bloque hegemónico liderado por Estados Unidos. Dichas coaliciones —que incluyen a Europa, Canadá, Australia y Japón— nunca formaron un todo cohesionado ni se ajustaron plenamente a su propósito.
Trump espera que la agresión unilateral de Estados Unidos contra los enemigos elegidos por Washington cuente con el pleno apoyo y la financiación de los aliados de la OTAN, y que cualquier reticencia se considere desleal, incluso antagónica.
Los países que no se alineen con los principales polos pueden ser cortejados y coaccionados alternativamente por polos rivales, especialmente por el próspero Occidente. La cooperación entre otros puede verse y presentarse como prueba de la existencia de un bloque antagónico.
Es probable que los múltiples polos se agrupen en un «Occidente contra el resto», compitiendo por el apoyo y la influencia, mientras los cortejados intentan sacar provecho de sus pretendientes.
Ante la menor implicación de los gobiernos y una cooperación y un orden interestatales menos sostenidos, las perturbaciones en una economía mundial cada vez más anárquica han obligado a los gobiernos a dar prioridad a la resiliencia, ya que las empresas, los consumidores y los trabajadores se enfrentan a unos costes crecientes.
A medida que Estados Unidos y sus aliados utilizan las normas y los acuerdos económicos como arma para disciplinar tanto a amigos como a enemigos, la economía mundial se está desacelerando de forma desigual, mientras los precios suben de manera esporádica.
La renovada guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán pone de relieve cómo los conflictos actuales pueden desarrollarse de formas impredecibles, a medida que los Estados y otros «actores» no estatales significativos innovan estratégicamente en condiciones inesperadas.
Jomo Kwame Sundaram es un antiguo profesor de economía y ex secretario general adjunto de la ONU para el Desarrollo Económico, que recibió el premio Wassily Leontief por promover un pensamiento económico sin fronteras.
Nurina Malek es licenciada en Economía por la estadounidense Universidad de Wisconsin-Madison y actualmente trabaja en investigación de políticas en el Instituto de Investigación Khazanah, basado en Kuala Lumpur, la capital de Malasia.
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