El FMI ve un enorme impacto de oferta por la guerra en Medio Oriente

WASHINGTON – La guerra en el Medio Oriente ha provocado un enorme impacto de oferta con consecuencias graves para todo el mundo, y los países deben abstenerse de medidas económicas unilaterales que arrojen más leña al fuego, afirmó este jueves 9 la directora general del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva.

“De no haber sido por este shock, habríamos mejorado las previsiones de crecimiento mundial. Pero ahora, incluso nuestro escenario más esperanzador implica una rebaja del crecimiento”, dijo Georgieva, tras lamentar el “enorme sufrimiento” causado por el conflicto, al instalar en esta capital el ciclo de reuniones de primavera del FMI.

Dada la incertidumbre, el FMI publicará la próxima semana su “Perspectivas de la economía mundial” con diversos escenarios, “que van desde una normalización relativamente rápida hasta uno en el que los precios del petróleo y el gas se mantienen mucho más altos durante mucho más tiempo”, indicó Georgieva.

Expuso que el impacto de oferta es de gran magnitud, pues el flujo mundial diario de petróleo se ha reducido 13 % y el del gas natural licuado en 20 %, y de alcance mundial, ya que “ahora todos pagamos más por la energía y se están produciendo perturbaciones en las cadenas de suministro en todo el mundo”.

“Piensen por un momento en los Estados insulares del Pacífico, situados al final de una larga cadena de suministro, que se preguntan si les seguirá llegando combustible tras esta grave disrupción”: Kristalina Georgieva.

También es un impacto  asimétrico, pues su impacto depende de la proximidad al conflicto, de si se es exportador o importador de energía, y del margen de maniobra de las políticas con las cuales encararlo.

“Piensen por un momento en los Estados insulares del Pacífico, situados al final de una larga cadena de suministro, que se preguntan si les seguirá llegando combustible tras esta grave disrupción”, planteó la conductora del FMI.

Dijo que “como siempre, un shock de oferta negativo provoca aumentos de precios. A modo de referencia, el barril de Brent (crudo del mar del Norte) ha subido de los 72 dólares (por barril de 159 litros) en vísperas de las hostilidades a un máximo de 120 dólares”.

“Afortunadamente, los precios del petróleo han bajado, pero siguen siendo mucho más altos que antes de la guerra, y muchos países están pagando elevados sobreprecios por acceder a suministros esenciales”, recalcó.

Expuso que las interrupciones en el suministro han tenido, y continuarán teniendo durante algún tiempo, efectos dominó, como por ejemplo paralizaciones en las refinerías de petróleo, dada la necesidad de mantener un flujo mínimo continuo, y en muchos puntos del mundo se han encendido ya las alarmas.

La escasez de productos refinados como el diésel y el combustible de aviación ha trastocado el transporte, el comercio exterior y el turismo, en un mundo más interconectado que nunca.

Y se produce la inseguridad alimentaria de 45 millones de personas más -elevando el número total de personas que padecen hambre a más de 360 millones-, debido a los problemas en el transporte, y el problema podría agravarse con el tiempo debido al aumento de los precios de los fertilizantes.

También hay trastornos en las cadenas de suministro dada la dependencia de la industria de insumos como el azufre, el helio para la fabricación de chips de silicio y para resonancias magnéticas, y la nafta para la producción de plásticos.

La conmoción evoluciona a través de es canales, expuso Georgieva, y en primer lugar el impacto sobre los precios y la escasez de oferta: el aumento del precio de insumos esenciales repercute en muchos bienes de consumo, lo que eleva la inflación, lo cual, sumado a la escasez, reduce la demanda de forma drástica.

El segundo canal son las expectativas inflacionarias, ya elevadas en el corto plazo para Estados Unidos y la zona euro, aunque menos en el largo plazo.

Y el tercer canal son las condiciones financieras, que, partiendo de un nivel muy favorable, se han endurecido de forma ordenada.

Georgieva dijo que el mundo ya ha pasado por situaciones similares y “sabemos que, con el tiempo, una parte importante del shock se disipará y nos dejará en un nuevo equilibrio. La oferta se recupera y la demanda se ajusta, se pone en marcha nueva capacidad y la eficiencia energética aumenta”.

“Como prueba, observen que el mundo ha ido reduciendo progresivamente su intensidad energética desde la década de 1980, lo que amortigua el choque. La proporción de energía renovable ha aumentado, pero el petróleo sigue siendo el combustible principal”, indicó.

Al respecto añadió que “mientras el mundo reacciona, es importante que mantengamos nuestro objetivo colectivo de eficiencia y diversificación energética”.

Retomó el tema de los escenarios y dijo que “sabemos que el crecimiento será más lento, incluso si la nueva paz resulta ser duradera”, y con diferencias significativas entre países.

“Los países que pueden exportar petróleo y gas sin obstáculos son los menos afectados. Por el contrario, los directamente afectados por la guerra -entre ellos los exportadores de petróleo y gas que han sufrido el bloqueo- y los que dependen de esas importaciones, siguen siendo los más afectados”, indicó.

Por todo ello, la pregunta clave que planteó fue “¿Qué deben hacer los países?”

“Al tratarse de un shock negativo de oferta clásico, el ajuste de la demanda es inevitable”, se respondió.

Planteó que “las autoridades pueden ayudar de muchas maneras y, desde luego, deben tener cuidado de no empeorar las cosas”.

“Por ello, hago un llamamiento a todos los países para que rechacen las medidas unilaterales -controles a la exportación, controles de precios, etcétera- que puedan deteriorar aún más la situación global en su conjunto: no hay que echar leña al fuego”, dijo la responsable.

Por el momento, “conviene esperar: que los bancos centrales subrayen su compromiso con la estabilidad de precios”, e intervengan con firmeza “mediante alzas en las tasas de interés si se desencadena una espiral inflacionaria”, aseveró.

En política energética, “observamos que muchos países están aplicando medidas de ahorro de emergencia, que van desde campañas generales hasta la promoción del teletrabajo y las restricciones al uso de vehículos privados”, reconoció.

Finalmente, Georgieva quiso destacar “la lección más importante de todas: las buenas políticas marcan la diferencia. Hay fuerzas que los países no pueden controlar, pero sí tienen autoridad sobre sus propias políticas e instituciones”.

A-E/HM

 

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