KUALA LUMPUR – El discurso pronunciado el mes pasado en Múnich por el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio pareció seducir a la élite europea que respalda al presidente Donald Trump, en contra del «resto», especialmente del Sur global, rico en recursos.
¿Nuevo orden internacional?
Reconociendo la deliberada demolición del orden mundial posterior a 1945, el tema de la 62 Conferencia de Seguridad de Múnich, celebrada en febrero, fue «Bajo destrucción».
Considerado el foro más importante del mundo en materia de seguridad internacional, el programa de la conferencia dejó claro cuáles eran los intereses y la seguridad que se priorizaban.
En su primer año, Trump 2.0 bombardeó 10 naciones, además de amenazar con agredir a otras cuatro naciones latinoamericanas, ¡pero ninguna de ellas estuvo representada en Múnich!
La conferencia de Múnich abandonó toda pretensión de objetividad y diplomacia con respecto a Irán, aplaudiendo la intervención militar liderada por Israel para derrocar a la República Islámica.

El canciller alemán, Friedrich Merz, hizo hincapié en el retorno del mundo a la competencia entre grandes potencias tras el «momento unipolar» posterior a la Guerra Fría, dejando clara su lealtad.
En Davos, en enero, el primer ministro canadiense, Mark Carney, señaló que la «ruptura» geopolítica de Trump 2.0 -sucesor de su primer mandato entre 2017 y 2021- había obligado a muchos a abandonar sus ilusiones anteriores.
Han surgido nuevas tendencias peligrosas, sin apenas «orden». Trump insiste en que la supremacía estadounidense debe ser aún más dominante, aislando a sus rivales en lugar de enfrentarse a ellos.
En enero de 2026, Estados Unidos se retiró de docenas de organizaciones, principalmente multilaterales. Las viejas reglas, incluso las revisadas durante su primer mandato, han quedado obsoletas, lo que ha alarmado a muchos que estaban acostumbrados a ellas.
El «orden basado en normas» de los predecesores de Trump había ofrecido una excusa legal y diplomática para subordinar a otros Estados a la supremacía estadounidense.
Ahora, Washington repudia el mismo marco que exigía que otros aceptaran, en lugar del «estado de derecho», aparentemente universal pero a veces inconveniente.
En lugar de negociaciones diplomáticas y comerciales, prevalecen las amenazas económicas y militares. Sin los guantes de terciopelo del poder blando, quedan al descubierto los puños acorazados de la fuerza militar y el armamento económico.
Reunificar Occidente
Rubio acogió con satisfacción esta «nueva era en la geopolítica», instando a mejorar las relaciones transatlánticas y reiterando las exigencias de Trump 2.0 de que Europa pague más, aunque de forma más suave.
Tras el fin de la Guerra Fría, el polítologo estadounidense Samuel Huntington instaba en su libro «El choque de civilizaciones (1996)» a defender el Occidente «judeocristiano» frente al «resto», incluida la América Latina católica.
En Múnich, el estadounidense de raíces cubanas Rubio se reinventó a sí mismo como un europeo cristiano blanco, advirtiendo a su audiencia europea que Occidente está amenazado.

Para Rubio, «Occidente se había expandido» para «colonizar nuevos continentes y construir vastos imperios que se extendían por todo el mundo» durante los últimos cinco siglos.
Su restrictiva visión ocultaba el despojo, la explotación y la matanza de los pueblos indígenas de todo el mundo, especialmente en el Sur global, por parte del imperialismo occidental.
Elogiando la superioridad de la civilización y los valores europeos, lamentó los reveses sufridos por estos «grandes imperios occidentales» debido a los levantamientos «comunistas ateos» y «anticolonialistas» tras la Segunda Guerra Mundial.
En lugar del progreso inspirado por la Declaración de Independencia de Estados Unidos de 1776 y la Guerra de Independencia, para Rubio, la autodeterminación nacional fue un retroceso civilizatorio.
«En Estados Unidos no nos interesa ser los guardianes educados y ordenados del declive controlado de Occidente», aseguró Rubio, para quien se acabó la retórica «liberal» de los derechos humanos, la libertad y la democracia.
No dudó en invocar la mitología racista y supremacista blanca y la ideología cruzada para exigir ejércitos más fuertes que defiendan la civilización occidental.
La renovada alianza occidental compartirá su identidad civilizatoria común, unida por «la fe cristiana, la cultura, el patrimonio, el idioma y la ascendencia».
Las creencias etnocéntricas sobre la raza, la religión y la cultura son las nuevas bases de la solidaridad y la autoridad. «Defender a los cristianos» se convirtió en el pretexto para el bombardeo estadounidense de Nigeria el día de Navidad de 2025.
¿Otro siglo occidental?
Rubio hizo un llamamiento a la unidad paneuropea occidental contra el multilateralismo y otras amenazas, pidiendo un aumento del gasto militar y controles de inmigración.
Instó a Europa a «recuperar el control» de las industrias y las cadenas de suministro «occidentales». Al fin y al cabo, los aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan) se han unido a Estados Unidos para confiscar activos extranjeros a su antojo.
Como vasallos y desesperados por recibir garantías tras un año de desprecio y amenazas flagrantes por parte de Trump, el público acogió su discurso con una ovación.
Por temor a que Washington pueda negociar con Moscú sobre Ucrania sin ellos, los líderes europeos han intensificado sus demandas de una guerra total contra Rusia.
Rubio está trabajando para asegurar el suministro de minerales críticos contra «la extorsión de otras potencias», incluida Europa, mediante acuerdos bilaterales opacos conseguidos con amenazas.
Trump 2.0 está realizando amenazas militares con fines lucrativos, incluyendo la propiedad, la minería y otros derechos tras la guerra. Para muchos, la división entre Estados Unidos y Europa en la Otan no se debe a la paz, sino al reparto de los costes y el botín de la guerra de Ucrania.
Mientras que la financiación de los estados del bienestar europeos y otros fines «sociales» sigue disminuyendo, los presupuestos militares siguen aumentando, tal y como exige Trump.
Mientras tanto, Merz ha invocado el keynesianismo militar para justificar el mayor presupuesto militar de Alemania desde la Guerra Fría, destinado a reforzar la Otan.
Con el pretexto de reforzar la seguridad nacional, la administración Trump ha recortado los programas sociales. En su lugar, se está dando prioridad al gasto militar estadounidense.
Mientras tanto, el legislativo Congreso de Estados Unidos ha mostrado su apoyo aprobando un presupuesto para el Departamento de Defensa, renombrado como Departamento de Guerra, mayor que el solicitado por el propio Pentágono.
Los contratos de armamento han beneficiado principalmente a las empresas establecidas, mientras que los «hermanos tecnológicos» suministran cada vez más armas nuevas y sistemas relacionados que utilizan inteligencia artificial.
Siguiendo el ejemplo de Trump, las élites europeas están reforzando sus ya poderosos ejércitos y asegurando acuerdos comerciales en su propio beneficio, en lugar de defender la cooperación multilateral pacífica que antes defendían.
T: MF / ED: EG


