LONDRES – Menos de seis meses después de que la generación Z de Nepal se levantara en protesta, el país tiene un nuevo primer ministro. Un exrapero de 35 años, cuya música sonó durante las protestas, se alzó con el poder por mayoría aplastante en las elecciones del 5 de marzo.
Balendra Shah derrotó al ex primer ministro KP Sharma Oli, cuyo tercer mandato como primer ministro se vio truncado por las protestas, venciéndole en su propio terreno. Tras años de frágiles gobiernos de coalición, en los que Sharma Oli y otros dos hombres de avanzada edad se turnaron repetidamente en el cargo de primer ministro, Nepal ha optado por cambiar radicalmente de rumbo.
Protestas lideradas por la generación Z
Las protestas de septiembre de 2025 se desencadenaron por la prohibición por parte del gobierno de 26 plataformas de redes sociales, en una respuesta evidente a la tendencia de los «nepokids» (hijos de papá), en la que la gente utilizaba las redes sociales para satirizar los estilos de vida ostentosamente lujosos de los familiares de los políticos, mientras que la mayoría de los jóvenes se enfrentaban a dificultades económicas diarias en medio de una elevada inflación y el desempleo juvenil.
En un país donde la edad media es de apenas 25 años, la prohibición fue la gota que colmó el vaso, activando una ira que llevaba tiempo gestándose por la corrupción, los deficientes servicios públicos y un sistema político que se negaba a escuchar a los jóvenes.
Cuando los jóvenes salieron a las calles, el Estado desató la violencia. El día más mortífero fue el 8 de septiembre, cuando algunos manifestantes irrumpieron en el complejo parlamentario y la policía disparó munición real de uso militar, alcanzando a muchas víctimas en la cabeza. Ese día murieron 19 personas, y en total al menos 76 personas perdieron la vida en las protestas.

En lugar de acallar las protestas, la represión letal del Estado las avivó, dejando claro que se trataba de algo más que la prohibición de las redes sociales; era una lucha por el futuro de Nepal. Aún más gente salió a las calles.
El 9 de septiembre, Sharma Oli dimitió. Algunos manifestantes recurrieron a la violencia, mientras que el ejército se hizo cargo de la seguridad e impuso un toque de queda en todo el país. Pero los acontecimientos pronto dieron un giro decisivo.
La presidenta del Tribunal Supremo, Sushila Karki, tomó posesión como primera ministra interina el 12 de septiembre, poniendo en marcha un proceso que condujo a las elecciones. El gobierno interino acordó establecer un Consejo de la Generación Z, un órgano formal diseñado para tender puentes entre el gobierno y los jóvenes y permitirles exigirle responsabilidades y supervisar la implementación de las reformas.
Tal y como expone el último Informe sobre el Estado de la Sociedad Civil, el movimiento de Nepal inspiró muchas de las otras movilizaciones lideradas por la Generación Z a lo largo del año.
Los activistas nepalíes utilizaron la plataforma de juegos Discord, entre otras cosas para llevar a cabo un ejercicio radical de democracia en el que 10 000 personas participaron en debates en línea que propusieron a Karki como primera ministra interina.
Los manifestantes de Marruecos también utilizaron Discord para coordinar sus acciones, mientras que el movimiento de la generación Z en Madagascar, donde el ejército acabó obligando al gobierno a dimitir, se puso en contacto con las comunidades de Discord de Nepal para aprender de su organización.
Los movimientos de varios países adoptaron el símbolo de la protesta de Nepal, la bandera con la calavera y el sombrero de paja del manga One Piece, identificándose como parte del mismo movimiento global.
En todo el mundo, las protestas lideradas por la generación Z se han enfrentado habitualmente a una violenta represión estatal, pero han obligado a concesiones reales: el gobierno de Bulgaria dimitió, mientras que los políticos abandonaron políticas impopulares en Indonesia y Timor Oriental.
En Bangladés, donde un movimiento de protesta liderado por la generación Z derrocó a un gobierno autoritario en 2024, el país celebró recientemente sus primeras elecciones creíbles en casi dos décadas.
Es hora de cambiar
La nueva energía desatada por las protestas lideradas por la generación Z en Nepal se reflejó en el registro de más de 800 000 nuevos votantes, un número de partidos en liza mayor que nunca, una profusión de candidatos jóvenes y una campaña electoral centrada en la corrupción y el buen gobierno.
El resultado fue una sorpresa. Los gobiernos de coalición son la norma en Nepal, pero el partido centrista Rastriya Swatantra Party (RSP) obtuvo una mayoría absoluta, consiguiendo 182 de los 275 escaños de la Cámara de Representantes tras una campaña que hizo un uso intensivo de las redes sociales. Los tres partidos establecidos sufrieron fuertes pérdidas.
Shah utilizó su música para atacar la corrupción y la desigualdad, lo que resonó con el movimiento de la generación Z durante las protestas, cuando una de sus canciones fue vista más de 10 millones de veces en YouTube.
Pero no es una figura política completamente nueva, ya que se convirtió en alcalde de la capital, Katmandú, en un resultado sorpresa cuando se presentó como independiente en 2022.
Su trayectoria allí sugiere motivos de preocupación. Rara vez se ha prestado a responder a las preguntas de los medios de comunicación, prefiriendo comunicarse directamente a través de las redes sociales, donde es conocido por sus polémicas declaraciones.
También fue objeto de críticas por desplegar a la policía contra los vendedores ambulantes y por poner en marcha «campañas de demolición» para eliminar construcciones ilegales con un aviso mínimo, lo que provocó enfrentamientos entre la policía y la población local.
Shah tiene ahora el mandato de impulsar el cambio, y las expectativas son altas.
Pero se enfrenta al reto de reformar una burocracia típicamente resistente, al tiempo que cumple sus promesas económicas en medio de unas condiciones globales difíciles, agravadas por la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán, que amenaza las remesas enviadas por los numerosos trabajadores nepalíes afincados en los países del Golfo, las cuales constituyen una cuarta parte del producto interno bruto (PIB) del país.
Tendrá que sortear el difícil equilibrio de la política exterior entre los dos poderosos y a menudo antagónicos vecinos de Nepal, China e India.
El nuevo gobierno también debe garantizar la rendición de cuentas por las violaciones de los derechos humanos cometidas durante las protestas de 2025, empezando por la publicación del informe de una comisión creada para investigar las muertes durante las protestas, que aún no se ha hecho público.
El peligro evidente, dados estos retos y un mandato desmesurado, es que el Gobierno adopte un enfoque autoritario, imponiendo cambios sin escuchar. Es precisamente en este momento cuando se necesita a la sociedad civil, para intervenir y exigir responsabilidades al nuevo gobierno y garantizar que respete los derechos humanos, incluido el derecho a seguir expresando el desacuerdo.
El movimiento de la Generación Z de Nepal debe evitar ser cooptado por la nueva administración. El nuevo gobierno debe reconocer el papel vital de la joven generación nepalí, que no tiene pelos en la lengua, actuando con rapidez para constituir y dotar de recursos al Consejo de la Generación Z y respetando plenamente su autonomía.
El movimiento que ayudó a llevar a Shah al poder debe seguir comprometido.
Andrew Firmin es redactor jefe de Civicus, codirector y redactor de Civicus Lens y coautor del Informe sobre el Estado de la Sociedad Civil de la organización.
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