NACIONES UNIDAS – El profesor iraní Kaveh Madani ha sido desgnado como ganador del Premio del Agua de Estocolmo 2026. El rey Carlos Gustavo de Suecia le entregará oficialmente el galardón en Estocomo en agosto, durante la Semana Mundial del Agua.
El Premio del Agua de Estocolmo está considerado como la mayor distinción mundial en ciencia y política sobre el agua. A menudo denominado el «Premio Nobel del Agua», reconoce a personas e instituciones por sus contribuciones excepcionales al uso sostenible y la protección de los recursos hídricos. La selección de este año destaca tanto por su impacto científico como por la extraordinaria trayectoria personal del galardonado.
A sus 44 años, Madani es el galardonado más joven y el primero musulman en los 35 años de historia del premio. También es el primer funcionario de las Naciones Unidas y el primer expolítico en recibir el premio.
Madani ocupa actualmente el cargo de director del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas, con su sede en la ciudad canadiense de Ontario.
Durante un bienio fue alto cargo del gobierno de Irán y su promoción de iniciativas hídricas y medioambientales reformistas y transparentes lo enfrentaron a la detención, a interrogatorios y a una sostenida campaña de desprestigio que le obligó a abandonar su país.
Nacido en Teherán en 1981, Madani creció en una familia profundamente vinculada al sector del agua de Irán.
Su temprana exposición a los crecientes retos hídricos del país marcó su orientación académica. Estudió ingeniería civil en la Universidad de Tabriz antes de trasladarse a Suecia para cursar un máster en recursos hídricos en la Universidad de Lund. Posteriormente, obtuvo un doctorado en la Universidad de California, Davis, seguido de una investigación posdoctoral en la estadounidense Universidad de California.
A principios de sus treinta, Madani ya se había consolidado como un destacado analista de sistemas. Se incorporó al Imperial College de Londres, donde su trabajo se centró en la modelización matemática de complejos sistemas hídricos humanos. Su investigación combinaba hidrología, economía y ciencias de la decisión para mejorar la formulación de políticas en la gestión del agua.
En 2017, dio un paso decisivo. Dejando atrás una prestigiosa carrera académica en Londres, regresó a Irán para ocupar el cargo de subdirector del Departamento de Medio Ambiente. Muchos consideraron su nombramiento como una señal de reforma y un puente entre Irán y su diáspora científica.
Durante su gestión, el creador del concepto de «la bancarrota hídrica» impulsó la transparencia y las reformas estructurales en la gobernanza del agua. Utilizó campañas públicas innovadoras para concienciar sobre la degradación medioambiental. Sin embargo, sus esfuerzos desafiaron intereses arraigados.
Los medios afines al Estado lo acusaron de espionaje y lo tildaron de «terrorista del agua» y «bioterrorista». Circularon teorías conspirativas que lo vinculaban con agencias de inteligencia extranjeras e incluso con supuestos planes de manipulación meteorológica. Su defensa de los acuerdos medioambientales internacionales intensificó aún más la oposición.
A principios de 2018, comenzó una campaña de represión más amplia contra los expertos medioambientales. Madani fue detenido e interrogado en múltiples ocasiones. Varios de sus colegas fueron arrestados. Uno de ellos, el iranícanadiense Kavous Seyed Emami, murió bajo custodia en circunstancias sospechosas.
Ante la creciente presión, Madani abandonó Irán y entró en un período de exilio. Se incorporó a la Universidad de Yale, donde continuó con su investigación y su labor de defensa. Comenzó a centrarse más en tender puentes entre la ciencia y la política a nivel global.
En una entrevista exclusiva con IPS, Madani recordó la intensa presión y el miedo que marcaron sus últimos días en Irán. Describió los repetidos interrogatorios, la vigilancia y la creciente sensación de que su trabajo lo había situado en confrontación directa con instituciones poderosas del régimen de los ayatolás.
Las contribuciones académicas de Madani han sido ampliamente reconocidas. Es conocido por integrar la teoría de juegos en la gestión de los recursos hídricos. Su trabajo cuestionó los modelos tradicionales que asumían la cooperación entre las partes interesadas. Demostró que los incentivos individuales a menudo conducen a un comportamiento poco cooperativo, lo que hace que muchas soluciones de ingeniería resulten ineficaces en la práctica.
Este enfoque proporcionó nuevas herramientas para comprender los conflictos sobre los recursos hídricos compartidos. Se ha aplicado a disputas transfronterizas sobre el agua y al diseño de políticas en regiones con una confianza limitada entre las partes interesadas.
Una de sus contribuciones más influyentes es el concepto de «quiebra hídrica», introducido en su informe “Quiebra hídrica mundial: vivir por encima de nuestras posibilidades hidrológicas en la era poscrisis”.
Introdujo el término para describir una situación en la que los sistemas hídricos ya no pueden recuperarse hasta alcanzar sus niveles históricos. A diferencia de una crisis, que implica una interrupción temporal, la quiebra hídrica señala un fallo estructural a largo plazo.
En un informe de las Naciones Unidas, Madani argumentó que el mundo entró en una era de quiebra hídrica global en enero de 2026. El informe destacaba que muchas cuencas fluviales y acuíferos han perdido su capacidad de regeneración. Este enfoque ha suscitado un debate entre los responsables políticos y los investigadores.
Madani utiliza un lenguaje financiero sencillo para explicar realidades ecológicas complejas. Sostiene que la humanidad ya no vive de los caudales de agua renovables, sino que está agotando las reservas a largo plazo. Este enfoque ha hecho que el concepto sea ampliamente accesible e influyente.
Más allá del ámbito académico, Madani ha construido una sólida presencia pública. Con un gran número de seguidores en las redes sociales, ha utilizado las plataformas digitales para comunicar los hallazgos científicos de forma accesible. Su trabajo incluye documentales y campañas públicas destinadas a aumentar la concienciación y la responsabilidad.
También ha desempeñado papeles clave en la diplomacia internacional. Como principal diplomático medioambiental de Irán, participó en negociaciones globales y ocupó el cargo de vicepresidente de la Mesa de la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente en 2017. En la 23 Conferencia de las Partes (COP23) sobre el clima, celebrada en la cicudad alemana de Bonn, pidió que se prestara mayor atención al agua en los acuerdos climáticos globales.
Ahora, como director del grupo de expertos sobre el agua de las Naciones Unidas, sigue abogando por la integración del agua en las políticas climáticas y de desarrollo. Se ha centrado especialmente en el Sur Global, donde el estrés hídrico está estrechamente relacionado con la inseguridad alimentaria, la migración y los conflictos.
El Comité del Premio del Agua de Estocolmo citó su «combinación única de investigación pionera, compromiso político, diplomacia y alcance global, a menudo bajo riesgo personal» al otorgarle el premio de 2026.
A continuación, los extractos de la entrevista exclusiva con IPS de Madani:
IPS: Usted introdujo el concepto de «quiebra hídrica». ¿Cómo cambia esto la forma en que los gobiernos deben actuar hoy en día?
KAVEH MADANI: La quiebra hídrica se define como un estado de colapso posterior a una crisis en el que el sistema sufre insolvencia, lo que significa que el consumo de agua ha superado la disponibilidad de agua durante un periodo prolongado, y también irreversibilidad, lo que significa que hay algunos daños en el ecosistema y en la maquinaria de producción de agua que son irreversibles y no pueden repararse.
Lo que esto significa es que algunas de las cosas que antes eran solo anomalías y condiciones anormales son ahora la nueva normalidad, y ya no estamos experimentando solo una desviación temporal de lo que estamos acostumbrados, sino que nos encontramos ante una situación a la que tenemos que acostumbrarnos. La gestión de crisis consiste en la mitigación.
La gestión de la quiebra consiste en mitigar lo que aún se puede mitigar y adaptarse a nuevas realidades con más restricciones. La gestión de la quiebra exige una confesión honesta, el reconocimiento de que se ha cometido un error y de que el modelo de negocio actual no funciona, por lo que exige admitir con honestidad los errores cometidos y transformar el modelo de negocio, lo que requiere un nuevo comienzo y un cambio de rumbo.
Es amargo. La quiebra no es una situación agradable, pero admitirla nos ayuda a evitar daños irreversibles mayores y nos permite un futuro menos catastrófico.
IPS: Usted se enfrentó a la detención, el exilio y graves acusaciones en Irán. ¿Qué le mantuvo en pie durante ese periodo?
KM: La esperanza. La esperanza es lo que me mantuvo en pie porque había vuelto allí para ayudar y, al menos al principio, intentaba tomar lo que me estaba pasando como parte del trabajo y como parte de la aventura, porque estaba allí para tener un impacto positivo, y si me hubiera rendido demasiado pronto, eso no habría coincidido con mi motivación esencial de ayudar.
Sabía que no sería un camino fácil, pero resultó ser mucho más accidentado de lo que había previsto, y creo que muchos de los que hicieron que esa situación fuera tan difícil para mí también lo lamentan hoy, pero cuando se dieron cuenta de los errores cometidos, ya era demasiado tarde para hacer nada al respecto.
IPS: ¿Recuerda su detención y el interrogatorio? ¿Qué es lo que más recuerda de esa experiencia y cómo le afectó personalmente?
KM: Creo que las detenciones y los interrogatorios son muy frustrantes, sobre todo cuando no has hecho nada malo.
Lo que te mata es preocuparte constantemente por lo que los demás piensan de ti e imaginar diferentes escenarios y teorías conspirativas. Lidiar con las teorías conspirativas y demostrar que son erróneas no es fácil. Fueron tiempos muy duros para mí, pero, como sabes, mi formación es en análisis del comportamiento. Intentaba ponerme en el lugar de quienes sospechaban de mí, comprender sus preocupaciones y abordarlas para poder ayudar a mi patria.
IPS: Volviendo a la experiencia que lo ha llevado a ganar el «Nobel hídrico», muchos países siguen tratando el estrés hídrico como una crisis temporal. ¿Cuáles son los mayores errores de política que siguen cometiendo?
KM: Sí, la gestión de crisis se basa en la mitigación. Quienes niegan la crisis y entran en estado de quiebra siguen tomando prestado más de la naturaleza, construyendo más infraestructuras, excavando pozos más profundos, añadiendo embalses y capacidad de almacenamiento adicionales, implementando más proyectos de trasvase de agua y construyendo más, y construyendo más plantas desalinizadoras.
Por otro lado, al seguir aumentando su suministro, piensan que la situación será temporal y que, mediante algún tipo de racionamiento, todo se resolverá, pero la continuación de ese comportamiento y la negación de esa realidad agravan el problema.
Se ven arrastrados hacia un problema cada vez más grave y, de nuevo, al igual que en el mundo financiero, si tu modelo de negocio no funciona y te niegas a aceptarlo, sigues pidiendo más préstamos y tus gastos y tu deuda se vuelven cada vez más elevados. Para cuando la gente se da cuenta de que no hay salida a ese caos y a ese fracaso, el coste es mucho, mucho mayor. Permanecer en la negación provocaría daños irreversibles de gran magnitud que tendrían que pagar las generaciones futuras.
IPS: Usted ha combinado la ciencia con la diplomacia y la divulgación pública. ¿Cuál de estos aspectos ha tenido un impacto más real en la toma de decisiones?
KMi: Es muy difícil decir realmente cuál tiene más impacto, porque son muy complementarios. La ciencia es muy buena, pero no basta para la toma de decisiones. Aún hay que comprender cómo es el mundo real y cómo los incentivos moldean el comportamiento y las acciones, y cómo los intereses promueven los conflictos y la cooperación para poder actuar.
La ciencia, por supuesto, abre puertas y pone más soluciones sobre la mesa, pero aun así, sin comprender la política o saber moverse en ella, no funcionaría. La diplomacia es otro elemento a tener en cuenta a escala internacional; incluso a la hora de negociar con las partes interesadas, es una habilidad que resulta extremadamente útil. Así que, en cierto modo, estas son las cosas que se necesitan.
Y además de todo esto, la divulgación pública te enseña sobre las percepciones, cómo las personas y las sociedades entienden los problemas, cómo juzgan las diferentes situaciones y cómo sus emociones y percepciones moldean sus creencias, y eso te indica lo que debes hacer a la hora de comunicar mejor tu ciencia, cambiar su opinión, influir en ella e incluso negociar con ellos o convencerlos de que las cosas podrían ser diferentes o de que se requiere un camino distinto. Creo que todo ello te ayuda a crear una receta para algo que podría funcionar.
IPS: Su trabajo se centra en el comportamiento humano en la gestión del agua. ¿Por qué suelen fracasar las soluciones técnicas por sí solas?
KM: Muchas veces, las soluciones técnicas desarrolladas por nuestros modelos informáticos o en nuestros laboratorios no tienen en cuenta todos los elementos de la realidad. Cuando hay personas de por medio, nos enfrentamos a diferentes motivos, incentivos, emociones y psicologías, y eso genera —eso crea— algunas realidades esencialmente inesperadas que pueden alterar las cosas.
En pocas palabras, muchas veces, cuando se trata de desarrollar una solución para un problema hídrico, una solución medioambiental o una solución de sostenibilidad, pensamos que todo el mundo está de acuerdo en hacer sacrificios a corto plazo en aras de la resiliencia a largo plazo, pero ese no es el caso en la realidad porque las diferentes partes interesadas, los diferentes grupos, los agricultores, los usuarios urbanos y los usuarios industriales también tienen objetivos a corto plazo.
Maximizan los beneficios, se aseguran de que la calidad de vida no se vea afectada, etc., lo que los hace poco cooperativos en cierta medida. Y si pasas por alto esta realidad, entonces piensas que la solución, la solución óptima, es muy práctica y que todo el mundo cooperaría, pero luego te llevas una gran decepción.
No obstante, se puede tener esto en cuenta en la medida de lo posible, intentar comprender el elemento conductual e incorporarlo a la evaluación y las proyecciones para poder alinear esos incentivos y motivos con el interés a largo plazo y ofrecer una solución más atractiva y beneficiosa para todas las partes.
IPS: Ahora asesora a gobiernos de todo el mundo. ¿Cuál es la medida urgente que todo país con estrés hídrico debe adoptar en los próximos cinco años?
KM: Creo que, a estas alturas, los países deben comprender la importancia del agua como recurso esencial para establecer la paz, la seguridad nacional, la justicia, la prosperidad y el desarrollo. Me refiero a que sustenta el desarrollo humano, la salud y la resiliencia a largo plazo de la sociedad. Por lo tanto, los países no deben darla por sentada y deben comprender que las soluciones tecnológicas no serían suficientes para hacer frente a la escasez.
Deben revisar sus prácticas. Deben llevar a cabo un recuento adecuado para comprender qué, cómo y dónde se está gastando el agua actualmente, y si es estratégico; desde un punto de vista estratégico, esa es la forma correcta de actuar cuando se trata de cuestiones de seguridad nacional y resiliencia a largo plazo. La gestión de la crisis comienza con la contabilidad y la transparencia.
Eso es algo que falta en muchos países con estrés hídrico y sin estrés hídrico, y creo que es algo en lo que podemos centrarnos, aplicar el enfoque científico y no tener miedo de contabilizar, medir y supervisar lo que está sucediendo en el sistema, porque ese conocimiento es necesario si se quieren introducir mejoras.
T: MF / ED: EG


