SÍDNEY – Dos naciones insulares del Pacífico están siendo aplaudidas por sus éxitos en la campaña mundial de salud para erradicar la enfermedad ocular infecciosa conocida como tracoma, la principal causa de ceguera en el mundo.
La mejora de los datos sobre la enfermedad, las campañas de tratamiento eficaces y el mejor acceso al agua y la higiene han contribuido al gran avance que ahora se celebra, ya que 27 países de todo el mundo han sido declarados libres de tracoma por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Pero, sobre todo, los expertos afirman que la clave para erradicar definitivamente la enfermedad es la aceptación genuina de los programas de erradicación por parte de todas las comunidades.
«Los esfuerzos para eliminar el tracoma son más eficaces cuando las comunidades comprenden la enfermedad, confían en las intervenciones y participan activamente en las actividades de prevención», dijo a IPS la médica Anasaini Cama, responsable técnica de tracoma para el Pacífico de la Fundación Fred Hollows, una organización no gubernamental mundial que trabaja para erradicar la ceguera evitable.
La eliminación definitiva del tracoma en países como Papúa Nueva Guinea es un logro importante, ya que más de 80 % de la población vive en comunidades rurales y remotas, donde el riesgo de infección es especialmente alto.
«Este hito refleja el poder de la salud pública en su máxima expresión… Es un recordatorio de que la equidad, la visibilidad y la prevención deben estar en el centro de nuestro sistema de salud», declaró el año pasado a los medios Elias Kapavore, ministro de Salud de Papúa Nueva Guinea, la nación insular más poblada del Pacífico, con más de 10 millones de habitantes.
Esta enfermedad ocular infecciosa es una de las 21 enfermedades tropicales desatendidas que, en virtud del 3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, se pretende erradicar a nivel mundial para 2030. Y los informes revelan que se están haciendo grandes avances.
Entre 2002 y 2025, un período de poco más de dos décadas, la población mundial en riesgo de contraer tracoma, que causa la bacteria Chlamydia trachomatis, se redujo de 1500 millones a 97,1 millones de personas, según informó la OMS en enero.
«El tracoma, que en su día fue una de las principales causas de ceguera en Fiyi, se extendió en la década de 1950, con una prevalencia superior a 20 % entre los niños de algunas zonas. Hoy en día, tras una acción nacional sostenida, la prevalencia del tracoma activo ha descendido por debajo de 1 %», dijo a los medios locales el ministro de Salud de Fiyi, Antonio Lalabalavu.

El tracoma es la principal causa de ceguera en todo el mundo y se da principalmente en zonas de clima tropical y comunidades rurales afectadas por la pobreza y la falta de servicios básicos.
La Chlamydia trachomatis, el microorganismo que causa la enfermedad, se sabe que es transmitido por las moscas, y los niños y las personas que viven en condiciones de hacinamiento son los más vulnerables. En los casos avanzados de la enfermedad, se produce una cicatrización crónica de la parte inferior del párpado, que puede volverse hacia dentro, lo que hace que las pestañas causen daños permanentes en la córnea del ojo.
El tracoma se identificó por primera vez en Papúa Nueva Guinea y Fiyi cuando se realizaron encuestas de salud en la década de 1950. Los estudios también revelaron que era endémico en las Islas Salomón y Vanuatu.
Más recientemente, en 2015, se llevaron a cabo estudios exhaustivos en las provincias de Central, Madang, Morobe, Nueva Bretaña Oriental, Tierras Altas del Sur y Occidental en Papúa Nueva Guinea, como parte del Proyecto Mundial de Cartografía del Tracoma. Se descubrió que la prevalencia de la inflamación folicular tracomatosa (TF) en niños de uno a nueve años oscilaba entre 6 % y 12,2 %, superando el umbral de 5 % establecido por la OMS.
La enfermedad puede ser debilitante y dificultar cada vez más la asistencia y la participación de los niños en las clases escolares, lo que obstaculiza su desarrollo y aumenta su exposición a la pobreza y la malnutrición.
Por lo tanto, es fundamental cambiar las condiciones y los hábitos que favorecen la propagación de la enfermedad. Y esta es una parte vital del enfoque recomendado por la OMS, denominado estrategia Safe. Es decir, cirugía para los pacientes con una fase avanzada de la enfermedad, incluida la ceguera, prescripción de antibióticos para disminuir la infección, fomento de la higiene facial y mejoras medioambientales.
Hoy en día, la organización benéfica para el desarrollo Mercy Works trabaja para mejorar la salud en aldeas muy remotas de Kiunga, en la provincia occidental, cerca de la frontera occidental de Papúa Nueva Guinea, garantizando el suministro de agua potable. Aquí, «el agua potable sigue siendo un reto diario», dijo a IPS Andrew Lowry, director de programas de la institución.
Añadió que «las frecuentes inundaciones contaminan las fuentes de agua y dañan las infraestructuras. Muchas comunidades no tienen acceso por carretera, por lo que los materiales y los comerciantes viajan en avión o en barco, y a menudo a pie. Las escuelas y los centros de salud suelen funcionar sin un suministro de agua fiable, lo que dificulta el mantenimiento de las prácticas básicas de higiene».
Mercy Works instala sistemas de recogida y almacenamiento de agua de lluvia en escuelas, centros de salud y aldeas tanto en la provincia occidental como en la provincia de Simbu, en la región de las tierras altas.
A casi 4000 kilómetros al sureste de Papúa Nueva Guinea, en Fiyi, Cama ha sido testigo de los efectos de las enfermedades oculares y de las intervenciones que han resultado eficaces. En el norte del país, visitó aldeas que se mantenían limpias y ordenadas, y era difícil ver si había hacinamiento en los hogares.
«En general, se considera normal que las familias extensas vivan juntas. Lo que sí observamos, al igual que en las aldeas cercanas, fueron los problemas relacionados con el agua, ya que no siempre había agua disponible y los camiones cisterna tenían que transportarla hasta la aldea», explicó Cama a IPS.
En la comunidad, «los niños eran activos y no parecían estar enfermos en absoluto», relató. «Solo cuando los trabajadores sanitarios levantaban los párpados de los niños se veía que la superficie interna del párpado tenía folículos típicos del tracoma», añadió.
Una vez diagnosticado el niño, se le recetaba una pomada oftálmica con tetraciclina para aplicar dos veces al día durante seis semanas, junto con la recomendación de lavarse la cara regularmente.
Este año, la OMS anunció que, por primera vez desde que se tienen registros mundiales, el número de personas que requieren intervención sanitaria por tracoma ha descendido por debajo de los 100 millones. Sin embargo, no se puede bajar la guardia. El aumento de los fenómenos climáticos extremos en las islas del Pacífico podría revertir este logro.
«El cambio climático puede afectar a los programas contra el tracoma y provocar su reaparición, lo que significa que es necesario mantener una vigilancia a largo plazo», subrayó Cama.
Detalló que «las inundaciones y el aumento de las temperaturas pueden dañar los sistemas de saneamiento, lo que conduce a una reducción de la higiene ambiental y provoca un aumento de la presencia de moscas en la comunidad, lo que puede incrementar la propagación del tracoma. La sequía y las escasas precipitaciones reducen el acceso al agua, lo que dificulta el lavado regular de la cara y la higiene».
Aumentar el número de profesionales sanitarios cualificados también es fundamental en países donde los servicios nacionales de salud luchan contra la escasez de recursos, suministros médicos y mano de obra. «Uno de los mayores retos en el Pacífico es la escasez de especialistas en oftalmología cualificados», afirmó Cama.
Este es el caso tanto de Fiyi como de Papúa Nueva Guinea, donde «solo 8 de las 22 provincias cuentan con un oftalmólogo». Para superar este déficit, la Fundación Fred Hollows creó el Pacific Eye Institute, el primer instituto de formación oftalmológica de la región, en Suva, Fiyi.
«Nuestro objetivo es contar con al menos un oftalmólogo y un equipo de enfermeras oftalmológicas en cada provincia (de Papúa Nueva Guinea)», afirmó.
Los beneficios de erradicar enfermedades como el tracoma son profundos para las personas y las comunidades. Las aspiraciones de desarrollo nacional pueden hacerse realidad cuando los servicios de salud se enfrentan a una menor carga de morbilidad, más niños pueden terminar su educación y más personas en edad de trabajar pueden contribuir a sus comunidades y a la economía.
T: MF / ED: EG


