Variedad genética por mestizaje apoya la longevidad humana en Brasil

La diversidad de la población brasileña, incorporada a la genética, contribuye a la longevidad, especialmente de las mujeres, comprobó un estudio del ADN de las personas que superaron los cien años de edad, especialmente las supercentenarias que alcanzaron los 110 años. Imagen: Antonio Cruz / Agência Brasil

RÍO DE JANEIRO – Brasil tiene buena presencia en el listado de personas que alcanzaron 100 años o más de edad, pese a sus adversas condiciones sociales. La diversidad genética, producto del masivo mestizaje, es la que favorece esa longevidad.

Es la hipótesis de una investigación del Centro de Estudios del Genoma Humano de la Universidad de São Paulo (Genoma USP), publicado el 6 de enero en la revista estadounidense Genomic Psychiatry.

Es un brasileño, João Marinho Neto, de 113 años, el hombre más viejo del mundo, certificado por el Grupo de Investigación en Gerontología (GRG, en inglés), con sede en la ciudad estadounidense de Los Angeles. Otros dos brasileños están entre los 10 varones más longevos.

Brasil también tuvo la mujer más longeva, Inah Canabarro Lucas, de 116 años, de 29 de diciembre de 2024 hasta su muerte el 30 de abril de 2025, según el banco de datos LongeviQuest, una autoridad en longevidad humana, que reúne investigadores de varias regiones del mundo.

“La longevidad brasileña depende de la biología. La mayoría de los participantes en nuestros estudios genéticos son pobres, sobreviven sin asistencia médica y muchos son incluso analfabetos”: João Paulo Guilherme.

En el censo de 2022, el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) contó 37 814 habitantes con 100 años o más, siendo 72 % mujeres. Es poco en comparación con Japón, que anunció el 25 de septiembre de 2025 haber alcanzado 99 763 centenarios, con 88 % del sexo femenino.

Pero en Japón, la población vive en mejores condiciones, tiene acceso a la medicina, hábitos alimentarios y de vida más saludables, los ancianos son cuidados, mientras en Brasil hay mucha pobreza, desigualdad y escaso acceso a servicios de salud.

“La longevidad brasileña depende de la biología. La mayoría de los participantes en nuestros estudios genéticos son pobres, sobreviven sin asistencia médica y muchos son incluso analfabetos”, destacó a IPS João Paulo Guilherme, uno de los cuatro autores del artículo sobre los centenarios brasileños.

Imagen del nuevo coronavirus que mató 5,4 millones de personas en el mundo durante la pandemia de covid-19, en 2020 y 2021, según datos de los gobiernos, o 14,9 millones según la Organización Mundial de Salud. Hubo personas centenarias que resistieron a la enfermedad. Imagen: Niaid / Fotos Públicas

Pandemia comprobó la resistencia

La pandemia de covid-19 añadió un dato dramático a la investigación iniciada en 2017. Tres de los 20 supercentenarios (personas con más de 110 años) del grupo sobrevivieron al contagio por el coronavirus en 2020, cuando aún no había vacunas y se alertaba sobre el riesgo mortal que representaba la covid-19 para los ancianos.

Brasil es un país megadiverso en la genética humana por su historia de colonización por los portugueses, una población originaria diezmada a partir de 1500, cuando llegaron los colonizadores, y la incorporación forzada de cuatro a cinco millones de africanos esclavizados, 10 veces la cantidad transportada a Estados Unidos.

A ese trio mayoritario de componentes, se sumaron los inmigrantes principalmente europeos y asiáticos a partir de mediados del siglo XIX.

El amplo mestizaje se debe en gran parte a la violencia, incluida la sexual, impuesta a los pueblos indígenas, diezmados en más de 80 % por la guerra y las enfermedades traídas de Europa, y a las esclavas africanas.

Un estudio anterior sobre el ADN (ácido desoxirribonucleico, molécula que determina las características singulares de cada persona), hecho por genetistas de la USP y otras universidades, divulgado en mayo de 2025, comprobó la diversidad de los genes presentes en la población brasileña y su composición.

En el ADN mitocondrial, que se transmite por la madre, predomina la herencia indígena y africana, mientras el ADN de linaje masculino es mayoritariamente europeo. Es decir, el mestizaje ocurrió principalmente entre el hombre blanco y las mujeres de otras etnias.

La brasileña Maria Coimbra Belém, con 101 años, en su apartamento en el barrio de Copacabana, en Río de Janeiro. Sobrevivió a la covid-19 y parece tener una genética que favorece la longevidad. Tuvo una tía que alcanzó 105 años y otras mujeres de su familia avanzan a poder ser centenarias también. Imagen: Mario Osava / IPS

Mayoría mestiza

La investigación con los genomas de 2723 personas apuntó 60 % por ciento de contribución europea, 27 % de la africana y 13% de la indígena. Esclavas reproductoras, matrimonios forzados y violaciones sexuales están por detrás de “la población más mezclada del mundo”.

El examen genético comprueba que hay más mestizos de lo que admite la población, tras siglos de racismo y el esfuerzo de “blanqueamiento” de los brasileños. En el último censo, 45,3 % se declararon “pardos”, es decir mestizos, el mismo porcentaje de blancos, y solo 10,2 % negros.

Pero cerca de 70 % de los brasileños son en realidad mestizos, estiman los científicos basados en los hallazgos genéticos.

En las entrevistas que los investigadores del Genoma USP hicieron a los centenarios “muchos dijeron ser 100 % blancos, pero el ADN comprobó que no lo son”, dijo Guilherme a IPS por teléfono desde São Paulo.

Esa realidad refuerza los objetivos del estudio que trata de identificar variantes genéticas que fortalecen la resistencia humana a virus, bacterias y otras causas de enfermedades. La diversidad es “el tesoro genético” de Brasil, según los científicos.

Un ejemplo citado son las células de defensa CD-4 que, en los supercentenarios, fortalecen la capacidad inmunológica contra virus y cáncer, en contraste con lo que ocurre entre personas jóvenes.

Pero el estudio es inicial, por ahora cuenta con 170 centenarios, entre los cuales 20 supercentenarios (de 110 años o más). La meta es alcanzar 500, según Guilherme.

Es importante ampliar y profundizar esos estudios que introducen una novedad en las fuentes reconocidas de la longevidad, como el modo de vida, la alimentación, el ambiente y el acceso a la medicina.

“Japón es un país de gran homogeneidad genética y una expectativa de vida más elevada que la de Brasil”, matizó el demógrafo José Eustaquio Alves a IPS en Río de Janeiro.

En el atlas de LongeviQuest, con la cantidad de supercentenarios muertos y vivos de cada país, Estados Unidos lidera con 1204, seguido de Japón con 759. Pero proporcionalmente es en la nación asiática donde hay más ancianos que superaron los 110 años, ya que la población estadounidense (348 millones) casi triplica a la japonesa (123 millones).

A los 109 años, Ester Moura Cavalcanti se mantiene lúcida, juega a las palabras cruzadas y solo necesita andador porque sufrió una caída en que se fracturó un fémur. Imagen: Cortesía de Ester Cavalcanti

Longevidad femenina

LongeviQuest registra 4541 supercentenarios, incluyendo muertos y algunos de 108 y 109 años y una minoría de “no validada”. Las mujeres constituyen una inmensa mayoría de 88 %. Problemas cardiacos, muertes violentas y comportamientos de riesgo están entre motivos que acortan la vida de la población masculina.

Ester Moura Cavalcanti, de 109 años, y Maria Coimbra Belém, de 101 años, ambas ya viudas, son dos ejemplos de la longevidad acentuadamente femenina, también en Brasil, que hablaron con IPS.

Cavalcanti nació en una familia rica, lo que le permitió practicar el tenis, un deporte entonces de las élites. Sus padres eran del interior del estado de Ceará, en el nordeste de Brasil, pero luego se mudaron a Manaus, capital del estado de Amazonas.

El traslado de la familia lo propició el auge económico de la Amazonia, entre fines del siglo XIX y comienzo del XX, basado en el caucho natural, extraído de un árbol local, el seringueira o Hevea brasiliensis, conocido mundialmente como el árbol del caucho.

La incipiente industria automovilística aseguraba una demanda creciente y monopolizada inicialmente por Brasil.

La siembra del árbol del caucho en Malasia, llevada por los ingleses, hizo decaer esa actividad amazónica a partir de 1912.

Cavalcanti vive ahora en Belém, otra capital amazónica, del estado de Belém, hace cinco décadas. Desconoce si hubo mestizaje en el pasado de su familia, solo que la abuela era francesa.

El secreto de su longevidad es “comer mucha carne” de vacuno, sostuvo. “El pescado no alimenta”, acotó en una conversación telefónica desde Belém, discrepando de la dieta amazónica basada en el pescado como principal fuente de proteína.

La hipertensión es su único problema de salud. Camina con andador solo porque hace 10 años se cayó y se fracturó el fémur. Pero sí tuvo cataratas de las que se tuvo que operar, en una intervención que salió mal y tras la que perdió la visión de un ojo.

Para mantener el cerebro activo juega a las palabras cruzadas siempre. No sabe sobre otros centenarios en la familia.

Coimbra sí vive rodeada de mujeres longevas. Una de sus tías murió a los 105 años y otras mujeres de su familia sobrepasan los 80 en buena salud.

La longevidad, según ella, se debe a la genética familiar, pero también a la alimentación natural, con hábitos adquiridos desde niña cuando vivía a las afueras de Río de Janeiro, al hecho de haber trabajado por 47 años en instituciones gubernamentales y al “cariño de la familia”, de sus muchos hermanos, de su única hija y de otros parientes.

Es de las centenarias que contrajo la covid-19, tuvo que hospitalizarse pero se curó sin secuelas. Una de sus sobrinas también se contagió, pero no tuvo siquiera síntomas, contó en su apartamento en el barrio de Copacabana, en Río de Janeiro.

Tuvo otros problemas de salud, se le extirpó un tumor no cancerígeno en el estómago, vive con un riñón obstruido y es diabética controlada, pero nada de eso la impidió el superar el centenario de vida con lucidez.

La memoria sigue activa, especialmente para los números, quizás por el trabajo como tesorera de un instituto de previsión del sector industrial, haber estudiado Administración de Empresas después de los 50 años y haber trabajado muchos años como auditora en el Ministerio de Hacienda.

No conoce mestizajes en sus ancestros, “por lo menos hasta los abuelos”, además de que sus padres fueron inmigrantes portugueses.

ED: EG

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