La resistencia de Myanmar al régimen militar florece en el exilio

Sakura, cuyo nombre e imagen se modificó por motivos de seguridad como el de otros testimonios recogidos por IPS, es una de las muchas personas exiliadas que viven en Tailandia tras ser forzadas a huir de la brutal junta militar en Myanmar y de la guerra interna. Imagen: Elizabeth Haines / IPS

CHIANG MAI, Tailandia – Desde trabajadores de la construcción y hoteleros hasta personal de cocina y restaurantes, se estima que el número de migrantes de Myanmar que viven en Tailandia asciende a seis millones, con un aumento de nuevas llegadas desde el golpe militar de 2021 en su país.

Muchos están construyendo una nueva vida en la gran metrópolis de Bangkok, clasificada por la ONU entre las 15 «megaciudades» más importantes del mundo, ya que Tailandia absorbe con avidez una gran cantidad de mano de obra barata.

Pero es Chiang Mai, en el norte de Tailandia, la que ha atraído a un gran número de intelectuales, activistas y excombatientes de Myanmar, así como a desertores, que forman el núcleo de una resistencia en el exilio que apoya a quienes luchan contra la junta militar dentro de Myanmar, un país que liita al este con Tailanda.

Las dos comunidades, la tailandesa y la birmana, comparten desde hace mucho tiempo lazos culturales y sociales. En 1558, el famoso reino de Lanna, en Chiang Mai, cayó durante más de dos siglos bajo el dominio del imperio Toungoo de Birmania, cuya dinastía se extendió en ocasiones desde la India hasta China y Camboya.

En tiempos más recientes, Chiang Mai se ha convertido en un centro para los exiliados de Myanmar. Una primera oleada de recién llegados encontró refugio para reagruparse tras la represión militar de las protestas estudiantiles de 1988.

Ahora, los miembros de alto rango del paralelo y opositor Gobierno de Unidad Nacional, creado por los legisladores electos derrocados en el golpe de Estado de 2021, entran y salen de la ciudad.

Sin embargo, bajo la aparente calma de la que a menudo se describe como la ciudad más bella de Tailandia, muy querida por los turistas, la vida dista mucho de ser fácil para los migrantes y activistas que viven al margen de la legalidad.

En este reportaje, IPS recoge en forma directa algunos de estos exiliados que relatan sus experiencias personales, su resistencia en una brutal junta militar y guerra civil y el futuro.

August Mo*. Imagen: Elizabeth Haines / IPS
Testimonio de August Mo* (activista Lgbti, criado entre lluvias monzónicas)

«Llegué a Chiang Mai después de pasar seis meses en prisión. Tenía un largo historial delictivo por mis actividades políticas. Me uní a la Revolución de Primavera contra los militares, recaudé fondos y luché en el estado de Mon. Soy artista y pinto retratos y lugares, y gano dinero para ayudar a los refugiados. Nuestro pueblo fue incendiado por los militares y huimos.

«Los soldados me capturaron en un puesto de control. La cárcel era horrible, aterradora. Hay tres secciones: para hombres, mujeres y gays. Me enviaron a la sección gay. Todos los días, a las 6:00 de la tarde, los funcionarios nos utilizaban como trabajadores sexuales. No puedo hablar de ello. No había condones ni medicinas. Hay demasiado VIH entre los presos. Los funcionarios nos obligaban. Me hicieron las pruebas en Chiang Mai. Estoy bien.

«Éramos esclavos bajo su control. Comíamos espinacas con gusanos e insectos. No recibíamos tratamiento cuando estábamos enfermos, éramos 14 en una celda.

«En la prisión había muchas moscas, mosquitos, cucarachas y gusanos. No hay retrete. Si quieres hacer pis o caca, vas a un rincón y lo sacas cada mañana para usarlo como fertilizante.

«Un amigo con conexiones militares me ayudó a comprar mi libertad por 100 lak (2500 dólares). Mi madre vendió nuestra casa para que pudiera llegar a Chiang Mai. Aquí gano dinero y se lo envío a mi familia y a mi segunda familia, el equipo de Spring Revolution.

«No queremos guerra, solo paz. Pero ellos no son humanos. A los soldados les han lavado el cerebro. Usan drogas para luchar y han perdido la cabeza; no distinguen el bien del mal. Solo quieren las drogas y el ejército les da drogas para luchar.

«Antes del golpe, la comunidad Lgbti estaba empezando a ser más abierta. Eso se acabó tras el golpe. En Chiang Mai, este mes fui el maestro de ceremonias de nuestro concurso Lgbti Miss Freedom para alzar mi voz y mostrar al mundo que queremos la paz y no la guerra.

«Enseñaba física nuclear en una universidad de Myanmar. Si la situación de nuestro país mejora, me encantaría volver a dar clases.

(August Mo saca un pequeño fajo de billetes de kyat de Myanmar]) «Me lo dejó un amigo que murió en la guerra: 3300 kyat (menos de un dólar estadounidense). Guardo el dinero como recuerdo de mi amigo». (Mostrando un teléfono móvil Samsung) «De otro amigo que fue asesinado. Nunca lo venderé».

«No creo que ninguna de las dos partes vaya a ganar o perder esta guerra. Luchamos por la justicia. Esperamos ganar. Cuando tengamos justicia, dejaremos de luchar. Solo queremos paz, justicia y humanidad».

Ngaing Tun Aung*. Imagen: Elizabeth Haines / IPS
Ngaing Tun Aung* (oficial militar que desertó para unirse a la resistencia)

«Era capitán en una escuela de entrenamiento militar en Mandalay (la segunda mayor ciudad de Myanmar). Llegué a comprender que esta guerra no era justa, pero lo único que podía hacer como soldado era desertar. Era mi única forma de apoyar a la resistencia.

«No le conté a ningún amigo mis planes por el peligro de ser arrestado. En las redes sociales, me puse en contacto con las Organizaciones de Desobediencia Civil (CDM, en inglés) y Mother’s Embrace me proporcionó una ruta a Mae Sot (una fronteriza ciudad tailandesa) y organizó el transporte: autobuses y una motocicleta desde Mandalay y luego barcos ilegales para cruzar la frontera del río Moei. Vine con otras personas, pero no sabía quiénes eran.

«Me quedé en Mae Sot durante seis meses y luego vine a Chiang Mai. Ahora trabajo con una organización para verificar información del interior de Myanmar y dono comida y dinero a los refugiados.

«En mi opinión, ninguna de las dos partes puede ganar la guerra, ni el ejército ni la resistencia. El ejército puede obtener armas oficialmente de Rusia, China y Bielorrusia, mientras que la resistencia no puede y tiene que pagar más. Algunas fuerzas de la resistencia se están quedando sin balas porque China está restringiendo los suministros. China es ahora decisiva.

«La guerra se prolongará durante mucho tiempo. Las organizaciones de resistencia son numerosas, pero no han sido capaces de unirse. Los militares ven esta debilidad. Algunos pequeños grupos de resistencia están utilizando ahora sus armas para extorsionar en los puestos de control y secuestrar a personas para obtener dinero.

«No le digo a la gente que soy soldado del CDM y mantengo un perfil bajo. Tengo miedo de que se filtre mi identidad. Mi negocio de aperitivos es ilegal: según mi permiso, se supone que soy trabajador de la construcción. Los informantes podrían hacer daño a mi familia si se enteraran».

Sakura*. Imagen: Elizabeth Haines/IPS
Sakura* (en la famosa lista de personas más buscadas por la junta)

«D fue la primera persona a la que ayudé a desertar. Ya estaba entregando muchas cosas a desertores de todo Myanmar, como teléfonos móviles, ordenadores portátiles y ropa, cuando recibí financiación de alguien de Singapur que se puso en contacto conmigo para ayudar al hermano de un amigo a desertar.

«Organicé su transporte… No conocía sus habilidades. Era capitán, pero solo pude encontrarle trabajos básicos. Hacía lo que le daban, como trabajos de limpieza. Algunos birmanos lo trataban mal. Me sentí muy mal. El segundo fue un desertor de la policía. Tuve que organizar todo, toda la logística. D consiguió un ascenso en un restaurante y llamó a personal subalterno para que se uniera a él.

«El desertor de la policía hizo amigos. Intenté conectar a la gente y se formó una red. No siempre funcionó: era un combatiente agresivo y empezó a maltratar al resto del personal del restaurante… Llegaban más desertores, incluso un comandante.

«Los desertores se enfrentan a problemas con la gente corriente, que no confía en ellos y los trata como informadores o espías. Por eso intento crear una red entre ellos con personas del mismo origen y comunidad. Intento ser una persona de confianza para que puedan hablar conmigo. Uno tiene 56 años, mucho más que yo, y siempre me llama ‘mamá’ porque lo cuido.

«En Myanmar, unos meses después del golpe, me uní a la Fuerza para la Democracia Federal y les ayudé a recaudar fondos para medicamentos y suministros. Envié 200 jerséis. A veces consigo medicamentos contra la malaria de los Free Burma Rangers. Recaudé muchos fondos para las Fuerzas de Defensa del Pueblo.

«Dos meses después del golpe, en el Día de las Fuerzas Armadas, los soldados abrieron fuego contra los manifestantes y murieron más de 100 personas. Mi primo fue detenido ese día en Yangón (la antigua capital del país). Yo estaba a dos calles de allí y escapé. Fue entonces cuando empecé a repartir paquetes de comida a los presos políticos.

«¿Mi futuro? Pensaba solicitar un visado para Europa o algún otro lugar, pero ahora no me siento segura de poder hacerlo sola. Intento sobrevivir por mi cuenta en Chiang Mai en la medida de lo posible. Necesito encontrar más trabajo en proyectos. El sistema de visados tailandés se está complicando: los funcionarios de inmigración se están volviendo más estrictos.

«Cuando era joven, mi abuela preparaba montones de mont phet htok con arroz glutinoso, coco y azúcar moreno cocido al vapor en hojas de plátano. Todos nosotros y nuestros vecinos los recogíamos para repartirlos entre los monjes. Ellos venían a nuestra casa en el pueblo y compartían las enseñanzas de Buda en agradecimiento. Todavía me gusta comerlos en Chiang Mai.

«Mi casa se inundó dos veces por las lluvias torrenciales del monzón. Perdí mucha ropa. Me encantaría volver a mi país y montar mi propia empresa de turismo. Pero no sé cuándo será posible».

Htet Myat Phone Naing. Imagen: Elizabeth Haines / IPS

Htet Myat Phone Naing (estudiante universitario e hijo de Soe Moe Naing)

«Mi familia es de Pyay, sobre el río el Irawadi. Mi padre, Soe Moe Naing, era un conocido empresario y filántropo que dirigía un servicio funerario gratuito y proporcionaba asistencia médica, así como oxígeno y sangre.

«Era una persona famosa en la ciudad y trabajó con el gobierno de la LND (la Liga Nacional para la Democracia, ampliamente ganador de las elecciones de noviembre de 2020) hasta el golpe de Estado. La covid-19 fue una época difícil. Mi padre estaba en la lista de personas influyentes buscadas por el régimen. Mataron a dos jóvenes manifestantes en Pyay y nosotros les proporcionamos el servicio funerario gratuito y sus tumbas fueron marcadas como mártires de la revolución. Toda la ciudad acudió.

«Mi padre fue arrestado y cerraron su empresa de transporte y sus organizaciones. Pidió ver a su familia y escapó. Cruzó el río y se escondió durante 10 días, desplazándose en barco. Pero ser tan conocido era un problema, así que se trasladó más cerca de Yangon.

«Después, la policía volvió a nuestra casa. Les dije que solo tenía 17 años y que quería ser piloto militar. Me invitaron a su base aérea, pero en lugar de eso nos fuimos a Yangon. Ahora me río, pero en ese momento fue muy aterrador.

«No nos queda nada en Pyay. Los militares lo confiscaron todo, así que pueden dar  nuestros verdaderos nombres, ya no tenemos nada que perder».

Soe Moe Naing. Imagen: Elizabeth Haines / IPS

«Mi padre sufrió una crisis nerviosa debido al aislamiento que supuso esconderse durante meses en un apartamento de Yangon. Así que mi madre lo trató buscando formas de ocupar su tiempo. Compramos palillos y palillos de dientes y él hizo una maqueta de la Torre Eiffel.

«No sentía cómo pasaba el tiempo y recuperó su salud mental. Dejamos dos Torres Eiffel en Yangon y él hizo una tercera en Mae Sot y la vendió en un sorteo en un evento para recaudar fondos.

«Ahora mi padre trabaja en otros encargos, como cajas de pañuelos y portalápices, y como camarero para mi madre. También dibuja y pinta, y mientras estaba fugado tomó una clase de dibujo en línea impartida por un profesor de CDM que también estaba fugado.

«Asistí a una escuela privada en Mae Sot para migrantes birmanos. Terminé en Chiang Mai y solicité plaza en la universidad en línea de Parami, registrada en Estados Unidos. Me aceptaron con una beca completa en 2023 y estudio estadística y ciencia de datos para obtener una licenciatura de cuatro años. Mamá regenta un puesto de comida en Pyay, donde vende una ensalada de arroz local especial, muy famosa.

«Nuestro futuro es incierto. Hemos solicitado asilo en Australia. Es muy difícil empezar una nueva vida en un lugar nuevo, pero aquí nos hemos convertido en una cadena de personas que se ayudan mutuamente».

NDR: Los asteriscos (*) indican los nombres elegidos por los interlocutores que pidieron no difundir los verdaderos para proteger su identidad.

T: MF / ED: EG

Este informe incluye imágenes de calidad que pueden ser bajadas e impresas. Copyright IPS, estas imágenes sólo pueden ser impresas junto con este informe

Lo más leído

[wpp heading='Popular Posts' limit=6 range='last24hours' post_type='post' stats_views=0 ]