Guerra en Ucrania es la mayor amenaza para la seguridad nuclear

Un equipo del Oiea recorre la central nuclear ucraniana de Zaporiyia y sus alrededores. En Ucrania, escenario de una guerra entre fuerzas de ese país y de Rusia, está el mayor riesgo actual para la seguridad nuclear mundial, según el Organismo Internacional de Energía Atómica, que alerta sobre la necesidad de mantener el suministro de electricidad a esas centrales, aún si están cerradas. Imagen: Fredrik Dahl / Oiea

VIENA – Al cabo de cuatro años, la guerra entre Rusia y Ucrania sobre suelo ucraniano “sigue representando la mayor amenaza mundial para la seguridad nuclear”, afirmó este viernes 30 el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Mariano Grossi.

Su advertencia se produjo cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, anunció el jueves que el Moscú había acordado una pausa temporal en sus ataques con misiles contra Kiev, debido al intenso frío que azota la capital ucraniana.

Desde el inicio de la invasión rusa a gran escala del país, en febrero de 2022, las centrales nucleares ucranianas han estado operando en un entorno degradado, sujetas a las fluctuaciones de una red eléctrica dañada regularmente por los ataques aéreos y los combates rusos.

Grossi subrayó que “sin un suministro eléctrico externo confiable, ninguna central nuclear puede operar con seguridad, ni siquiera estando parada”.

En el centro de la vulnerabilidad de la red eléctrica ucraniana se encuentra la central nuclear de Zaporiyia, la más grande de Europa, ubicada en el este de Ucrania.

Aunque está cerrada, sigue dependiendo de un suministro eléctrico continuo para refrigerar sus reactores y piscinas de combustible gastado. En los últimos meses, el OIEA ha debido negociar cuatro ceses del fuego temporales con las autoridades ucranianas y rusas, para permitir la reparación de las líneas eléctricas dañadas.

El 19 de enero, la planta se reconectó a su última línea de respaldo de 330 kilovoltios, reparada tras más de dos semanas de interrupción.

Hasta entonces, Zaporiyia solo contaba con una única línea principal de 750 kilovoltios para alimentar sus sistemas de seguridad, una situación que el OIEA considera extremadamente precaria.

“He pedido reiteradamente, tanto aquí como en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que se respeten estos principios, en particular en lo que respecta al mantenimiento del suministro eléctrico externo esencial, sin el cual una central nuclear no puede operar con seguridad”, insistió Grossi.

La agencia reitera que la existencia de un suministro eléctrico externo seguro es uno de los siete pilares fundamentales de la seguridad nuclear en conflictos armados y uno de los cinco principios establecidos para proteger específicamente la central nuclear de Zaporiyia.

Esos principios, enfatizó, gozan de amplio apoyo internacional, incluso de las partes beligerantes, pero su aplicación sobre el terreno sigue siendo incompleta.

Los riesgos no se limitan a Zaporiyia: en Chernóbil, al norte del país, las actividades militares dañaron recientemente una subestación crítica, lo que provocó la desconexión de varias líneas eléctricas.

El sitio tuvo que recurrir a generadores diésel de emergencia para garantizar la seguridad del nuevo sarcófago que cubre la central y las instalaciones de almacenamiento de combustible hasta que se restableciera el suministro eléctrico.

Chernóbil produjo el mayor desastre nuclear vivido hasta ahora, después de que explotó su reactor número cuatro el 26 de abril de 1986. Murieron directamente decenas de personas, se afectó la vida de medio millón y los daños en Ucrania y territorios vecinos se han estimado hasta en 700 000 millones de dólares.

Reconociendo que la seguridad nuclear depende ahora tanto de las propias centrales eléctricas como de la infraestructura que las abastece, el OIEA ha desplegado equipos de expertos por toda Ucrania.

Actualmente evalúa el estado de 10 subestaciones eléctricas consideradas cruciales para la seguridad nuclear, en el contexto de los continuos ataques contra la red eléctrica ucraniana.

“Los daños a las subestaciones comprometen la seguridad nuclear y deben evitarse”, dijo Rossi, y agregó de seguidas que “la mejor manera de garantizar la seguridad nuclear, así como la seguridad de las poblaciones que sufren desde hace casi cuatro años los combates, es poner fin a este conflicto”.

La guerra entre Rusia y Ucrania puede haber causado hasta 1,8 millones de víctimas, entre muertos y heridos de uno y otro país, tanto militares como civiles, según el estadounidense Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales.

A-E/HM

 

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