BULAWAYO, Zimbabue – Cuando toman los alimentos preparados en las negociaciones climáticas, como sucedió en la COP30 celebrada en Brasil en noviembre, los negociadores no tienen ganas de arreglar los sistemas alimentarios defectuosos, una de las principales fuentes de contaminación climática, advierten los expertos.
Los sistemas alimentarios son el recorrido completo que realiza la comida, desde la granja hasta el tenedor o la cuchara, lo que significa su cultivo, procesamiento, distribución, comercio y consumo, e incluso los residuos.
El Panel Internacional de Expertos en Sistemas Alimentarios Sostenibles (IPES-Food) advierte que el acuerdo final alcanzado trabajosamente en 30 Conferencia de las Partes (COP30) sobre cambio climático, celebrada entre el 10 y el 22 de noviembre en la ciudad amazónica de Belém, corre el riesgo de agravar las crisis climática y alimentaria.
No abordó las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de los sistemas alimentarios ni los daños cada vez mayores causados por la agricultura industrial dependiente de los combustibles fósiles.
Los alimentos solo aparecen una vez en el texto negociado, como un indicador limitado sobre la «producción de alimentos resistente al clima» en el marco del Objetivo Global de Adaptación, señaló el IPES-Food.
«No se mencionan los sistemas alimentarios, no hay una hoja de ruta para abordar la deforestación y no se reconoce que la agricultura industrial es responsable de casi el 90 % de la pérdida de bosques en todo el mundo», señaló el grupo de expertos.
En ese aspecto, hizo hincapié en que los negociadores también suavizaron el lenguaje del Programa de Trabajo de Mitigación, pasando de abordar los «factores impulsores» de la deforestación a vagos «retos».
IPES-Food argumentó que la omisión de los sistemas alimentarios en el acuerdo de la COP30 contrastaba claramente con la propia cumbre, que se celebró en el corazón de la Amazonia.
Según su documento, 30 % de todos los alimentos servidos durante la COP30 procedían de agricultores familiares agroecológicos y comunidades tradicionales, y se presentaron propuestas concretas de políticas públicas para una transición justa de los sistemas alimentarios.
Al no apoyar la transición hacia una agricultura respetuosa con el medio ambiente y con bajas emisiones, el acuerdo ha dejado al sistema alimentario mundial —y a los miles de millones de personas que dependen de él— muy vulnerable a las crisis climáticas que contribuye a provocar, según los expertos.
«Las soluciones alimentarias estuvieron presentes en todas partes durante la COP30, desde las 80 toneladas de comidas locales y agroecológicas servidas hasta las propuestas concretas para combatir el hambre, pero nada de esto llegó a las salas de negociación ni al acuerdo final», afirmó en un comunicado Elisabetta Recine, experta del panel IPES-Food y presidenta del Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional de Brasil.
Añadió que «a pesar de todo lo que se habló, los negociadores no actuaron y las realidades vividas por las personas más afectadas por el hambre, la pobreza y los impactos climáticos no fueron escuchadas».
Grandes empresas agrícolas, una voz más fuerte
Más de 300 representantes de la agricultura industrial, los llamados lobistas, se registraron como delegados en la COP30. Se les acusa de influir en los debates y promover soluciones falsas al cambio climático.
«Se suponía que la COP30 iba a ser la COP de la implementación, donde las palabras se convertirían en acciones», dijo a IPS Danielle Nierenberg, experta en agricultura sostenible y cuestiones alimentarias y presidenta de la organización global Food Tank.
Pero, añadió, «una vez más, los intereses corporativos se impusieron sobre las personas, la naturaleza y el futuro de nuestros sistemas alimentarios y agrícolas como parte de la solución a la crisis climática».
Raj Patel, experto del panel IPES-Food y profesor de la estadounidense Universidad de Texas, sostiene que los grupos de presión de la agroindustria se adueñaron de la COP30 para influir en los resultados a favor de la agricultura industrial y los intereses de las grandes petroleras.
«Los sistemas alimentarios son los segundos, después del petróleo y el gas, en provocar la crisis climática y, a diferencia de los pozos de petróleo, también son las primeras víctimas del caos que crean», señaló Patel.

Obstáculos y oportunidades
Los científicos han advertido de que las emisiones de carbono, incluidas las de la agricultura, deben reducirse considerablemente si el mundo quiere cumplir los objetivos del Acuerdo de París de limitar el calentamiento global a 2 °C o menos.
Incluso si se eliminaran inmediatamente las emisiones de combustibles fósiles, las emisiones del sistema alimentario mundial por sí solas harían imposible limitar el calentamiento a 1,5 °C y dificultarían incluso la consecución del objetivo de 2 °C, según los científicos.
Selorm Kugbega, investigador del Instituto Medioambiental de Estocolmo, coincide en que, a pesar de las numerosas promesas realizadas para abordar las emisiones relacionadas con la agricultura, la COP30 resultó ser un fiasco para los sistemas agroalimentarios.
Iniciativas como RAIZ, para restaurar 500 millones de hectáreas de tierras agrícolas degradadas para 2030, y TERRA, para ampliar las soluciones climáticas para los pequeños agricultores mediante financiación combinada, que se pusieron en marcha en la COP30, omitieron destacar los efectos de los sistemas alimentarios industriales.
Más de 300 lobistas de la agricultura industrial participaron en los debates de la COP30, lo que dio lugar a acusaciones de influir en los resultados.
Kugbega observó que, tras varios años de lentos avances y impulso en la integración de los sistemas alimentarios en las negociaciones sobre el clima, la COP30 debería haber sido la oportunidad para sellar la centralidad de la agricultura en las futuras COP.
Sin embargo, terminó sin acuerdos claros sobre la financiación pública basada en subvenciones para la adaptación en la agricultura o la reorientación de los fondos públicos que subvencionan los sistemas industriales.
Las negociaciones sobre el clima demostraron la desigualdad de poder en las negociaciones sobre el clima con la protección implícita de los intereses de la agricultura industrial, observó Kugbega.
Ello debilitó la credibilidad de cualquier esfuerzo global para mitigar las emisiones derivadas de la agricultura, destacando que los pequeños agricultores soportan una gran carga de riesgos climáticos y disponen de pocos fondos para la adaptación.
Kugbega argumentó que los países más poderosos, que generalmente dependen menos de la agricultura, tienden a dar prioridad a sectores como la energía y el transporte en las negociaciones sobre el clima.
Sin embargo, muchos países menos adelantados, especialmente en África, dependen en gran medida de la agricultura para el empleo y la estabilidad económica y se enfrentan a riesgos climáticos urgentes.
«Sin embargo, estos países suelen carecer de la influencia política necesaria para elevar la agricultura y los sistemas alimentarios a cuestiones centrales en las negociaciones de la COP», afirmó.
A su juicio, «a COP30 en Brasil supuso una gran oportunidad para cambiar este desequilibrio, por lo que resulta especialmente preocupante que no se haya logrado situar los sistemas alimentarios en el centro de la agenda climática».
Financiación frugal para la alimentación y los agricultores
Según la Iniciativa de Política Climática (CPI, en inglés) y el Comité Permanente de Finanzas de las Naciones Unidas, la agricultura recibe una parte pequeña e insuficiente de la financiación climática mundial total.
De la financiación climática mundial total disponible, que asciende a una media de 1,3 billones (millones de millones) de dólares al año, la agricultura recibe alrededor de 35 000 millones de dólares al año.
Se trata de un déficit enorme, dado que, según la CPI, se estima que los sistemas alimentarios son responsables de aproximadamente un tercio de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y son uno de los sectores más vulnerables a los efectos del clima.
Peor aún, los pequeños agricultores, que producen hasta 80 % de los alimentos en los países del Sur en desarrollo, solo reciben 0,3 %, lo que supone un desequilibrio sorprendente, ya que alimentan al mundo y están más expuestos a los efectos del clima.
¿Cumplirá la COP31?
La COP30 destacó la necesidad de abordar los efectos del cambio climático mediante la transformación de los sistemas alimentarios, como se destaca en la Declaración de Belém sobre el hambre, la pobreza y la acción climática centrada en las personas.
Pero aún está por verse si la COP31, que acogerá la ciudad turca de Antalya a fines de este año, dará resultados positivos en materia de sistemas alimentarios.
Esperar a que la COP31 salve el mundo es rendirse, porque los grupos de presión de la agroindustria no se toman vacaciones, argumenta Raj Patel, del panel IPES-Food.
«La prueba no es si los diplomáticos pueden redactar un texto mejor en Antalya, sino si los movimientos de agricultores, indígenas y climáticos pueden generar suficiente presión política para que los gobiernos teman más la inacción que enfrentarse al poder corporativo», afirmó.
Se espera que la COP31, que será organizada por Turquía pero con sesionará con la presidencia de Australia, dé prioridad a un programa de acción centrado en la financiación de la adaptación, la eliminación gradual de los combustibles fósiles, la adaptación en los pequeños Estados insulares en desarrollo y los océanos.
Aunque este programa se ajusta a los objetivos más amplios de justicia climática, significa que los sistemas alimentarios corren el riesgo de ser abordados de forma indirecta en lugar de defendidos explícitamente, afirmó Kugbega.
Dado el estancamiento de las negociaciones sobre la financiación de la transición hacia una agricultura sostenible y el aplazamiento del Trabajo Conjunto sobre Agricultura, establecido en 2022 durante la COP27 celebrada en la ciudad egipcia de en Sharm el Sheij, Kugbega afirmó que la COP31 probablemente se centrará más en el desarrollo de nuevas hojas de ruta y acuerdos que en la implementación a gran escala.
La COP32, que ya se estableció que acogerá y presidirá Etiopia, podría ser una oportunidad mayor para la implementación del programa de trabajo, dada la exposición directa del país a los riesgos climáticos en la agricultura, señaló.
En todo caso, argumentó, «es probable que la COP31 determine si el mundo llega a la COP32 listo para implementar y poner en marcha sistemas alimentarios sostenibles o si, una vez más, se ve obligado a renegociar lo que ya se sabe».
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