Con la depresión de su agricultura, Cuba debate qué rumbo tomar

El productor Emilio Interián, también diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular y presidente de la Cooperativa de Créditos y Servicios Sabino Pupo Milián, en un área rural de la capital cubana. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

LA HABANA – “Eso pasa en toda Cuba”, dijo Emilio Interián, presidente de la cooperativa habanera Sabino Pupo Milián, con tradición en la producción frutícola y pecuaria, respecto a la abundancia de robos en los campos de la isla.

Hace unos días, unos cuatreros sustrajeron un buey de una de las fincas de su cooperativa y, en 2023, incluso le mataron una vaca.

En el último caso, movilizó a varios campesinos y en motos, carros y caballos “peinaron” toda la zona, siguiendo el rastro del animal, hasta que lo encontraron y atraparon a los ladrones.

Con la vaca, tras hallar el lugar donde la sacrificaron, como estaba medianamente descuartizada, los campesinos esperaron, armados con escopetas de caza, machetes y lo que tuvieran a mano, a que los cuatreros regresaran por el resto de la carne.

Los sometieron, reunieron las evidencias y se los entregaron en bandeja a la policía, como siempre han hecho.

“Tenemos un destacamento de vigilancia campesina de la propia cooperativa, que existe hace más de 30 años. Mientras más difícil se pone la situación, más robo hay. Pero no pienses que la policía va a venir a cuidarte el platanal, porque no hay tantos policías para cuidártelo”, dijo Interián a IPS.

Aunque el hurto y sacrificio de ganado mayor siempre ha sido severamente sancionado por las leyes cubanas, con penas de prisión de hasta 15 años en los últimos años, siempre ha sido un gran problema de la ganadería en Cuba, agravado por la persistente y cada vez más honda crisis económica que afronta esta nación insular caribeña.

“Es muy duro escuchar que no hay compota para los niños, cuando sabemos que aquí, en la cooperativa, hay veces que perdemos 80 % del mango en una cosecha”: Emilio Interián.

Para Interián, este no es un problema pequeño, porque desestimula mucho al campesino, pero quizás “no es el peor” para el desarrollo de la ganadería, porque son más las reses muertas por enfermedades y desnutrición, que por sacrificio, dijo.

En diciembre, en la sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el unicameral parlamento cubano, este agricultor de 57 años, esta vez en su rol como diputado en representación del municipio habanero de Arroyo Naranjo, provocó con su intervención un debate en redes sociales que también “se robó” el protagonismo en el plenario.

“Han pasado seis meses más y, por desgracia, a pesar de los todos esfuerzos que ha realizado nuestro gobierno…, la situación es peor y mucho más compleja en el combustible, la energía, la alimentación y otras necesidades básicas de la población”, así empezó su discurso.

Según dijo a IPS, muchas personas malinterpretaron su intervención, con críticas a que si estaba pidiendo más capitalismo, cuando sus propuestas solo apuntan a estimular la producción, con la flexibilización de los topes que impuso el gobierno al precio de venta de la leche o la carne –inferiores al costo real–, así como más facilidades para comercializar en divisas.

“No he dicho nada diferente a lo que está diciendo la dirección del país. Mientras no perdamos la soberanía, la revolución, los principios básicos, tenemos que cambiar lo que tengamos que cambiar. Si no tenemos recursos y somos un país pobre, ¿cómo vamos a sostener un socialismo puro, si no lo ha mantenido China o Vietnam?”, agregó.

Cerdos de la finca Purísima Concepción, perteneciente a la Cooperativa de Créditos y Servicios Sabino Pupo Milián, en La Habana. Esta forma de producción cooperativa conserva en Cuba la propiedad privada de cada granja. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

Formas cooperativas de producción

La cooperativa “Sabino Pupo Milián” es de Créditos y Servicios y está compuesta por 24 granjas y un total de 104 hectáreas, de las cuales, 63 pertenecen, en forma de usufructo, a Purísima Concepción, la finca de Interián.

Con la constitución cubana de 1976, el Estado reconoció el derecho a asociarse en cooperativas solo a los agricultores pequeños y se conformaron tres tipos de producción cooperada en los campos cubanos: las Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS), las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA) y las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), con un límite de hasta 67,1 hectáreas.

Las CCS posibilitan el uso común del riego, algunas instalaciones, servicios y otros medios, así como el trámite conjunto de sus créditos, aunque la propiedad de cada finca, sus equipos y la producción resultante siguen siendo privadas.

Las CPA constituyen una forma colectiva de propiedad social y se crea a partir de la decisión de los campesinos de unir sus tierras y demás medios de producción fundamentales.

Las UBPC, por su parte, surgen en 1993 para paliar la crisis económica tras la caída del campo socialista, y tiene su propiedad colectiva y una producción común, pero se crea a partir de la cesión de tierras estatales a personas naturales en forma de usufructo,

“De las tres formas productivas, la que más libertad tiene es la de nosotros, porque la CCS reúne a productores individuales”, comentó Interián.

En Cuba hay seis millones de hectáreas de superficie agrícola, de las que 79 % es propiedad estatal, 13 % privada y 7 % pertenece a cooperativas, según datos ofrecidos en 2024 por la dirección de Control de la Tierra del Ministerio de Agricultura.

El gobierno de Cuba presentó en marzo de 2025 el anteproyecto de la Ley de propiedad, posesión y uso de la tierra, que sustituiría el decreto ley 125 de 1991 y flexibilizaría asuntos como la herencia y la compraventa de parcelas cultivables.

Según el diputado, la norma se someterá a su aprobación en la próxima sesión ordinaria del parlamento a mediados de 2026.

“Es un documento que, de aplicarse debidamente, dará muy buenos resultados”, dijo a IPS el agricultor Ernesto Reyna, asociado a la finca Santa Rita, ubicada en el municipio de Marianao, uno de los 15 que conforman el área metropolitana de La Habana.

Para Reyna, el desafío principal que afronta la agricultura cubana en este momento es el de “lograr revertir el déficit de calorías” de la población

“Para ello han de ser cambiados algunos paradigmas arcaicos” en la agricultura, agregó.

Ante la crisis económica que enfrenta Cuba, exacerbada desde 2020 por los efectos de la pandemia de la covid, errores en la gestión macroeconómica y monetaria, y las sanciones económicas de Estados Unidos, este país insular caribeño importa actualmente más de 80 % de los alimentos que consumen sus 9,7 millones de habitantes.

Un trabajador labora en el procesamiento del mango en la minindustria Villa Roja en la provincia de Artemisa, en el suroeste de Cuba. La principal traba para la creación de minindustrias en el país es la escasez de combustible. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

Minindustrias deprimidas

Además de las decenas de toneladas de carne anuales, procedentes de la ganadería vacuna, ovina y la cunicultura, la cooperativa que preside Interián produce unas 100 toneladas de mango que se procesan en las fábricas de procesamiento de pulpas hasta convertirse en compotas y otros derivados de la Empresa de Conservas de La Habana.

Sin embargo, Interián se ha caracterizado, durante años –lleva más de 25 años como diputado–, por denunciar ante el parlamento una realidad que causa pavor: gran parte de ese mango se desperdicia, porque no se procesa.

“Es muy duro escuchar que no hay compota para los niños, cuando sabemos que aquí, en la cooperativa, hay veces que perdemos 80 % del mango en una cosecha”, dijo.

En parte, las fábricas estatales que lo procesan muchas veces no tienen los insumos para procesar la fruta y, aunque el plan de producción de mango de la cooperativa sea de unas 100 toneladas anuales, la empresa estatal solo compra una parte. En 2025, apenas compró 50 toneladas. El resto se vendió en las inmediaciones o simplemente se perdió.


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“Ya he peleado tanto por el mango que ya posiblemente no me oigas más fajarme por él”, se lamentó el diputado y productor agrícola.

Su cooperativa reconoció que la única manera de aprovechar bien esas cosechas será construyendo una minindustria propia que la procese, así como proyectan levantar otra de elaboración de pienso para los animales.

No obstante, su inversión en cada minindustria con recursos propios, y mantenerlas funcionando y rentables tampoco será tarea fácil ante el déficit de combustible, electricidad, envases y  otros insumos que, muchas veces, deben importarse y pagarse con divisas.

La otra opción es emprender a través de un proyecto de colaboración extranjera, pero esos fondos suelen dirigirse, en muchos casos, a desarrollar granjas estatales.

“Si tenemos un proyecto hoy que entre con financiamiento externo, vamos a ponerlo donde más se vaya a multiplicar, donde esté la experiencia, el resultado, donde haya perspectiva, porque muchas veces entregamos los recursos y al final no hay no producimos nada”, sentenció Interián.

ED: EG

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