Ataques a infraestructuras llevan a Ucrania su mayor emergencia humanitaria

Andrii Melnyk, representante permanente de Ucrania ante la ONU, detalla la situación humanitaria sin precedentes en su país, el 12 de enero, durante la reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre el mantenimiento de la paz y la seguridad en ese país europeo. Imagen: Evan Schneider / ONU

NACIONES UNIDAS – Tras casi cuatro años de invasión a gran escala por parte de Rusia, Ucrania se enfrenta a otro invierno marcado por el sufrimiento humanitario generalizado y los continuos ataques indiscriminados.

Los últimos meses de 2025 fueron especialmente inestables, caracterizados por bombardeos rutinarios de zonas densamente pobladas y ataques repetidos contra barrios residenciales, infraestructuras civiles críticas e instalaciones humanitarias.

A medida que las hostilidades se extendían a nuevos territorios durante el último año, las necesidades humanitarias aumentaron considerablemente, con muchas comunidades devastadas por la guerra residiendo en zonas inhabitables.

Según cifras de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh), al menos 55 600 civiles han resultado muertos o heridos desde el inicio de la invasión de febrero, el 22 de febrero de 2022.

Solo en los últimos meses de 2025 se registraron 157 civiles muertos y 888 heridos en toda Ucrania y las zonas ocupadas por Rusia.

Además, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) informa de que más de 3,7 millones de personas se han visto desplazadas internamente desde la invasión.

Otras cifras de Acnudh indican que 2025 fue el año más mortífero para los civiles desde el inicio de la invasión.

La Misión de Observación de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ucrania (HRMMU, en inglés) puntualizó que 2514 civiles murieron y 12 142 resultaron heridos como consecuencia directa de la violencia relacionada con el conflicto.

Esto supone un aumento de 31 % con respecto a 2024.

«Ese aumento de 31 % en el número de víctimas civiles en comparación con 2024 representa un marcado deterioro de la protección de la población civil», afirmó Danielle Bell, jefa de la HRMMU.

Y añadió: «Nuestro seguimiento muestra que este aumento se debió no solo a la intensificación de las hostilidades en el frente, sino también al uso cada vez mayor de armas de largo alcance, que expusieron a la población civil de todo el país a un mayor riesgo».

La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (Ocha) informa que aproximadamente 10,8 millones de personas en toda Ucrania necesitan ayuda humanitaria urgente, de las cuales 3,6 millones han sido identificadas como especialmente vulnerables y prioritarias en las operaciones de socorro.

La Ocha subraya el agravamiento de las condiciones humanitarias en los últimos meses y señala que las zonas del frente y las regiones fronterizas del norte se enfrentan a mayores índices de bombardeos militares, destrucción de infraestructuras civiles, desplazamientos masivos de civiles y repetidas interrupciones de los servicios esenciales.

Los civiles que residen en las zonas ocupadas por la Federación de Rusia siguen estando en gran medida aislados de los servicios esenciales y las medidas de protección, y se enfrentan a un mayor riesgo de sufrir graves violaciones de los derechos humanos.

Según Matthias Schmale, coordinador humanitario de las Naciones Unidas para Ucrania, el país se encuentra actualmente en medio de una grave crisis de protección, caracterizada por la rápida disminución de los recursos humanitarios, el constante aumento de la inseguridad y la ausencia de indicios de que 2026 vaya a ser más seguro para los civiles o el personal de ayuda humanitaria.

«La naturaleza de la guerra está evolucionando: el aumento de los ataques con drones y los ataques de largo alcance incrementan los riesgos para los civiles y los trabajadores humanitarios, al tiempo que causan daños sistemáticos a los servicios de energía, agua y otros servicios esenciales», afirmó Schmale.

Las primeras semanas de 2026 fueron testigo de una fuerte escalada de los ataques selectivos contra infraestructuras civiles, en particular contra los sistemas de agua y energía.

Según las cifras del Centro Global para la Responsabilidad de Proteger, entre el 8 y el 9 de enero, las autoridades rusas lanzaron 242 drones y 36 misiles hacia Ucrania.

Estos ataques alcanzaron la ciudad portuaria de Odesa, interrumpiendo el suministro de electricidad y agua allí y en las ciudades de Dnipro y Zaporizhzhia. Los ataques también paralizaron las comunicaciones móviles y el transporte público, lo que llevó al alcalde de Dnipro a declarar el estado de emergencia.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, informó sobreque Rusia había lanzado aproximadamente 1300 drones solo entre el 11 y el 18 de enero.

Durante los dos días siguientes, más de 300 drones atacaron las regiones de Járkov, Zaporizhia, Sumy, Dnipro, Odesa y Khmelnytskyi, causando la muerte de dos civiles y heridas a decenas de personas.

El 19 de enero, Rusia lanzó una serie de ataques contra instalaciones energéticas en Ucrania, lo que provocó el corte del suministro de calefacción y electricidad en numerosas zonas urbanas importantes, entre ellas Odesa y Kiev, la capital.

El alcalde de Kiev informó a los periodistas de que aproximadamente 5635 edificios residenciales de varios pisos se quedaron sin calefacción a la mañana siguiente, 80 % de los cuales solo acababan de recuperar el acceso a la calefacción tras prolongados cortes causados por un ataque similar el 9 de enero.

«Los civiles están sufriendo las consecuencias de estos ataques. Solo pueden calificarse de crueles. Deben cesar. Atacar a civiles e infraestructuras civiles es una clara violación de las normas de la guerra», lamentó el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk.

Según cifras de la Oficina de la ONU en Ucrania, cientos de miles de familias en toda Ucrania carecen de acceso a calefacción, lo que supone una situación especialmente grave dado que persisten las temperaturas bajo cero.

Numerosas comunidades de Kiev tampoco tienen acceso al agua, lo que tiene consecuencias desastrosas para los más vulnerables, incluidos los niños, los ancianos y las personas con discapacidad.

«Para la población de Druzhkivka y de muchas comunidades situadas en la línea del frente, la vida cotidiana se ve ensombrecida por la violencia y los intentos de sobrevivir», dijo Schmale.

Además, explicó, «el estricto toque de queda les obliga a salir solo unas pocas horas al día, organizando sus vidas en función de los bombardeos y del aumento del riesgo de ataques con drones».

«Se enfrentan a decisiones difíciles: huir en busca de seguridad, dejando atrás sus hogares y sus vidas, o permanecer bajo bombardeos constantes», dijo el coordinador humanitario de la ONU en Ucrania.

La oficina de la ONU en Ucrania subrayó que» las consecuencias para la población civil serán duraderas, incluso cuando se alcance un fin definitivo de las hostilidades».

Además, resaltó, el impacto de la guerra «sobrevivirá mucho más allá de la actual fase de emergencia y humanitaria».

El daño psicosocial es generalizado, y se han registrado graves problemas de salud mental entre adultos, niños, excombatientes y sus familias, muchos de los cuales han sufrido desplazamientos, daños o destrucción de sus hogares y exposición repetida a explosiones y bombardeos.

La presión sobre los sistemas de salud y educación de Ucrania agrava estos efectos, y la ONU en Ucrania advierte de que las «fracturas en la cohesión social» marcarán el país durante los próximos años.

En respuesta a ello, las Naciones Unidas y sus socios pusieron en marcha este mes el Plan de Necesidades Humanitarias y Respuesta 2026 para proporcionar apoyo vital a las comunidades afectadas, con el objetivo de llegar a 4,1 millones de personas este año.

El plan incluye operaciones para suministrar alimentos, atención sanitaria, servicios de protección, asistencia en efectivo y otras necesidades esenciales a las comunidades asediadas, para lo que se necesitan 2300 millones de dólares.

«Insto a todos los socios humanitarios, de desarrollo y gubernamentales a que trabajen juntos en torno a nuestros valores compartidos y las prioridades estratégicas clave identificadas, respetando el papel distintivo de la acción humanitaria basada en principios y reconociendo dónde deben liderar otros», dijo Schmale.

Y añadió: «Pedimos a nuestros donantes que mantengan una financiación flexible y predecible para que podamos responder rápidamente a nuevas crisis, al tiempo que mantenemos los servicios esenciales para aquellos que aún no pueden valerse por sí mismos».

T: MF / ED: EG

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