WASHINGTON – La Organización Panamericana de la Salud (OPS) lanzó este viernes 29 un llamado a reforzar la vigilancia frente al brote de chikunguña en América del Sur, que ha enfermado a más de 200 000 personas este año, así como ante la circulación sostenida del virus Oropouche en todo el hemisferio.
Hasta el 9 de agosto de 2025, 14 países de América reportaron 212 029 casos sospechosos de chikunguña y 110 muertes. Más de 97 % de los casos se concentraron en América del Sur.
En 2024, se notificaron 431.417 casos y 245 defunciones, lo que representa una disminución en 2025, aunque con brotes focalizados activos.
En paralelo, en los primeros siete meses de este año se han notificado más de 12 700 casos confirmados de Oropouche en 11 países de la región, incluidos casos autóctonos en Brasil, Colombia, Cuba, Panamá, Perú y Venezuela.
Chikunguña es una enfermedad viral transmitida principalmente por el mosquito Aedes aegypti. Provoca fiebre alta, sarpullido, dolor muscular y articular severo, que puede durar meses o incluso años y causar discapacidad.
En algunos casos, puede derivar en manifestaciones graves como choque, meningoencefalitis o síndrome de Guillain-Barré (enfermedad autoinmunitaria, con ataque al sistema nervioso), con mayor riesgo de muerte en menores de cinco años, adultos mayores, embarazadas y personas con enfermedades preexistentes.
No existe tratamiento específico y el enfoque está puesto en evitar las picaduras.
El virus Oropouche, por su parte, se transmite principalmente por el jején Culicoides paraensis , aunque el mosquito Culex quinquefasciatus también podría estar involucrado.
Provoca fiebre, dolor de cabeza y muscular, y en algunos casos manifestaciones neurológicas. No existe vacuna ni antivirales específicos para este virus; el tratamiento es sintomático.
La OPS advirtió de que la circulación simultánea de estas y otras arbovirosis aumenta el riesgo de brotes, complicaciones y muertes en poblaciones vulnerables.
Este año los brotes más grandes de chikunguña, también conocida como chikunguya, se han concentrado en América del Sur, especialmente en Bolivia, Brasil y Paraguay, y en partes del Caribe. Están asociados a los genotipos asiático y Ecsa (de África oriental, central y del sur), lo que refleja una evolución del patrón observado desde 2014.
Casos en el océano Índico, Europa y Asia también elevan el riesgo de reintroducción y propagación en nuevas áreas con condiciones favorables para la transmisión.
El chikunguña ha circulado en África, Asia y el subcontinente indio durante décadas. En 2007 se detectó en Italia y en 2013 llegó a las Américas.
En América el genotipo asiático predominó entre 2014 y 2017. Sin embargo, la presencia del genotipo Ecsa en al menos cuatro países preocupa por su cocirculación con el asiático y posible adaptación.
Para la OPS “comprender los linajes genéticos del chikunguña es esencial para anticipar la dinámica de transmisión y orientar las intervenciones de salud pública”.
El chikunguña mantiene un patrón estacional: en el hemisferio sur, los casos predominan en la primera mitad del año (época de lluvias), mientras que, en América Central, México y el Caribe tienden a incrementarse en la segunda mitad. Sin embargo, en 2025, el aporte de estas subregiones ha sido bajo.
En el caso del Oropouche, su transmisión históricamente se concentraba en zonas de la Amazonia, pero en 2024 y 2025 se ha observado una expansión hacia áreas previamente no afectadas.
Esta expansión subraya la necesidad de fortalecer la vigilancia, incorporando análisis espaciales y temporales, así como herramientas geoespaciales para detectar cambios en la distribución de los vectores y casos, plantea la OPS.
Recomienda en primer lugar reforzar la detección oportuna de casos y eliminar criaderos de mosquitos en zonas de alto riesgo, como escuelas y centros de salud.
También aconseja mejorar el diagnóstico, especialmente en los primeros cinco días de síntomas, mediante pruebas moleculares como la PCR, y capacitar al personal de salud para el manejo adecuado de casos agudos y crónicos.
En el caso de Oropouche, se sugiere incluirlo en el diagnóstico diferencial de dengue en la primera semana de síntomas, y considerar posibles complicaciones neurológicas en fases posteriores, como meningitis o encefalitis.
Hasta un 60 % de los pacientes podrían experimentar recaídas de síntomas. Por ello, se recomienda monitorear los casos y realizar investigación en casos fallecidos.
El control de Culicoides paraensis requiere acciones específicas, como eliminar encharcamientos, rellenar o drenar cuerpos de agua temporales, y desmalezar áreas alrededor de las viviendas, para reducir los sitios de cría y reposo del vector.
Finalmente, la OPS asienta que la participación comunitaria es clave para reducir la proliferación de mosquitos.
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