Temor por los bosques de Kenia ante desarrollismo y corrupción del gobierno

Dos conservacionistas preparan plántulas de árboles para impulsar la reforestación, en medio de la creciente y generalizada preocupación en Kenia por la pérdida de sus bosques. Imagen: Joyce Chimbi / IPS

NAIROBI – Tras el polémico levantamiento de una moratoria de seis años de tala en los bosques públicos y comunitarios de Kenia por parte del gobierno, en julio de 2023, se ven con frecuencia camiones transportando troncos de árboles en las principales carreteras, haciendo caso omiso de la creciente preocupación de los ambientalistas.

Con solo 12 % de cubierta arbórea y 8,8 % de cubierta forestal, Kenia es uno de los países menos boscosos de África. De las 1100 especies de árboles nativos del país, 10 % ya está en peligro de extinción.

«El gobierno de Kenia habla mucho sobre el cambio climático e incluso organizó la primera Cumbre Climática de África en septiembre de 2023, tan solo dos meses después de levantar la prohibición temporal de la tala, impuesta en 2018 para detener la deforestación generalizada que se estaba produciendo en ese momento», dijo la IPS la ecologista Auma Lynn Onyango, integrante de Mbunge La Mwananchi (Parlamento del Pueblo), un movimiento social a favor de los pobres

Las consecuencias fueron inmediatas en este país de África oriental que sobrepasa los 53 millones de habitantes.

El Instituto de Investigación Forestal de Kenia (Kefri, en inglés) informó de que se talaron seis millones de eucaliptos en solo seis meses, de enero a junio de 2024, para exportar madera procesada a China e India.

La pérdida equivale a cinco bosques de Karura, que tiene una extensión de 1041 hectáreas. Se trata de un bosque urbano protegido y uno de los más grandes del mundo entre los que se encuentran íntegramente dentro de una ciudad, en este caso Nairobi, la capital que se va acercando a los seis millones de habitantes y de la que es su gran pulmón.

La cubierta forestal de Kenia está disminuyendo significativamente, con informes que indican una disminución continua de la cubierta forestal a lo largo de los años.

Este país de África Oriental ha caído por debajo del objetivo de contar con 10 % de cubierta forestal como requisito mínimo econsagrado en la Constitución keniana, sancionada en 2010.

En medio de los crecientes temores de que las maravillosas selvas del país estén desapareciendo con año a año, la situación ha empeorado a medida que los planes de desarrollo del gobierno destruyen los bosques y sus ecosistemas, lo que pone al país en rumbo de colisión con el cambio climático.

Onyango dijo que el bosque de Karura es ahora uno de los varios espacios forestales de valor clave que están en peligro, ya que el gobierno da prioridad al desarrollo sobre la protección del medioambiente.

Otros son el bosque de Suam, en el condado de Trans Nzoia, el bosque de Aberdare, que se extiende a lo largo de cuatro condados, incluidos Nyandarua, Nyeri, Murang a, Kiambu y Laikipia, en la cordillera de Aberdare, y el bosque de Oloolua, que se alarga por los límites de los condados de Nairobi y Kajiado.

El gobierno planea destinar 20 hectáreas del bosque de Suam a la construcción de una ciudad fronteriza y un proyecto de viviendas para apoyar un puesto fronterizo único con la vecina Uganda.

En 2020, el gobierno del condado de Nyandarua propuso vender 66 hectáreas del bosque de Aberdare para ampliar un municipio local y para la explotación lechera.

El gobierno nacional también proyecta ampliar y asfaltar un camino de tierra a través de la cordillera de Aberdare, que actualmente está siendo considerada para ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco por su paisaje único, sus diversos ecosistemas y su importante biodiversidad, que incluye especies raras como el antílope bongo de montaña.

El proyecto está actualmente suspendido por una orden judicial. Esa llamada Orden de Conservación se amplió para proteger también al Parque Nacional y el Bosque de Aberdare.

Además, el gobierno tiene la intención de tomar 21 hectáreas del bosque de Karura para la ampliación de carreteras. El plan fue igualmente detenido por el Tribunal de Medio Ambiente y Tierras en diciembre de 2024, en una sentencia judicial que respondió a una querella del del Movimiento Cinturón Verde para paralizar ese desarrollo.

Pero parece que algo muy pernicioso e ilegal está sucediendo en el mismo bosque urbano de Karura.

«Cuando los personas que corren por el bosque notaron por primera vez una tala significativa de árboles y llevaron el asunto a las redes sociales, el Servicio Forestal de Kenia respondió y dijo que solo están quitando árboles viejos y que esto también estaba sucediendo en el bosque de Thogoto, en el colindante condado de Kiambu, para rejuvenecer el bosque», contó a IPS Job Kamau, un activista con sede en Nairobi.

Pero consideró que «nos están engañando. Eso pasó en octubre de 2024 y hasta ahora, se están retirando los árboles exóticos y aún no hemos visto actividades de replantación de árboles en estas zonas».

Kamau afirma que la situación del bosque de Oloolua puso de manifiesto la doble moral que define la posición del gobierno en materia de protección, conservación y preservación del medioambiente.

Puede leer aquí la versión en inglés de este artículo.

La Asociación Forestal Comunitaria de Oloolua fue la primera en informar de un aumento de las actividades ilegales en el interior del bosque, que cuenta con aproximadamente 378 hectáreas de bosque endémico, 113 hectáreas de bosque degradado y 156 hectáreas de plantación de eucaliptos.

Al parecer, se acaparó una parte de los terrenos forestales de Oloolua y se emitieron títulos de propiedad a altos funcionarios del gobierno y otros dirigentes políticos.

La comunidad de Oloolua protestó y dio la voz de alarma en abril de 2024, al denunciar  que personas de alto rango en el gobierno y el parlamento se habían apropiado de no menos de 27 hecáreas de terrenos forestales.

Como resultado de la protesta pública, el Servicio Forestal de Kenia detuvo la construcción de un muro perimetral en el bosque de Oloolua, no se sabe con que intenciones.

Kamau afirmó: «Las agencias gubernamentales pertinentes fingieron no saber quién había concedido títulos de propiedad y permisos para permitir la construcción, y la investigación que nos prometieron sobre estas actividades ilegales aún no ha dado resultados siete meses después».

Para peor, recordó, los títulos de propiedad y los permisos de construcción son emitidos por agencias gubernamentales.

«En ese mismo 2024, un promotor, y de nuevo el gobierno no tiene ni idea de su identidad, estaba trazando el plano y comenzando la construcción de un restaurante y un club de golf en el bosque de Ngong, otro terreno forestal declarado de interés público en el condado de Kajiado, cerca del bosque de Oloolua», añadió.

Kimeli Winston, residente de Ngong y conservacionista comunitario, afirma que altos funcionarios del gobierno han demostrado un apetito sin precedentes por la tierra.

«Después de apoderarse de terrenos públicos en espacios abiertos reservados para instituciones públicas como escuelas y otras instalaciones comunitarias como parques infantiles, han vuelto a nuestros bosques. Ahora creemos que echaron a las comunidades forestales para hacerse un hueco», denuncióa IPS.

Los datos de Global Forest Watch muestran que, de 2001 a 2023, Kenia perdió 2,32 hectáreas de cubierta arbórea debido a los incendios y 384 hectáreas debido a otros factores de pérdida. El año con mayor pérdida de cubierta arbórea debido a los incendios durante este período fue 2022, con 190 hectáreas perdidas por las llamas,  2,9 % de toda la pérdida de cubierta arbórea de ese año.

A este ritmo y con el levantamiento de la moratoria sobre la tala y los planes gubernamentales de desarrollo en tierras forestales, los majestuosos bosques de Kenia acabarán confinados a los libros de la historia, se alimentan ambientalistas y pobladores de las comunidades cercanos a tierras forestales.

T: MF / ED: EG

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