Ocultos y en cascada, la covid trajo nuevos riesgos

Una mujer camina en un área inundada al este de Yakarta, la capital de Indonesia, objeto de un estudio de la Universidad de las Naciones Unidas para determinar los riesgos y daños en toda la sociedad acelerados por la covid pero mucho más allá de la pandemia. Foto: Arimacs Wilander/Unicef

NACIONES UNIDAS – La covid-19 desencadenó riesgos interrelacionados en todo el mundo, en particular sobre las personas vulnerables, estableció un nuevo estudio de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU) y la Oficina de la ONU para la Reducción de Riesgos de Desastres, divulgado este lunes 4.

La pandemia “debe ser una llamada de atención para todos nosotros. Necesitamos analizar los riesgos de manera más integral, especialmente en aquellas conexiones de riesgo que no son evidentes a primera vista”, expresó la vicerrectora de la UNU en Europa, Shen Xiaomeng.

Desde la bulliciosa ciudad de Guayaquil, en Ecuador, hasta los manglares de Bengala Occidental en India, y desde el archipiélago de Indonesia hasta las costas tropicales de Togo en el oeste africano, los riesgos sistémicos asociados a la covid son expuestos en el informe “Repensar los riesgos en tiempos de covid-19”.

Millones de personas que ya tenían dificultades para llegar a fin de mes, que a menudo trabajaban en la economía informal del sector agrícola y que sobrevivían por debajo del umbral de pobreza, tuvieron que hacer frente a una serie de nuevos riesgos que no podrían haber previsto.

Entre ellos la falta de empleo, el endeudamiento, la violencia civil y doméstica, el descarrilamiento de la educación de los hijos, y menores oportunidades. En muchos lugares, las mujeres sufrieron de forma desproporcionada debido a los prejuicios de género existentes en la sociedad.

En cada uno de cuatro lugares estudiados -se hicieron cinco investigaciones de campo en 2021, por el Instituto de Medio Ambiente y Seguridad Humana de la UNU- se observa un efecto cascada o dominó que se extendió por las sociedades mucho más allá de los efectos inmediatos de la pandemia misma.

Se concluye que “nuestro mundo está interconectado a través de sistemas que vienen con riesgos asociados y volátiles que han revelado, y reforzado, las vulnerabilidades en toda la sociedad”.

En la ciudad portuaria ecuatoriana de Guayaquil, por ejemplo, las familias que ya vivían hacinadas sufrieron más las órdenes de permanecer en casa que las que se encontraban en situaciones de vida más favorables.

El sistema sanitario de la ciudad llegó a un punto de inflexión en cuestión de semanas, después de que se detectó el primer caso en febrero de 2020, lo que provocó que un elevado número de cadáveres quedara sin atender en hospitales y residencias, así como en las calles.

Las imágenes de cadáveres acumulados en las calles que circularon por los medios de comunicación de todo el mundo mostraban lo que ocurría cuando la covid llegaba a zonas urbanas densamente pobladas.

Según la UNU, antes de la covid la interrelación de tales riesgos no era evidente en nuestra vida cotidiana, tampoco la naturaleza sistémica de estos riesgos, es decir, cómo afectaban, o pueden afectar potencialmente, a sociedades enteras más allá del problema mismo.

Otros ejemplos de esa interrelación se ven en cómo el cambio climático, los desastres naturales y, más recientemente, las consecuencias mundiales de la guerra en Ucrania, “evidencian que nuestro mundo depende de una red compleja, a menudo frágil, de factores interdependientes”, apuntó el estudio.

“Si se desestabiliza, puede tener efectos devastadores en sociedades enteras”, agregó.

Por ejemplo, al ser Ucrania y Rusia de los principales productores mundiales de cereales y fertilizantes, uno de los efectos indirectos de la guerra se observa en el aumento de los precios mundiales de los alimentos.

Esto ha resultado en un incremento de los costos de vida para quienes pueden pagarlos y empuja a los que no pueden hacerlo a una mayor inseguridad alimentaria, subrayó el estudio.

Si la aparición de la covid obligó a ampliar la perspectiva de los riesgos sistémicos, la buena noticia es que ha ampliado su comprensión y la forma de abordarlos.

La primera medida a adoptar “es entender cómo están conectadas las cosas. Los efectos en cascada originados por la covid permitieron detectar la correlación que existe en muchos de esos sistemas y evaluar si funcionan según lo previsto”.

Otra consiste en identificar las contrapartidas implícitas en las políticas: varias medidas impuestas por la covid, como los cierres de escuelas, las solicitudes de confinamiento o las restricciones de viaje, han tenido efectos generalizados.

Esto pone de manifiesto la necesidad de valorar y evaluar las posibles contrapartidas y los efectos en cascada que conlleva introducir esas medidas, ya que pueden tener repercusiones inesperadas y agravar las vulnerabilidades existentes en la sociedad.

Una tercera medida es “centrarse en los procesos de recuperación del sistema sin dejar a nadie atrás”.

Por ejemplo, “en el contexto de la pandemia, eso se hizo realidad con la creación de puestos de trabajo que siguió a las prestaciones de asistencia financiera por parte de gobiernos, organizaciones benéficas y ONG, o los avances en la digitalización que siguieron a las medidas de confinamiento domiciliarios”.

A-E/HM

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