Los precios fijados al carbono generan 84 000 millones de dólares

La generación de electricidad es una de las actividades que conlleva mayor emisión de gases de efecto invernadero. Una herramienta para limitar esas emisiones son la fijación de precios y los impuestos al carbono, generando recursos que pueden mejorar la resiliencia de las comunidades. Foto: Koiji Tsuru/Unsplash.

WASHINGTON – Los ingresos mundiales derivados de la fijación del precio al carbono aumentaron casi 60 por ciento en 2021 respecto de los niveles de 2020 y llegaron a 84 000 millones de dólares, de acuerdo con un informe sobre situación y tendencias en la materia elaborado por el Banco Mundial.

“El año pasado se observaron algunas señales muy positivas, como el aumento significativo de los ingresos, que se pueden invertir en las comunidades, y el apoyo a la transición hacia un bajo nivel de emisiones de carbono”, expresó Bernice Van Bronkhorst, directora global de Cambio Climático del Banco Mundial.

La entidad considera que se trata de “una importante fuente de fondos para ayudar a respaldar una recuperación económica sostenible, financiar reformas fiscales más amplias o invertir en las comunidades como parte de la transición a un futuro con bajas emisiones de carbono”.

El dióxido de carbono (CO2) es el principal gas del efecto invernadero que lleva al calentamiento del planeta y sus emisiones se generan sobre todo en la actividad manufacturera, la generación de electricidad, la producción y el consumo de combustibles para el transporte, la minería, la agricultura y los incendios.

El informe muestra que en la actualidad hay 68 instrumentos directos para la fijación de precios al carbono: 36 impuestos y 32 sistemas de comercio de derechos de emisión, tras sumarse medidas adoptadas en Uruguay, en el estado de Oregon (Estados Unidos) y en las provincias canadienses de Ontario y Nuevo Brunswick.

Naciones que practican algún método de fijación de precio al carbono son Argentina Canadá, Chile, China, Colombia, Dinamarca, Japón, Kazajstán, Corea, México, Nueva Zelanda, Noruega, Singapur, Sudáfrica, Suecia, Reino Unido, Ucrania y los 27 Estados de la Unión Europea.

Otros países que están considerando unirse a ellos incluyen Brasil, Brunei, Indonesia, Pakistán, Rusia, Serbia, Tailandia, y Turquía, y Vietnam, y el último año están en marcha procesos en Botsuana, Israel y Malasia, indicó el Banco Mundial.

En la Organización Marítima Internacional (OMI) también se estudia poner un precio sobre las emisiones de las actividades de transporte marítimo internacional.

Los tipos principales de fijación del precio del carbono son el régimen de comercio de derechos de emisión (ETS, en inglés), y los impuestos sobre el carbono.

Los ETS ponen un techo al nivel total de emisiones de gases de efecto invernadero, y luego se permite que aquellas industrias con bajas emisiones vendan los derechos de emisión que les sobran a emisores más grandes.

Mediante la creación de oferta y demanda de derechos de emisión, un ETS establece un precio de mercado de las emisiones, y el límite ayuda a garantizar que las reducciones de emisiones necesarias se llevarán a cabo para mantener a los emisores  dentro de su presupuesto de carbono asignado.

Con los impuestos se establece directamente un precio del carbono, mediante la definición de una tasa impositiva sobre las emisiones de gases de efecto invernadero o sobre el contenido de carbono de los combustibles empleados.

El banco indicó que el año pasado los precios del carbono alcanzaron máximos históricos en muchas jurisdicciones, como la Unión Europea, California (Estados Unidos), Nueva Zelanda, Corea del Sur, Suiza y Canadá.

En el mercado bursátil de Londres las emisiones de carbono se cotizaban, al cierre del año 2021, alrededor de 90 dólares la tonelada.

Sin embargo, el informe destaca que actualmente menos de cuatro por ciento de las emisiones mundiales están alcanzadas por un precio directo del carbono que se ubique en el rango que se necesitará en 2030 para lograr el objetivo de temperatura del Acuerdo de París.

El Acuerdo de París compromete a la casi totalidad de los Estados a reducir las emisiones de CO2 de modo que la temperatura global no se eleve más de 1,5 grados centígrados sobre los niveles preindustriales, el período 1850-1900.

A la vista de los buenos ingresos en la materia el año pasado, Van Bronkhorst resaltó que “ahora es importante aprovechar este impulso y aumentar tanto la cobertura como los niveles de precios, para liberar todo el potencial de la fijación del precio al carbono, de modo de apoyar una descarbonización inclusiva” en el planeta.

En ese sentido, el informe llamó la atención acerca del aumento de los precios de la energía en lo que va de 2022, como un desafío y a la vez oportunidad para por ejemplo dar un enfoque transfronterizo a la fijación de los precios al carbono.

A-E/HM

 

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