Las sanciones son ahora armas de inanición masiva

Este es un artículo de opinión de Anis Chowdhury y Jomo Kwame Sundaram. Chowdhury es un exprofesor de economía de la Universidad Occidental de Sídney y ocupó altos cargos en la ONU entre 2008 y 2015 en Nueva York y Bangkok. Kwame Sundaram es un exprofesor de economía y ex secretario general adjunto de la ONU para el Desarrollo Económico.

Imagen: Bigstock

SÍDNEY / KUALA LUMPUR – Las sanciones económicas de Estados Unidos y sus aliados contra Rusia por su invasión ilegal a Ucrania y la guerra desatada en ese país no han logrado sus objetivos declarados. Por el contrario, están empeorando el estancamiento económico y la inflación en todo el mundo. Peor aún, están exacerbando el hambre, especialmente en África.

Las sanciones son de doble sentido

A menos que sean aprobadas por el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (CSNU), las sanciones no están autorizadas por el derecho internacional. Con el veto de Rusia en el CSNU, las sanciones unilaterales de Estados Unidos y sus aliados han aumentado tras la invasión de Ucrania.

Entre 1950 y 2016, las sanciones comerciales globales redujeron el comercio bilateral entre los países sancionadores y sus víctimas en 77 % de media. Estados Unidos ha impuesto más regímenes de sanciones, y durante más tiempo, que cualquier otro país.

La imposición unilateral de sanciones se ha acelerado en los últimos 15 años. Durante el periodo 1990-2005, Washington impuso alrededor de un tercio de los regímenes de sanciones en todo el mundo, y la Unión Europea (UE) también tuvo un peso significativo.

Estados Unidos ha aumentado el uso de sanciones desde 2016, imponiéndolas a más de 1000 entidades o individuos anualmente, en promedio, de 2016 a 2020 casi 80 % más que en 2008-2015. La administración de Donald Trump (2017-2021) durante su único mandato cuatrienal, aumentó las nuevas sanciones de Estados Unidos hasta representar casi la mitad de todas, mientras antes solo suponían un tercio del total mundial.

Durante enero-mayo de 2022, 75 países aplicaron 19m268 medidas comerciales restrictivas. Dichas medidas sobre los alimentos y los fertilizantes (85 %) superan ampliamente a las relativas a las materias primas y los combustibles (15 %).

Con esta ola sancionadora, no es de extrañar que el mundo se enfrente ahora a una menor oferta y a un aumento de los precios de los combustibles y los alimentos.

En paralelo, las autoridades monetarias han subido los tipos de interés para frenar la inflación, pero estos esfuerzos no abordan las principales causas de la subida de precios actual. Peor aún, es probable que profundicen y prolonguen el estancamiento, aumentando la probabilidad de estanflación.

Se suponía que las sanciones iban a poner a Rusia de rodillas. Pero menos de tres meses después de la caída del rublo, su tipo de cambio ha vuelto a los niveles de antes de la guerra, saliendo de los escombros del rublo prometidos por los belicistas económicos occidentales. Con suficiente apoyo público, el régimen de Moscú no tiene prisa por someterse a las sanciones.

Sanciones aceleran precios de los alimentos

La guerra y las sanciones son ahora los principales impulsores del aumento de la inseguridad alimentaria. Rusia y Ucrania producen casi un tercio de las exportaciones mundiales de trigo, casi 20 % de las de maíz y cerca de 80 % de las de semillas de girasol, incluido el aceite. Los bloqueos del transporte marítimo en el mar Negro han contribuido a mantener bajas las exportaciones de los dos países.

Anis Chowdhury

Todo ello ha hecho subir los precios mundiales de los cereales y las semillas oleaginosas, elevando el coste de los alimentos para todos. Entre enero de 2021 y el 19 de mayo pasado, el Índice de Precios Agrícolas subido 42 %, con 91 % de incremento en los precios del trigo y 55 % en los del maíz, dos cereales básicos para la alimentación mundial.

Las Perspectivas de los Mercados de Productos Básicos del Banco Mundial, de abril de 2022, señalan que la guerra en Ucrania ha cambiado la producción, el comercio y el consumo mundiales. Prevé que los precios sean históricamente altos, al menos hasta 2024, lo que agravará la inseguridad alimentaria y la inflación.

Las sanciones occidentales sobre el petróleo ruso han aumentado considerablemente los precios de la energía. Tanto Rusia como su aliado, Bielorrusia, también afectado por las sanciones económicas, son los principales proveedores de fertilizantes agrícolas, incluyendo 38 % de los fertilizantes potásicos, 17 % de los fertilizantes compuestos y 15 % de los fertilizantes nitrogenados.

Los precios de los fertilizantes se dispararon en marzo, subiendo casi 20 % respecto a los dos meses anteriores, y casi tres veces más que en marzo de 2021. Un menor suministro a precios más elevados hará retroceder la producción agrícola durante años.

Con una agricultura menos sostenible, por ejemplo, debido al recalentamiento planetario, las sanciones están reduciendo aún más la producción y los ingresos, además de aumentar los precios de los alimentos a corto y mediano plazo.

Las sanciones perjudican más a los pobres

Incluso cuando son supuestamente selectivas, las sanciones son instrumentos contundentes, que a menudo generan consecuencias imprevistas, a veces contrarias a lo esperado. Por ello, las sanciones no suelen alcanzar los objetivos que se proponen.

Muchos países pobres y con inseguridad alimentaria son grandes importadores de trigo de Rusia y Ucrania. El dúo suministró 90 % de las importaciones de Somalia, 80 % de las de la República Democrática del Congo y cerca de 40 % de las de Yemen y Etiopía.

Jomo Kwame Sundaram
Jomo Kwame Sundaram

Parece que el bloqueo financiero a Rusia ha perjudicado más a sus vecinos de Asia Central, más pequeños y vulnerables: 4,5 millones de uzbekos, 2,4 millones de tayikos y casi un millón de kirguises trabajan en Rusia. Las dificultades para enviar remesas causan muchas dificultades a sus familias en sus hogares originarios.

Aunque no fue su intención declarada, las medidas de Estados Unidos durante el periodo 1982-2011 perjudicaron más a los pobres. Los niveles de pobreza en los países sancionados han sido 3,8 puntos porcentuales más altos que en países de situación similar.

Las sanciones también perjudican mucho más a los niños y a otros grupos vulnerables. Las investigaciones realizadas en 69 países revelaron que las sanciones reducen el peso de los bebés y aumentan la probabilidad de muerte antes de los tres años.

No es de extrañar que se resalte que las sanciones económicas violan la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño.

Un estudio de 98 países menos desarrollados y recientemente industrializados descubrió que la esperanza de vida en los países afectados se reducía en unos 3,5 meses por cada año adicional bajo las sanciones del CSNU.

Así, un episodio medio de cinco años de sanciones aprobadas por el CSNU redujo la esperanza de vida en entre 1,2 y 1,4 años.

Aumento del hambre en el mundo

A medida que se intensifican las polémicas y recriminaciones entre Rusia y la coalición liderada por Estados Unidos sobre el aumento de los precios de los alimentos y el combustible, el mundo se precipita hacia una catástrofe humana apocalíptica . El aumento de los precios, la escasez prolongada y la recesión pueden desencadenar trastornos políticos, o algo peor.

El secretario general de la ONU, António Guterres, ha subrayado: «Tenemos que garantizar un flujo constante de alimentos y energías a través de mercados abiertos, levantando todas las restricciones innecesarias a las exportaciones, dirigiendo los excedentes y las reservas a los necesitados y manteniendo el control de los precios de los alimentos para frenar la volatilidad del mercado”.

A pesar del descenso de las cifras de pobreza del Banco Mundial, el número de desnutridos ha aumentado de 643 millones en 2013 a 768 millones en 2020. Hasta 811 millones de personas padecen hambre crónica, mientras que los que se enfrentan a la inseguridad alimentaria aguda se han duplicado con creces desde 2019, pasando de 135 a 276 millones.

Tras estallar la pandemia de covid-19, la organización humanitaria Oxfam advirtió que el virus del hambre podría resultar aún más mortal. La pandemia ha empujado desde entonces a decenas de millones a la inseguridad alimentaria.

En 2021, cuando aún no había comenzado la guerra de Ucrania, el 24 de febrero, se consideraba que 193 millones de personas de 53 países se enfrentaban a una crisis alimentaria o algo peor. Con la guerra y las sanciones, se espera que 83 millones, o un 43 % más, sean víctimas de ella a finales de 2022.

Las sanciones económicas son el equivalente moderno de los antiguos asedios, que intentan someter a las poblaciones por hambre. Los efectos devastadores de los asedios en el acceso a los alimentos, la salud y otros servicios básicos son bien conocidos.

Los asedios son ilegales según el derecho internacional humanitario. El Consejo de Seguridad ha adoptado por unanimidad resoluciones que exigen el levantamiento inmediato de los asedios, por ejemplo, su Resolución 2139 de 2014 contra el asedio a las poblaciones civiles en Siria.

Pero entre los cinco miembros permanentes del Consejo con derecho a veto están los responsables de la invasión de Ucrania (Rusia) y de la imposición unilateral de sanciones (Estados Unidos, Francia y Reino Unido). Solo China se ha mantenido al margen.

Por lo tanto, el CSNU normalmente no actuará sobre el impacto de las sanciones en miles de millones de civiles inocentes. No parece que nadie vaya a protegerlos contra las sanciones, hoy en día convertidas en armas de inanición masiva.

T: MF / ED: EG

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