La alimentación escolar es ahora la red de seguridad social más grande del mundo

Estudiantes almuerzan en la Escuela Primaria Shivbhawani, en Deulekh, Bajhang, en Nepal. Foto: Maty Logan / IPS

KATMANDÚ  Cuando Canadá y Nepal se usan en la misma oración, generalmente se debe a que el primero apoya los esfuerzos de desarrollo del segundo; pero eso no es así cuando se trata de alimentar a los niños en la escuela.

En todo el mundo, 388 millones de estudiantes, o uno de cada dos escolares, recibían al menos una comida o merienda por día en la escuela antes de la pandemia de covid-19, en lo que el Programa Mundial de Alimentos (PMA), citando al Banco Mundial, llama la “red de seguridad social más amplia” del mundo.

Nepal se encuentra en una posición única porque está cerca de hacerse cargo por completo de la alimentación escolar nacional, porque el PMA dejará de atender en 2024 algunas áreas remotas de este país del sur de Asia que aún gestiona.

Canadá también está en un momento especial porque recién ahora está tomando medidas para crear un programa administrado centralmente, el último del Grupo de los Siete (G7) países más del mundo en hacerlo. De esa manera respaldará el actual mosaico de iniciativas de las provincias.

Las motivaciones para que los gobiernos lancen programas de alimentación escolar varían, pero no están únicamente vinculadas al estatus socioeconómico, dice Donald Bundy, profesor de Epidemiología y Desarrollo y director del Consorcio de Investigación Global para la Salud y Nutrición Escolar, en la Facultad de Higiene y Medicina Tropical de Londres,  en el Reino Unido.

“Casi todos los países ven los programas como una red de seguridad para los más necesitados”, responde Bundy desde Londres a preguntas de IPS, realizadas por correo electrónico.

Y amplía: “Muchos consideran los programas como una contribución a la creación de buena salud y educación y, por lo tanto, de capital humano. Un grupo sustancial reconoce el valor económico local para el sector agrícola. Un número pequeño pero creciente considera importante el aporte a la sostenibilidad ambiental”.

Cuando llegó la covid-19 y las escuelas cerraron sus puertas, aproximadamente 370 millones de estudiantes en 161 países se quedaron sin educación y sin una comida o refrigerio, «privados repentinamente de lo que para muchos era su comida principal del día», dice el informe del PMA “El estado de la alimentación escolar en todo el mundo” de 2020.

En respuesta, los gobiernos, las agencias de desarrollo, los donantes, el mundo académico, el sector privado, las agencias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y las organizaciones de la sociedad civil lanzaron la Coalición Mundial de Comidas Escolares.

Sus principales objetivos son restablecer para 2023 los programas de alimentación escolar perdidos a nivel mundial a causa de la pandemia y, para 2030, lanzar otros nuevos para alimentar a los 73 millones de alumnos a nivel mundial que carecían de alimentación escolar antes de la covid.

Hasta el momento, más de 60 países se han unido a la Coalición, incluido Nepal, pero no Canadá. Su éxito dependerá de las decisiones que tomen los gobiernos, dice Bundy.

“Desde que el Covid afectó las economías, ha habido una contracción del espacio fiscal que hace más difícil volver a la situación original… Pareciera que los países están priorizando esta inversión en sus futuras generaciones, como lo indica la creación de la Coalición, pero esto aún no se ha visto en la práctica”, añade.

Nepal demostró su compromiso con la alimentación escolar ante el Covid-19. De 2017 a 2020, el presupuesto de comidas escolares casi se cuadriplicó, de 20 millones de dólares a casi 70 millones, mientras que la financiación externa cayó de 4,2 millones de dólares a 2,8 millones en 2020, según el informe del PMA.

Hora del almuerzo en la Escuela Básica Janajagriti en Dhangadhi, en Nepal. Foto: Marty Logan / IPS

Curiosamente, no ha habido evaluaciones en Nepal del impacto de la alimentación escolar en el estado nutricional de los estudiantes, dice el PMA.

El Plan de Desarrollo del Sector Escolar del país (2016-2022) exige “almuerzos en las escuelas para reducir el hambre a corto plazo entre los escolares y abordar las deficiencias de micronutrientes a través de alimentos multienriquecidos y diversificando la canasta alimentaria, incluso con productos frescos y producidos localmente”.

Si bien Nepal ha reducido drásticamente la desnutrición en niños menores de cinco años en las últimas décadas, el progreso se ha ralentizado en el último tiempo.

Por ejemplo, la tasa de 36 % de retraso del crecimiento (demasiado bajo para la edad) en 2016 fue mayor que el promedio de los países en desarrollo de 25 % y el promedio de Asia de 21,8 %.

Actualmente,  el programa diya khaja (almuerzo) del gobierno cubre 71 de los 77 distritos y está previsto que el PMA transfiera las operaciones en los seis restantes -ya cofinanciados por el gobierno- para 2024.

Si bien los informes de los medios destacan ejemplos de problemas, como las escuelas que entregan alimentos secos a los estudiantes en lugar de cocinar una comida caliente y la posible corrupción en el manejo del dinero, las reacciones en las escuelas visitadas recientemente en la provincia del Lejano Oeste de Nepal fueron principalmente positivas.

Los funcionarios, maestros y padres enfatizaron que la asistencia había aumentado y que los alumnos permanecían durante todo el día escolar en lugar de ir a almorzar y quedarse en casa.

Diez menús de comidas locales, basados en alimentos estacionales disponibles en regiones particulares y diseñados para cumplir con los objetivos nutricionales, fueron acreditados por el cambio.

“Los estudiantes están más satisfechos ahora porque las comidas cambian a diario. Con el sistema del PMA solo había un producto”, dice el director Dev Bahadur Chand en la escuela básica de Nanigad en el distrito de Baitadi.

Chand fue la única persona con la que IPS dialogó sobre la alimentación escolar que estaba satisfecha con el presupuesto del programa del equivalente a 0,12 dólares por comida y niño, y algo más en distritos remotos.

Otros involucrados consultados dijeron que si bien la cantidad podría cubrir los costos de los alimentos, no dejaba suficiente para pagar una cocinera o las tarifas de combustible y transporte.

En el Centro para la Educación y el Desarrollo de Recursos Humanos, el organismo que gestiona el programa gubernamental, el director Ganesh Poudel reconoce ese problema.

“A cada niño se le asignan solo 15 rupias; este es el principal desafío. Esta cantidad es muy baja, los precios aumentan día a día y hay costos de gestión. ¿Cómo podemos sobrevivir? Tenemos recursos muy limitados”, dice en una entrevista con IPS en su oficina en Katmandú.

El otro gran desafío, dice Poudel, son los recursos humanos.

“Cerca de un millón de personas están involucradas en la preparación y ejecución del programa de alimentación escolar, directa o indirectamente. Unos cocinarán, otros se las arreglarán, otros pagarán… ¿Cómo podemos prepararlos? Requiere una gran cantidad de dinero y preparación”, indica.

Si bien el PMA dejará de implementar el programa desde 2024,  seguirá siendo un socio en el esfuerzo, dice a IPS el representante y director nacional de Nepal de la agencia, Robert Kasca.

Actualmente, por ejemplo, trabaja con el gobierno para mejorar los recursos físicos y humanos para la alimentación escolar en el distrito de Nuwakot, a dos horas en auto desde Katmandú. Se están renovando las cocinas, elaborando menús y se está probando un sistema basado en SMS para monitorear cómo se gasta la asignación por comida y escolar.

“Nuestro plan en los próximos cinco años será intentar replicarlo en todo el país”, dice Kasca. “Si solo lo hacemos en Nuwakot, no sucederá automáticamente en todo el territorio nacional. Necesitamos hacerlo en muchos más lugares para comenzar a ganar impulso”, explica.

Estudiantes de la escuela comunitaria James S. Bell en Etobicoke, en la ciudad canadiense de Ontario, donde tienen un programa de almuerzo estilo barra de ensaladas, desarrollado por primera vez en el sur de California. Foto: Laura Berman/ FoodShare/ Greenfuse

En Canadá, el problema no es lanzar más programas de alimentación escolar, sino lograr que el gobierno central desempeñe un papel orientador, dice Debbie Field, coordinadora de la Coalición para una Alimentación Escolar Saludable.

¿Por qué ahora? “Básicamente, todos los países del Norte (industrial) se enfrentan a una nueva crisis, que es la crisis de la comida rápida y la de los problemas de salud relacionados con un sistema alimentario industrializado”, explica Field.

“Lo primero y más importante para mí es (la existencia de) una crisis alimentaria y la forma en que  padres de todo tipo de ingresos están realmente luchando para alimentar a sus hijos con productos saludables”, añade.

En comparación con 1948, cuando el gabinete federal discutió por última vez las comidas escolares, “tenemos una gran diferencia en las tasas de participación de las mujeres en la fuerza laboral y un turno completo en nuestra jornada escolar: la mayoría de las escuelas tienen media hora al día para el almuerzo”, agrega Field.

En una respuesta por escrito a preguntas de IPS, Karina Gould, ministra de Familias, Niños y Desarrollo Social de Canadá, dijo que la política de alimentación escolar que se está desarrollando “brindará acceso a alimentos saludables, diversificados y equilibrados como una cuestión de equidad, que es esencial para abordar la inseguridad alimentaria, reducir el riesgo de enfermedades crónicas y permitir que cada niño alcance su máximo potencial”.

En Canadá, 35 % de las escuelas financiadas con fondos públicos ofrecieron un programa en 2018-2019, que cubría al 21 % de los estudiantes, desde el jardín de infantes hasta el grado 12, según una encuesta reciente. Pero la cobertura varió inmensamente, con una provincia cubriendo al menos 90 % de las escuelas y otra solo 10 %.

Field dice que espera que el gobierno anuncie 200 millones de dólares canadienses en el próximo presupuesto para desarrollar el marco para el eventual programa. Pero su coalición desea que parte de ese dinero se asigne a programas existentes en las provincias y territorios.

Eventualmente, explica, el gobierno central debería proporcionar u$s 2,7 mil millones, o la mitad del costo de un programa universal, y las provincias y territorios contribuirían con el resto.

“Queremos que (el gobierno central) asuma un papel de supervisión de liderazgo y proporcione un marco federal que permita el desarrollo del mejor programa de alimentación escolar del mundo. Queremos que sean visionarios… y están respondiendo bien a esta idea”, asegura.

Este artículo se apoyó en una beca de Periodismo sobre Nutrición y Seguridad Alimentaria, del Centro Internacional para Periodistas y la Fundación Eleanor Crook.

T: MLM / ED: EG

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