En un pueblo egipcio la adversidad se convierte en inspiración

Las mujeres de áreas rurales de Egipto aprenden diversas habilidades, incluso en finanzas y ahorros, desarrollo de medios de vida y capacitación permanente sobre salud, nutrición, educación y otras áreas. A través de un programa especial, las mujeres pueden sacar a sus familias y a sí mismas de la pobreza extrema. Foto: Bobby Irven / BRAC

EL CAIRO –  Cuando el marido de Suhier Abed se rompió las dos piernas tras caer dos pisos mientras trabajaba en la construcción, esta mujer de 32 años, madre de cinco hijos y residente en el pueblo egipcio de Al Shamiya, se enfrentó a la urgencia de mantener a su familia.

Se unió al programa de graduación de Bab Amal con la esperanza de reemplazar los 100 dólares que ganaba su marido al mes.

“Empecé mi proyecto con dos ovejas con la esperanza de mejorar mi situación de vida, especialmente teniendo en cuenta las condiciones médicas de mi marido. De hecho, tuve éxito en su desarrollo, y en un año, el número de ovejas había aumentado a cinco”, dijo Abed a IPS.

Abed y los hermanos de su marido comparten una casa con tres habitaciones. Cada familia vive en una habitación con dos camas en el pueblo de Al Shamiya, a unos 440 kilómetros de El Cairo y parte de la pequeña gobernación de Asiut, una de las 27 en que se divide Egipto.

El pueblo, situado entre la orilla oriental del Nilo y el desierto, es una típica ciudad de la parte alta de Egipto, con altas tasas de abandono escolar, desempleo y altos niveles de pobreza.

La Iniciativa de Graduación de los Ultra-Pobres (UPGI), un programa de la organización internacional BRAC, trabaja para ayudar a las personas a salir de la pobreza extrema en todo el mundo a través del enfoque de Graduación, un conjunto de intervenciones holísticas y secuenciadas desarrollado hace 20 años y diseñado para llegar a las personas más vulnerables.

Egipto es una de las zonas en las que trabaja la UPGI de BRAC, una organización de desarrollo internacional con base en Bangladesh, con el propósito de proporcionar asistencia técnica en un programa de Graduación centrado en el empoderamiento de los hogares rurales en situación de extrema pobreza.

Las personas que viven en la extrema pobreza en Egipto se enfrentan a importantes retos debido al aumento de los precios de los alimentos, la devaluación de la moneda y la falta de oportunidades de empleo sostenible en un país donde 32,5 % de la población total, de 102 millones de habitantes, vive por debajo del umbral de pobreza nacional.

En el Alto Egipto, BRAC UPGI se asoció con la Fundación Sawiris para el Desarrollo Social,  el Laboratorio de Acción contra la Pobreza Abdul Latif Jameel, la Asociación Egipcia para el Desarrollo Humano y la Asociación Dando Sin Límites, para lanzar el Programa de Graduación Bab Amal, enfocado en desarrollar medios de vida sostenibles y resiliencia socioeconómica para los 2400 hogares participantes.

Cuando estalló la pandemia de covid-19, BRAC UPGI y sus socios tuvieron que adaptar rápidamente su enfoque para satisfacer las necesidades cambiantes de los participantes, como conectar a los participantes con los servicios públicos disponibles, dijo a IPS Bobby Irven, director de Comunicaciones de la organización.

El programa Bab Amal comenzó a fines de 2018 en las dos gobernaciones más pobres de Egipto: Asiut y Suhag, ambas en el centro del país, y está enfocado principalmente en las mujeres, porque son ellas las que menos acceso tienen a iniciativas estatales de asistencia y porque desde las mujeres los beneficios irradian directamente a la familia.

“Al igual que con cualquiera de nuestros Programas de Graduación, los entrenadores y el personal de campo tienen la tarea de proporcionar capacitación en habilidades en finanzas y ahorros, desarrollo de medios de vida y asesoramiento continuo en salud, nutrición, educación y más, para ayudar a los participantes a forjar un camino para salir de la pobreza extrema ayudándolos a satisfacer sus necesidades más básicas y más allá”, detalló.

Mujeres rurales en extrema pobreza de Egipto se están empoderando para asumir roles que antes desempeñaban los hombres después de pasar por una iniciativa educativa y asistencial para ultra pobres. Foto: Bobby Irven / BRAC

Irven explicó que “para garantizar que las participantes, sus familias e incluso comunidades enteras puedan capear el temporal y salir de esta crisis mundial, el personal y los asesores del programa han renovado su atención para garantizar que los participantes que reúnen los requisitos necesarios estén conectados a servicios básicos”.

Entre esos servicios, acotó, se incluyen clínicas de salud, escuelas, instalaciones sanitarias, programas gubernamentales de protección social, tarjetas de identificación y otros.

BRAC UPGI está comprometida con la lucha contra la pobreza extrema mundial, que ha aumentado debido a la pandemia en los últimos dos años.

“Creemos que para erradicar la pobreza extrema, que es mucho más que la falta de ingresos, debemos invertir más en enfoques multifacéticos que aborden los diversos retos a los que suelen enfrentarse las personas en situación de pobreza extrema”, dijo Irven.

Esos retos son, entre otros, “la falta de alimentos, de agua potable, de ingresos regulares y de ahorros, entre otros”, afirmó, antes de remarcar que “los datos demuestran que el enfoque holístico de BRAC de la Graduación puede permitir a los más rezagados crear un camino para salir de la trampa de la pobreza”.

Casos de éxito en Al Shamiya

Abed explica cómo sus pequeñas inversiones crecieron con la ayuda de este proyecto.

“Tras mi éxito con el proyecto de engorde de ovejas, me embarqué en mi segundo proyecto personal, fabricando detergentes caseros para el hogar y vendiéndolos a las mujeres de mi pueblo”, dijo a IPS.

Su marido empezó a recuperarse y obtuvo un préstamo para comprar una motocicleta que le ayudara con los gastos del hogar. Sus beneficios le ayudaron a devolver una parte del préstamo que ella pidió como parte del programa.

Ella aspira a comprar una máquina que produzca detergentes domésticos para reducir el trabajo manual y aumentar la producción. También aspira a proporcionar a sus cinco hijos una buena educación, que ella no recibió.

Puede leer aquí la versión en inglés de este artículo.

La situación de otra beneficiaria, Ibtisam, no era mucho mejor. Comenzó su proyecto con tres ovejas preñadas, además del forraje. Solo una oveja tuvo crías y los corderos acabaron muertos en pocas semanas, y parecía que el proyecto iba a fracasar.

“En un año, mi capital disminuyó de 700 a 500 dólares, y con el consejo de mi entrenador, decidí vender las ovejas y comprar una vaca pequeña”, dijo Ibtisam a IPS.

Detalló que “antes del programa, no poseía las habilidades ni los conocimientos necesarios para ahorrar, sobre todo porque su marido no aportaba un ingreso estable”.

“Los entrenadores nos enseñan a ahorrar, una cultura que desconocíamos por completo en ese momento, pero que se ha convertido en algo fundamental en nuestras vidas, ayudándonos a gestionar nuestros gastos y a proporcionar ahorros futuros para nuestros hijos”, explicó Ibtisam.

Safaa Khalaf es una de las facilitadoras del programa que atiende a 64 familias del pueblo de Al Shamiya, donde también viven Ibtisam y su familia.

“Una vez al mes, visito a cada familia y dirijo una sesión de ahorro, así como el seguimiento y registro de los ahorros y gastos de cada mujer. La segunda sesión se concentra en una de las habilidades para la vida o temas que son importantes para ellas, como la circuncisión femenina, el matrimonio precoz y la planificación familiar”, dijo Safaa a IPS.

Los entrenadores también desempeñan un papel fundamental en la creación de conexiones con los servicios financieros y el ahorro para las mujeres participantes.

Estas participantes suelen dar por hecho que, dada su situación económica, o la falta de ella, no pueden acceder a los servicios financieros públicos formales, como cuentas bancarias o préstamos, pero el verdadero obstáculo es la falta de conocimientos financieros.

“Ayudamos a estas mujeres a identificar el proyecto adecuado para ellas y les proporcionamos la información, la formación y las herramientas necesarias, como costura, artesanía y engorde de ovejas. También ayudamos a sus hijos, que han abandonado la escuela, a matricularse de nuevo, a pagar los gastos escolares y a realizar los trámites gubernamentales”, explicó Safaa.

En la aldea de Al Shamiya, unas decenas de modelos femeninos de éxito se rebelaron contra la pobreza y el abandono heredados y empezaron a convertir las circunstancias difíciles en empoderamiento y logros personales y colectivos.

Pequeñas innovaciones, como convertir una pequeña parte de sus casas en una tienda de comestibles o reutilizar una esquina como centro de costura o artesanía, significa que pueden mantener a sus familias y dar a sus hijos la educación que merecen.

T: MF / ED: EG

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