La contaminación mata mucha más gente que la covid

Vista aérea de una zona industrial en la ciudad polaca de Poznan. La contaminación del aire, agua, suelos y exposición directa a sustancias tóxicas es la causa de enfermedades que cobran nueve millones de vidas cada año en el mundo, incluidas las de 750 000 trabajadores. Foto: Marcin Jozwiak/Unsplash

GINEBRA – Una de cada seis muertes en el mundo se relaciona con enfermedades causadas por la contaminación, que mata mucha más gente que pandemias como la covid-19, sostuvo un informe de un relator especial del sistema de Naciones Unidas.

“La contaminación y las sustancias tóxicas causan al menos nueve millones de muertes prematuras, el doble de las causadas por la pandemia en sus primeros 18 meses”, afirmó el relator y experto canadiense David R. Boyd.

Boyd es relator especial del Consejo de Derechos Humanos de la ONU en esta ciudad suiza, sobre la cuestión de las obligaciones de derechos humanos relacionadas con el disfrute de un medio ambiente sin riesgos, limpio, saludable y sostenible.

“Mientras la emergencia climática, la crisis mundial de la biodiversidad y la covid-19 acaparan los titulares, la devastación que la contaminación y las sustancias peligrosas causan en la salud, los derechos humanos y la integridad de los ecosistemas sigue sin suscitar apenas atención”, deploró Boyd.

Cada año se emiten o vierten cientos de millones de toneladas de sustancias tóxicas al aire, el agua y el suelo, y “la toxificación del planeta se intensifica”, según Boyd, pues la producción de sustancias químicas se duplicó entre 2000 y 2017, y se espera que se duplique de nuevo para 2030 y se triplique para 2050.

“Mientras la emergencia climática, la crisis mundial de la biodiversidad y la covid-19 acaparan los titulares, la devastación que la contaminación y las sustancias peligrosas causan en la salud, los derechos humanos y la integridad de los ecosistemas sigue sin suscitar apenas atención”: David R, Boyd.

Los seres humanos están expuestos a sustancias tóxicas a través de la respiración, los alimentos y la bebida, por contacto con la piel y a través del cordón umbilical en el vientre materno, recordó el informe.

Esa exposición aumenta el riesgo de muerte prematura, intoxicación aguda, cáncer, enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares, enfermedades respiratorias, efectos adversos en los sistemas inmunológico, endocrino y reproductivo, anomalías congénitas, y secuelas en el desarrollo neurológico de por vida.

La contaminación atmosférica es el mayor contribuyente ambiental a las muertes prematuras, al causar unos siete millones de ellas cada año.

Una cuarta parte de la carga mundial de morbilidad se atribuye a factores de riesgo ambientales evitables, la inmensa mayoría de los cuales implica la exposición a la contaminación y a las sustancias tóxicas.

El informe reveló la existencia de “zonas de sacrificio” ambientales, lugares cuyos residentes sufren consecuencias devastadoras para su salud y ven violados sus derechos, por vivir en focos de polución y áreas altamente contaminadas.

El término se originó en la época de la Guerra Fría, cuando se designaba a las zonas que quedaban inhabitables debido a los experimentos nucleares de Estados Unidos, la extinta Unión Soviética, Francia y el Reino Unido, los cuales provocaban niveles de radiación elevados y persistentes.

Los sitios contaminados suelen encontrarse en comunidades desfavorecidas. Se calcula que en Europa hay 2,8 millones de sitios contaminados, mientras que en Estados Unidos se han delimitado más de 1000 sitios nacionales de saneamiento prioritario, entre cientos de miles de emplazamientos contaminados.

En los países de ingreso bajo y mediano se generan nuevos sitios contaminados debido a la industrialización (por ejemplo, las centrales eléctricas de carbón) y al extractivismo (por ejemplo, la extracción de oro artesanal y en pequeña escala).

América Latina y el Caribe

Un ejemplo de zona de sacrificio en América Latina y el Caribe es Quintero-Puchuncaví, un complejo industrial que contamina el aire con refinerías de petróleo, instalaciones petroquímicas, centrales eléctricas de carbón, terminales de gas y una fundición de cobre en la región central de Chile.

Otro es La Oroya, ciudad en el centro de Perú, donde hay una fundición de plomo, y uno de sus resultados es que 99 % de sus niños examinados presentan niveles de plomo en la sangre que superan los límites aceptables.

O el caso del agua y suelos de las islas de Guadalupe y Martinica, departamentos franceses de ultramar en el Caribe, contaminados por niveles peligrosos del plaguicida clordecona, presente en la sangre de 90 % de los habitantes.

“El hecho de que sigan existiendo zonas de sacrificio es una mancha en la conciencia colectiva de la humanidad. Creadas a menudo con la connivencia de gobiernos y empresas, están en contradicción directa con el desarrollo sostenible y menoscaban los intereses de las generaciones presentes y futuras”, reclamó Boyd.

La contaminación también es una cuestión de desigualdad. Los países de ingreso bajo y mediano son los más afectados por las enfermedades relacionadas con la contaminación, pues representan 92 % de las muertes por esta causa.

Las mujeres, los niños, las minorías, las personas migrantes, los pueblos indígenas, las personas de edad y las personas con discapacidad son potencialmente vulnerables, por diversas razones económicas, sociales, culturales y biológicas.

Los trabajadores, especialmente en los países de ingreso bajo y mediano, están en situación de riesgo debido a la elevada exposición en sus puestos de trabajo y las malas condiciones laborales. Unos 750 000 mueren cada año debido a la exposición a sustancias tóxicas en el entorno laboral.

A-E/HM

 

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