Opinión

Menos carbón es bueno, pero países en desarrollo necesitan más electricidad

Estados Unidos, la Unión Europea y otros han hecho campaña para que los países pongan fin a la financiación de nuevos proyectos de carbón en el extranjero. Foto: Bigstock

PARÍS – El presidente Xi Jinping anunció en septiembre que China dejará de financiar nuevas centrales eléctricas de carbón en el extranjero. Con este anuncio de Beijing, los gobiernos de las mayores economías del mundo han logrado un consenso para detener su financiación de plantas de carbón en el extranjero en los países en desarrollo, avanzando así en los esfuerzos globales para reducir las futuras emisiones de dióxido de carbono (CO2).

Animados por este éxito en materia de clima, estos gobiernos deberían ahora dedicar sus esfuerzos a movilizar la financiación masiva necesaria para construir los proyectos de energía limpia que el mundo en desarrollo sigue necesitando para luchar contra la pobreza.

En todo el mundo, casi 30 % de las emisiones de CO2 del sector energético proceden de las centrales eléctricas de carbón. Incluso, mientras varios países industrializados se esforzaban por reducir su propio uso del carbón para disminuir las emisiones a nivel nacional, se proponían nuevas centrales eléctricas de carbón en todo el mundo en desarrollo, a menudo con la financiación de China en el marco de su enorme Iniciativa de la Franja y la Ruta.

Dado que China, así como sobre todo Japón y Corea del Sur, financiaron centrales de carbón en el extranjero (aportando en conjunto 90 % de la financiación del sector público en el extranjero), los especialistas en clima dieron la voz de alarma de que estas nuevas centrales pondrían en peligro los esfuerzos de reducción de emisiones a nivel mundial.

Ante esta preocupación, la Unión Europea, Estados Unidos (empezando por el presidente Joe Biden) y otros países han hecho campaña para que los gobiernos pongan fin a la financiación de nuevos proyectos de combustión de carbón en el extranjero.

El autor, Philippe Benoit. Foto: GIAS2050
El autor, Philippe Benoit.

El anuncio de China, que Xi realizó el 21 de septiembre durante su participación en la 76 Asamblea General de las Naciones Unidas, se suma a otros similares de Corea del Sur y Japón (así como del Grupo de los Siete) a principios de este año, y representa la culminación de una exitosa campaña internacional contra esta financiación.

Aunque existen otras fuentes de financiamiento para las centrales eléctricas de carbón (según algunas estimaciones, mucho mayores que las de China), las decisiones de Beijing, Tokio y Seúl, así como el esfuerzo internacional paralelo de los bancos privados y otras instituciones financieras, frenarán considerablemente las nuevas inversiones en energía de carbón en el Sur en desarrollo.

Por ejemplo, se calcula que el nuevo compromiso de China podría afectar a 44 proyectos energéticos en Asia y África, lo que supondría un recorte de 50 000 millones de dólares en la inversión. Además, Estados Unidos anunció recientemente que se opondría a cualquier nuevo proyecto basado en el carbón por parte de los bancos multilaterales de desarrollo, cerrando otra fuente de financiación potencial.

Por ejemplo, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) prevé que la generación de electricidad en África tendrá que duplicarse en los próximos 20 años si se mantiene la situación actual, y triplicarse en un escenario de alto desarrollo.

Para alcanzar este escenario de alto desarrollo, África necesitará añadir unos 700 gigavatios en nuevas plantas, lo que supone casi el triple de la capacidad de generación instalada en el continente.

Del mismo modo, la AIE prevé que los países de Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean), como Indonesia y Vietnam, necesitarán en conjunto invertir 350 000 millones de dólares en el sector eléctrico entre 2025 y 2030 para impulsar su desarrollo económico, una cifra que se eleva a 490 000 millones de dólares en el escenario de bajas emisiones de carbono de la Agencia.

Pero, ¿podrán los países más pobres movilizar el financiamiento de estas inversiones en electricidad, sobre todo a medida que desaparece la financiación extranjera para nuevas plantas de carbón?

Puede leer aquí la versión e inglés de este artículo.

Estados Unidos y China han anunciado recientemente su intención de aumentar la financiación para ayudar a los países en desarrollo a hacer frente al desafío climático: Biden pretende duplicar la contribución anual de Estados Unidos hasta los 11 400 millones de dólares y Xi ha unido su decisión de poner fin a la financiación de las centrales de carbón en el extranjero con la promesa de aumentar el apoyo de China a las inversiones verdes y con bajas emisiones de carbono en los países en desarrollo.

Desgraciadamente, existe la preocupación de que los países más pobres se queden con las ganas, sobre todo porque las promesas anteriores de proporcionarles financiamiento no se han materializado del todo, especialmente los 100 000 millones de dólares anuales en financiación para el clima que los países industrializados se comprometieron a movilizar para 2020 para atender las necesidades de los países en desarrollo.

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Para evitar este resultado y permitir que los países más pobres obtengan la electricidad adicional que necesitan, los exitosos esfuerzos diplomáticos que se han llevado a cabo para eliminar la financiación pública de los proyectos de carbón en el extranjero deben ser igualados, e incluso superados, por un impulso a la financiación de las centrales eléctricas limpias.

Esto no solo debería implicar el aumento de los flujos de las grandes instituciones financieras de desarrollo de Estados Unidos, China, la Unión Europea (UE), Japón y otros, además de sus otros organismos de inversión extranjera, sino también la movilización de más inversiones del sector privado en los países en desarrollo, tanto extranjeras como nacionales.

Además, dado que Estados Unidos está tratando de bloquear cualquier proyecto de carbón y de reducir drásticamente otras inversiones de los bancos multilaterales de desarrollo en electricidad basada en combustibles fósiles, este país y otras naciones ricas deberían aumentar sus contribuciones a estos bancos para aumentar los préstamos a los países en desarrollo para la electricidad limpia.

La justificación de estos esfuerzos no es solo que Estados Unidos, China, la UE, Japón y Corea del Sur son las economías más grandes del mundo (representan más de dos tercios del PIB mundial), sino también que ellos mismos siguen dependiendo de las plantas de carbón para impulsar su propio crecimiento económico.

Estas plantas de carbón, a su vez, están generando grandes cantidades de emisiones que están agotando el presupuesto común de carbono y dejando menos espacio para las emisiones relacionadas con la electricidad de los países más pobres.

Por ejemplo, en 2019,  65 % de la electricidad de China procedió de centrales eléctricas de carbón que generaron 4,9 gigatoneladas de emisiones de CO2 (GtCO2), mientras que Estados Unidos emitió 1,0 GtCO2 y la UE 0,5 GtCO2 de estas centrales. En comparación, todas las centrales eléctricas de carbón de África produjeron menos de 0,3 GtCO2.

Aunque muchos señalan también la necesidad de que los países más ricos reduzcan sus propias emisiones de carbón, este artículo no se centra en la forma en que estos países deciden gestionar sus sistemas energéticos nacionales, sino en lo que necesitan los países más pobres y en cómo pueden ayudar los más ricos.

Como ha señalado el presidente Biden en repetidas ocasiones, «el cambio climático supone una amenaza existencial para nuestro futuro». El fin de las inversiones en nuevas centrales de carbón en el extranjero contribuirá a afrontar este peligro, en beneficio tanto de los ricos como de los pobres. Pero la pobreza también es una amenaza existencial, aunque no ponga en peligro a todo el mundo.

Se trata más bien de una amenaza vital dirigida principalmente a los pobres del mundo en desarrollo. También es una amenaza que los países más ricos pueden ayudar a combatir.

Para luchar contra la pobreza, los países en vías de desarrollo de África, Asia y América Latina necesitan mucha más electricidad. En aras del clima, los países ricos han conseguido cortar la financiación del carbón a estas regiones. Estos países ricos deberían ahora aprovechar este éxito para llevar a cabo un programa de alivio de la pobreza aún más ambicioso que financie la energía limpia en todo el mundo en desarrollo.

T: MF / ED: EG

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