Opinión

Instituciones financieras chinas deben vigilar los riesgos del aceite de palma

Este es un artículo de opinión de Fang Lifeng, director del programa forestal de la organización internacional CDP en China, tras haber tenido diferentes cargos en organizaciones ambientales.

Trabajadores de la cadena de suministro de aceite de palma cargan un camión en Kalimantan, en Borneo. Foto: Alamy

BEIJING – La protección, la restauración y la gestión sostenible de los bosques son cruciales tanto para alcanzar los objetivos climáticos de China como para conservar la biodiversidad.

Detener la deforestación lleva tiempo en la agenda internacional. La Declaración de Nueva York sobre los Bosques (NYDF, en inglés), anunciada en la cumbre del clima de la ONU de 2014, reunió a empresas, gobiernos, organizaciones de la sociedad civil y comunidades, con el objetivo de reducir a la mitad la pérdida de bosques naturales para 2020, y acabar con ella para 2030.

Pero un informe de progreso del NYDF mostró que la deforestación solo había empeorado desde 2014. Las últimas cifras de Global Forest Watch muestran que solo en 2020 se perdieron 4,2 millones de hectáreas de bosques primarios tropicales húmedos, una superficie del tamaño de los Países Bajos.

En total, los trópicos perdieron 12 millones de hectáreas de cobertura arbórea en ese año. Uno de los objetivos del NYDF era acabar con la deforestación de productos agrícolas como el aceite de palma, la soja y la madera para 2020. Está claro que ese objetivo no se ha alcanzado.

Indonesia es el mayor productor mundial de aceite de palma. Solo en ese país se perdieron 270 000 hectáreas de bosque primario en 2020, siendo la expansión de las plantaciones de palma aceitera una de las causas principales.

El aceite de palma es uno de los principales motores de la deforestación. La producción insostenible de aceite de palma causa otros daños medioambientales, como los incendios forestales, la pérdida de biodiversidad y las emisiones de gases de efecto invernadero.

China es el segundo importador mundial de aceite de palma y depende en gran medida de Malasia e Indonesia para esas importaciones. En 2020, China importó 7,2 millones de toneladas de aceite de palma, de las cuales sólo un porcentaje de un dígito estaba certificado como sostenible.

El autor, Fang Lifeng

El gobierno chino no tiene normas específicas sobre la sostenibilidad ambiental y social de las importaciones de aceite de palma, y la demanda del mercado de aceite de palma sostenible sigue siendo baja.

Un nuevo informe sobre la financiación china de la cadena de valor del aceite de palma, elaborado por CDP, una organización sin ánimo de lucro que trabaja en la transparencia de la información medioambiental, ha detectado posibles riesgos de deforestación, lo que a su vez genera riesgos para las instituciones financieras que apoyan estas cadenas.

En nuestra investigación se tomaron muestras de 31 empresas de la cadena de valor del aceite de palma en China, la mayoría de las cuales eran empresas comerciales o de consumo posterior. Entre ellas se encontraban los mayores importadores de aceite de palma, así como fabricantes de productos alimenticios y de productos de cuidado personal y detergentes, y servicios de alimentación y restaurantes.

Los investigadores analizaron los flujos de financiación a través de la cadena de suministro del aceite de palma, identificaron las instituciones financieras que los financian y calcularon qué parte de su dinero está expuesta a los riesgos de la deforestación.

Entre 2013 y 2020, las 31 empresas atrajeron 28 700 millones de dólares en préstamos y servicios de suscripción vinculados al aceite de palma en China. De esa cantidad, 5100 millones de dólares (o 18 %) fueron proporcionados por 75 prestamistas chinos, incluidos los cuatro grandes bancos estatales.

Alrededor de un tercio (36 %) de esos 5100 millones de dólares se destinaron a productores de aceites comestibles. Otro tercio (33 %) se destinó a empresas comerciales de aceite de palma. La industria láctea fue la siguiente (24 %).

Además, en enero de 2021, 115 inversores institucionales chinos (incluidos gestores de activos y compañías de seguros) poseían o suscribían acciones en empresas chinas de la cadena de suministro de aceite de palma por valor de 500 millones de dólares.

La producción y el uso del aceite de palma, unido a los riesgos medioambientales y sociales, crea a su vez riesgos para sus prestamistas e inversores. Estos riesgos provienen de una supervisión cada vez más estricta por parte de las naciones productoras y consumidoras, de la creciente demanda de aceite de palma sostenible por parte de los consumidores y de los riesgos físicos derivados del cambio climático.

En última instancia, estos riesgos se materializarán en forma de préstamos incobrables, caídas del valor de las garantías, y reducción de la rentabilidad y la capacidad de reembolso de los préstamos.

La investigación descubrió que, en general, las instituciones financieras chinas son más o menos conscientes de los riesgos ambientales y sociales asociados al aceite de palma, pero en todos los casos han hecho poco en respuesta.

Según los datos públicos, ninguna de las instituciones financieras del sector del aceite de palma identificadas en el informe ha revelado la exposición de su cartera a materias primas de riesgo forestal en el año de referencia; ninguna ha reconocido los riesgos operativos derivados de las materias primas de riesgo forestal, ninguna incluye el riesgo forestal en sus procesos de toma de decisiones y ninguna ha puesto en marcha una política sectorial o de deforestación.

Los bancos chinos, en comparación con otras instituciones financieras del país, tienen una mayor conciencia con el medio ambiente y cuentan con marcos de riesgo medioambiental, social y de gobernanza para cumplir con las exigencias medioambientales y normativas. Sin embargo, la deforestación aún no se ha incluido explícitamente en esos marcos.

Existen ejemplos internacionales a seguir a la hora de integrar las preocupaciones forestales y de sostenibilidad en los modelos de negocio del sector del aceite de palma y en las decisiones de estrategia e inversión.

En 2002, HSBC publicó sus primeras políticas de riesgo de sostenibilidad, diseñadas para garantizar que los servicios financieros que presta no tengan consecuencias inaceptables para las personas o el medio ambiente.

Posteriormente, en 2004, el banco, uno de los fundadores de la Mesa Redonda sobre Aceite de Palma Sostenible (RSPO), publicó una política de sostenibilidad para productos forestales y agrícolas, que se aplica al sector del aceite de palma.

La política de aceite de palma de HSBC exigía a sus clientes que se hicieran miembros de la RSPO y que, para 2018, todas sus instalaciones estuvieran certificadas al 100% por la RSPO. Los clientes también tenían que asumir el compromiso de «No Deforestación, No Turba y No Explotación» y recibir una investigación de diligencia debida de terceros.

Como mayor importador y consumidor de materias primas blandas del mundo, China debe abordar urgentemente los problemas de deforestación en sus cadenas de suministro.

Muchos inversores institucionales han establecido políticas de sostenibilidad detalladas para reducir los riesgos de deforestación en su cartera.

En 2019, el Grupo de Trabajo de Inversores sobre Aceite de Palma Sostenible de los Principios para la Inversión Responsable (PRI) de la ONU publicó una declaración en la que se exponía lo que se esperaba de las empresas de aceite de palma, y subrayaba el apoyo de los inversores al aceite de palma sostenible.

También alentó a las empresas a establecer planes con plazos determinados e informar periódicamente sobre los avances y las prácticas.

Robeco, una empresa de gestión de activos, ha ido más allá, centrándose en invertir en empresas que tienen 80 % o más de su producción de aceite de palma certificada como sostenible.

Los objetivos de reducción de carbono de China han hecho que las instituciones financieras del país sean más conscientes de su exposición a los riesgos climáticos.

Pero el conocimiento de los riesgos de deforestación sigue siendo insuficiente. Como mayor importador y consumidor mundial de materias primas blandas (productos agrícolas, forestales, pesqueros y ganaderos), China necesita abordar urgentemente los problemas de deforestación en sus cadenas de suministro. Las instituciones financieras serán cruciales en este proceso.

En abril, el Banco Popular de China, la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma y la Comisión Reguladora del Mercado de Valores de China publicaron una actualización de los tipos de proyectos que pueden recibir apoyo financiero verde. Se incluyó en la lista el comercio de productos agrícolas ecológicos, en particular cuando están certificados como sostenibles por sistemas internacionales de certificación.

Esto se alinea con los objetivos mundiales de protección de los bosques. Sin embargo, las empresas e instituciones financieras chinas aún no han respondido a esta señal política, y el comercio de aceite de palma refleja el retraso en la concienciación sobre los riesgos forestales.

Para cambiar esta situación, las instituciones financieras deberían primero identificar y evaluar los riesgos de deforestación asociados a sus préstamos e inversiones en la cadena de valor de las materias primas, y el impacto de esos riesgos en el cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

A continuación, deberían adoptar las mejores prácticas de otras empresas, determinar las políticas de riesgo forestal e integrarlas en sus procesos de financiación verde y gestión de riesgos ASG. En tercer lugar, deberían animar a sus clientes a hacer lo mismo y utilizar marcos de información estandarizados a nivel mundial para aumentar la transparencia.

Nuestra investigación también reveló que, aunque el conocimiento de los riesgos forestales entre las instituciones financieras chinas sigue siendo escaso, son muy conscientes de los «riesgos normativos», lo que significa que sus acciones en materia de medio ambiente están impulsadas principalmente por la normativa.

Así pues, los responsables políticos chinos deberían clasificar las materias primas blandas sostenibles, elaborar normas asociadas e incluir los riesgos de deforestación en los requisitos de transparencia para las instituciones financieras y las empresas.

Pronto se celebrarán cumbres cruciales de la ONU sobre la biodiversidad (COP15) y el cambio climático (COP26). Estas ofrecerán a los responsables políticos de China la oportunidad de demostrar, en un escenario global, sus ambiciones de frenar el cambio climático y conservar la biodiversidad.

Una parte fundamental de ello será el fortalecimiento de las asociaciones internacionales con las naciones productoras y la promoción de las cadenas de suministro con cero deforestación.

Este artículo se publicó originalmente en Diálogo Chino, una plataforma informativa latinoamericana.

RV: EG

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