La covid es la nueva arma para azuzar la islamofobia en India

La islamofobia en India ha tomado fuerza con la covid. Imagen: Domino público

NUEVA DELHI – Un operador musulmán de un centro de llamadas en una “sala de guerra”  sobre la covid-19, que alguna vez se consideró a sí mismo como un guerrero anticovid, está ahora desempleado después de ser falsamente calificado por un político de alto nivel como un participante clave en una estafa con las camas en centros de salud a cambio de sobornos.

Se trata de una víctima más del incremento de la islamofobia en India, que la explosión de casos de covid desde abril no ha hecho sino azuzar, y que tiene por parte de las autoridades escasas muestras de condena, denuncian los activistas de defensa a las minorías étnicas y religiosas.

A principios de mayo, un diputado del gobernante Partido Bharatiya Janata (BJP), Tejasvi Surya, irrumpió en una de esas salas de guerra (centros operativos) anticovid, para denunciar una supuesta estafa con el acceso a las camas en los hospitales públicos.

En un vídeo retransmitido en directo en sus redes sociales y mostrado posteriormente en repetidas ocasiones por muchos medios de comunicación, leyó 16 nombres, elegidos entre los 205 operadores de la línea de ayuda municipal. Llamativamente, los 16 nombres eran de musulmanes.

En el vídeo, Ravi Subramanya, tío del diputado Surya y miembro del BJP en la Asamblea Legislativa, pregunta: “¿Los han escogido en alguna madrasa (escuela islámica) o en una corporación?

La sala de guerra en que irrumpió el diputado pertenece a la zona sur de Bruhat Bengaluru Mahanagara Palike (BBMP), el cuarto municipio más populoso de India, que cuenta con 400 líneas telefónicas y recibe unas 3000 llamadas diarias de ciudadanos de esa localidad, según los informes sobre estos centros distribuidos por diferentes urbes del país.

Lo que siguió fueron textos de WhatsApp con los nombres revelados por Surya, donde se etiquetaba a esos empleados como “terroristas”. Los mensajes se viralizaron en las redes sociales, donde se pasó a hablar de un “equipo terrorista” que estafaba a pacientes y familiares de enfermos.

Se aseguró que ese grupo ofrecía el acceso a camas en las unidades de cuidados intensivos (UCI), a cambio de pagos exorbitantes, al mismo tiempo que se reservaban parte de esas camas para los miembros de la comunidad musulmana contagiados.

Los 16 operadores señalados fueron despedidos de inmediato. IPS se puso en contacto con uno de los operadores mencionados, que contó su experiencia bajo reserva de su nombre por su situación.

“En abril de este año, me consideraba con orgullo un “guerrero contra el covid”, ayudando a quienes necesitaban información urgente relacionada con la enfermedad”, dijo  en una entrevista exclusiva. “Mi corazón se hundió cuando vi el término “terrorista” escrito junto a mi nombre en los mensajes de WhatsApp, poco después de que el legislador dijera mi nombre en público con una denuncia de corrupción contra mí”, añadió.

Contó que lo trasladaron a una comisaría en una furgoneta, como si fuera un delincuente común, y allí le hicieron fotos como si hubiera cometido un delito. “Tener un nombre musulmán quizás fue mi delito”, dijo.

Este único sostén de su familia, que ahora se quedó sin ingresos, aseguró a que no hay una sola prueba contra él y los otros despedidos por la denuncia del diputado,  pero aun así no se le ha repuesto en su trabajo, pese a las garantías ofrecidas por la dirección del centro de la sur de la BBMP.

Cuando este país del sur de Asia colapsaba ante la segunda ola interna de covid, que en peor momento llegó a registrar más de 300 000 contagios diarios, sectores contrarios a la minoría musulmana aprovecharon desinformar sobre el virus y responsabilizar a los indios seguidores del Islam tanto de los contagios como de los impactos derivados de la pandemia.

El año pasado se etiquetó a los musulmanes como “propagadores del corona”, y esta tendencia no se ha detenido ni las autoridades han hecho mucho para desmentirlo.

Con 1300 millones de habitantes, la religión predominante en India es el hinduismo, y también es considerada tierra santa para el budismo, el yainismo y siijismo. La religión musulmana es la segunda en número de fieles, 13,5 por ciento de la población, y también la rival por causas históricas y estratégicas de la mayoría hindú y de sus élites que gobiernan el país.

Zafarul Islam Khan, expresidente de la Comisión de Minorías de Delhi, dijo en una entrevista con que cuando se declaró el confinamiento nacional en 2020, entre las medidas para contener la covid, la gente de Tableeghi Jamaat fue sacada de su centro por la policía “como si fueran criminales”.

Tableeghi Jamaat es el nombre de un grupo internacional de musulmanes que se reúnen en Delhi cada año para una congregación religiosa.

Tanto el desalojo como la detención de dirigentes islámicos recibieron una importante cobertura mediática en directo.

El grupo ya había comenzado su conferencia anual en su centro de la zona de Nizamuddin en Delhi antes de que se anunciara el cierre oficial de actividades.

A los participantes se les trasladó a varios “centros de cuarentena” en Delhi, que en realidad eran más bien  cárceles en las que se “les encerró con escasos cuidados, poca comida e inadecuada (para su creencias) y sin atención médica o medicinas”,  dijo Khan.

Como presidente de la Comisión de Minorías de Delhi en ese momento, presionó sin descanso a las autoridades del gobierno local hasta que las condiciones de los internos mejoraron.

Informaciones periodísticas destacaron que esos centros fueron objeto de seguimiento y represión especial por la policía cuando se declaró el primer estado de emergencia por la covid.

Posteriormente,  los tribunales criticaron que se utilizaran como “chivo expiatorio” por la pandemia a los fieles musulmanes participantes en el encuentro internacional, muchos de los cuales eran extranjeros.

“Esta fue una oportunidad de oro para los medios de comunicación ‘godi (perritos falderos del poder)’, que iniciaron una campaña informativa en que responsabilizaban a los musulmanes de ejecutar una atroz y planificada conspiración para propagar el coronavirus en el país, y se acuñó el término ‘Corona Jihad’ para describir esta supuesta conspiración”, añadió Khan.

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Estos estos prejuicios y estereotipos contra los musulmanes en India se ven azuzados cuando parecen contar con el respaldo del gobierno y cuando poderosos sectores sociales y políticos fomentan “cazas de brujas” contra una comunidad específica. Hay evidencias significativas de que esto es lo que sucede actualmente en India.

El pronunciamiento abierto del diputado Surya contra un grupo de empleados musulmanes, por estar presuntamente implicados en una estafa vinculada a la covid en una ciudad satélite de la sureña ciudad de Bangalore, es un ejemplo de lo que está sucediendo.

También lo es que durante un tiempo la gobernción del estado de Delhi y el gobierno nacional del nacionalista primer ministro Narendra Modi dieran cifras separadas de los pacientes de covid relacionados con Tablighi Jamaat en sus registros diarios sobre contagios.

Son hechos que, además, que dificultan aún más la vida de la minoría musulmana en India, desde que estalló la pandemia.

Khan escribió una carta al ministro de Sanidad de Delhi en la que subrayó que era injusto que se mencionaran los casos de Jamaat por separado, cuando no se señalaban las cifras de otras comunidades religiosas.

“El ministro de Sanidad accedió a mi petición y, dos días más tarde, se dejó de mencionar por separado a Jamaat en los informes diarios. Un día después, el gobierno central también puso fin a esta práctica cuestionable”, dijo Khan.

Prateek Sinha, uno de los cofundadores de una importante plataforma de verificación de datos llamada Altnews, dijo a IPS que la información negativa contra la comunidad musulmana se convirtió en un bastión de la desinformación en el país, desde que comenzó a operar la plataforma.

“Observamos un intento deliberado de mostrar a los musulmanes bajo una mala luz, tratando de atribuir a los musulmanes la culpa de diferentes cosas que están sucediendo en el país”, dijo Sinha.

Durante la pandemia, ha habido desinformación de todo tipo. Sin embargo, la forma en que los medios de comunicación, los partidos políticos y otros sectores han convertido a los musulmanes en “chivos expiatorios” ha sido una tendencia preocupante, aseguró.

Desde el apelativo de “Corona Jihad” (para acusar a los musulmanes de propagar la covid y otros males para matar a los no musulmanes) hasta el señalamiento de presuntas estafas, todo sin pruebas que lo justifiquen, alimenta los prejuicios contra la minoría más numerosa en India.

Eso con la amenaza que representa para los musulmanes que se les señale como los “culpables” de explosiva propagación de la covid en India.

(Puede leer el artículo en inglés aquí)

T: MF / ED: EG

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