Ciudades caribeñas deben prepararse para huracanes más intensos

Tres personas transitan con el agua por las rodillas por una céntrica calle inundada en enero de 2017 por la penetración del mar, en el barrio del Vedado, en La Habana, la capital de Cuba, con una creciente vulnerabilidad ante los efectos del cambio climático. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS
Tres personas transitan con el agua por las rodillas por una céntrica calle inundada en enero de 2017 por la penetración del mar, en el barrio del Vedado, en La Habana, la capital de Cuba, con una creciente vulnerabilidad ante los efectos del cambio climático. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

Los huracanes, cada vez más  intensos y destructivos  por el cambio climático, obligan a Cuba y otros países del Caribe a aumentar sus previsiones para proteger sus ciudades y construir viviendas y edificaciones más seguras y resistentes a fuertes vientos y lluvias inclementes.

Antes del inicio de cada temporada ciclónica – del 1 de junio al 30 de noviembre-, este país ensaya un sistema de prevención para mitigar riesgos y evitar víctimas en caso de desastres. Aun así, el huracán Sandy, que el 25 de octubre de 2012 cruzó Santiago de Cuba causó  11 muertes y  destruyó la mitad del fondo habitacional de esa ciudad oriental.

Los más de 500.000 habitantes fueron sorprendidos por ese evento categoría tres de la escala Saffir-Simpson que atravesó la urbe de madrugada con su anillo de vientos máximos.

El meteorólogo cubano José Rubiera alerta que toda ciudad de la cuenca del Caribe tiene que estar preparada, pues su vulnerabilidad es mayor que comunidades con poblaciones más pequeñas o aisladas.

La experiencia de ese municipio distante ‎897 kilómetros de La Habana ha hecho preguntarte a los 2,2 millones de habitantes capitalinos que les pasaría ante la embestida de un huracán igual o más poderoso que Sandy, que causó también estragos en Bahamas, Estados Unidos, Haití, Jamaica y República Dominicana y que en su recorrido dejó 147 muertos.

Según el censo de 2012,  La Habana dispone de 709.508 viviendas particulares. Pero ese fondo habitacional  tiene una edad promedio de 80 a 90 años y ante la falta de un mantenimiento adecuado no pocos barrios exhiben un estado de esas edificaciones que va de regular a muy mal.

Estudios sobre el riesgo que representan los vientos en La Habana advierten que un huracán categoría tres (vientos de 179 a 209 kilómetros por hora) pudiera afectar a 74.551 personas y dañar 94 000 viviendas, en tanto uno de categoría cinco, con vientos superiores a los 250 kilómetros por hora, impactaría a 207. 000 personas y causaría daños a 5. 262 .000 viviendas.

“Yo he hecho trabajos en edificios cayéndose, donde vive gente porque no tiene otra opción”, confió a IPS el albañil Antonio Miret, de 33 años.  “Muchas personas tienen techo de tejas y quisieran tener de placa (de hormigón armado). La gente que tiene dinero p