Por algo está China en el Consejo de Seguridad y no Japón

Edificio de la secretaría de la ONU, en Nueva York. Crédito: Haider Rizvi/IPS
Edificio de la secretaría de la ONU, en Nueva York. Crédito: Haider Rizvi/IPS

¿El intento de Tokio de ocupar un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas se verá frustrado por el improcedente y poco diplomático ataque del Ministerio de Relaciones Exteriores de Japón contra el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon?

Sin duda no ayuda al esfuerzo de Japón que un funcionario de la cancillería se queje con aire altivo de que el foro mundial “debe adoptar una posición neutral sobre acontecimientos concentrados principalmente en el pasado” y exprese un “fuerte disgusto” por la presencia de Ban en Beijing por el 70 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).[pullquote]3[/pullquote]

La guerra terminó con la rendición japonesa luego del estallido de las bombas atómicas, lanzadas por Estados Unidos en Hiroshima y Nagasaki.

El grosero desaire, con tintes anticoreanos, coinciden con un momento en que la reforma del Consejo de Seguridad vive su auge periódico de interés en el marco del 70 período de sesiones de la Asamblea General de la ONU.

No es fortuito que el 70 Aniversario del foro mundial coincida con el fin de la Segunda Guerra; fue el hecho que dio nacimiento a la ONU, y por eso China está en el Consejo de Seguridad y Japón, no.

Pero la Carta de la ONU trata sobre el control de las agresiones entre estados como las que, sin lugar a dudas, las naciones vencidas en la Segunda Guerra Mundial iniciaron. Japón invadió a sus vecinos, no al revés; y, en general, sus ocupaciones fueron brutales, a pesar de la retórica sobre la prosperidad conjunta.

La ONU no es neutral, fue una organización fundada para derrotar a las potencias del Eje, en particular a Alemania y a Japón, claramente explicitado en la Carta.

Si bien tras la reunificación de Alemania, Polonia promovió una resolución piadosa en la Asamblea General que declara que el artículo sobre “estados enemigos” en la Carta de la ONU ya no se aplica, este sigue allí.

Además, la actitud impenitente del gobierno japonés de Shinzo Abe está pensada para recordar a los chinos, y por cierto también a los rusos, que debido a la guerra tienen poder de veto sobre todas las propuestas de reforma.

Con atino, Polonia se dio cuenta de que la Alemania reunificada no era el mismo país que en 1939 y fue oportunamente magnánima en su declaración.

Es difícil imaginar que cualquiera de las Coreas emule eso con Japón, que debió sufrir la presión de otros miembros del Consejo de Seguridad para que terminara votando a un surcoreano como secretario general para que el resultado fuera unánime.

No hay fin al número de comentarios escépticos que se puedan hacer respecto del 70 aniversario de la derrota del Eje.

Desde un punto de vista histórico, quizá Ban debió visitar el memorial de Chiang Kai Shek (1887-1975) en Taiwán, o República de China como prefiere Beijing que se llamen a sí mismos. Después de todo, fue esta última, y no la República Popular de China, la combatiente oficial y vencedora final de la guerra y que, en consecuencia, se benefició de un lugar en el Consejo de Seguridad.

Pero luego fue la URSS (la hoy disuelta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), y no Rusia, la que obtuvo un lugar permanente en ese órgano e hizo tanto por derrotar al régimen nazi al punto que nosotros, tanto como Moscú, tendemos a ignorar el pacto entre (Iósif) Stalin (1878-1953) y (Adolf) Hitler (1889-1945) que tuvo lugar poco antes del fin de la guerra.

Cada uno de los vencedores tiene esqueletos en el armario, desde la masacre de ciudadanos polacos en el bosque de Katyn (actualmente en Rusia) pasando por Dresde (capital del estado alemán de Sajonia) a Hiroshima.

Después de 70 años de su fundación, es indiscutible que es momento de reformar el Consejo de Seguridad, pero es también indiscutible que las cinco potencias permanentes (China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia) tienen derecho de veto y que muchos otros miembros tienen planes contradictorios entre sí sobre cómo debe ser la reforma.[related_articles]

Es altamente probable que los comentarios japoneses ofrecieran municiones a las voces hostiles a su intento de lograr un asiento permanente en el máximo órgano de seguridad de la ONU.

Hay, de hecho, muy buenas razones, por justicia y eficiencia, para no ampliar el número de asientos permanentes en el Consejo de Seguridad.

Muchos países desafiaron el descontento de sus grandes vecinos y candidatos para decir eso y para reclamar que en el mejor de los casos, que los contendientes sean pasibles de reelección o tengan un mandato más largo.

El resultado más probable es un estancamiento en el proceso de reforma; y la respuesta destemplada de Tokio hizo que ese sea el resultado más probable. La hostilidad china y el posible veto conforman las otras propuestas de reforma.

Antes del desfile en Beijing, Ban declaró que él “cree que es importante reflexionar sobre el pasado, repasar las lecciones aprendidas y analizar cómo podemos avanzar hacia un futuro mejor sobre esa base”.

Abe debió tomar nota de esas lecciones. Hubiera sido mejor que acompañara al ex primer ministro Tomiichi Murayama (1994-1996) a Beijing y reforzara su disculpa histórica por las atrocidades de la guerra en la capital china en 1995.

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no representan necesariamente las de IPS – Inter Press Service, ni pueden atribuírsele.

Traducido por Verónica Firme

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