Nuevo censo revela desoladora desigualdad en India

Una pareja de personas mayores sentada frente a su “casa”, una estructura hecha con bolsas de plástico y materiales de desechos. Crédito: Neeta Lal/IPS
Una pareja de personas mayores sentada frente a su “casa”, una estructura hecha con bolsas de plástico y materiales de desechos. Crédito: Neeta Lal/IPS

India es la tercera economía de Asia y desempeña un destacado papel en la geopolítica mundial. Sin embargo, el primer Censo Socioeconómico y de Castas revela un panorama desolador de privaciones para parte de su población, pese a la multimillonaria inversión en programas sociales.

El estudio, realizado en 640 distritos a instancias del Ministerio de Desarrollo Rural, ofrece datos sobre un conjunto de indicadores socioeconómicos como ocupación, educación, religión, estatus de casta o tribal, ingresos, bienes, vivienda y tierras de particulares, así como otras categorías por hogar.

De los 179 millones de hogares censados, casi la mitad son rurales.

Alrededor de 21,53 por ciento de los hogares rurales pertenecen a las castas y a las tribus (como se llama en India a los pueblos originarios) desfavorecidas, los sectores más oprimidos del sistema tradicional de castas y a los cuales la Constitución destina disposiciones especiales para promover y proteger sus intereses sociales, educativos y económicos.[pullquote]3[/pullquote]

Más de 60 por ciento de los hogares rurales sondeados califican como “desfavorecidos” en 14 parámetros. Los ingresos de alrededor de 51,8 por ciento de las familias, unos 80 dólares al mes (cuatro dólares al día), ganados con trabajos manuales y/o casuales, apenas si alcanzan para encender las cocinas.

Además, solo 20 por ciento de los hogares rurales poseen un vehículo, y solo 11 por ciento tiene implementos tan básicos como refrigerador.

El censo también ofreció una ventana sobre el peso que cargan los hogares rurales sin tierras ni ofertas de empleo.

En todo el país, 56 por ciento de los hogares no poseen tierras. Muy pocos son los integrantes que tienen un empleo regular y solo un número insignificante de ellos pagan impuestos.

Un solo integrante de la familia es asalariado en 7,3 por ciento de los hogares de las castas más bajas y 9,7 por ciento de los hogares rurales.

Alrededor de 30 por ciento de los consultados se consideraron cultivadores, y los trabajos manuales esporádicos constituyen la principal fuente de ingresos para 51,14 por ciento de los hogares. Solo 14 por ciento tienen empleos no agrícolas, en el sector público o privado.

La situación es más desoladora para las tribus y las castas más bajas, a pesar de décadas de acciones afirmativas: solo 3,96 por ciento de los hogares de las castas más bajas rurales y 4,38 por ciento de los tribales tienen empleos en el sector público.

La proporción cae en picada en el sector privado a 2,42 por ciento de las castas desfavorecidas y 1,48 por ciento de las comunidades tribales.

Menos de cinco por ciento de los hogares rurales pagan impuestos. Aun en los estados más ricos, como Kerala, Tamil Nadu y Maharashtra, el número ronda el máximo de cinco por ciento.

“El censo permitió abrir los ojos. Claramente muestra que los beneficios del gran crecimiento económico no llegaron a grandes sectores de población a pesar de los miles de millones destinados a programas de alivio de la pobreza, ‘educación para todos’ y creación de empleo”, remarcó Ranjana Kumari, directora del Centro para la Investigación Social, con sede en Nueva Delhi.

Lo más preocupante, según Kumari, es que el censo muestra que no solo hay una pobreza generalizada, sino también generacional.

El último censo de India muestra un país de paradojas, donde la mayor población pobre del mundo vive en chozas derruidas al lado de enormes rascacielos. Crédito: Neeta Lal/IPS
El último censo de India muestra un país de paradojas, donde la mayor población pobre del mundo vive en chozas derruidas al lado de enormes rascacielos. Crédito: Neeta Lal/IPS

“Tras más de seis décadas de independencia, millones de personas sufren una pobreza deprimente, carentes de beneficios sociales como seguridad laboral, educación y un techo”, añadió.

A su juicio, “las autoridades y los economistas mantienen los ojos cerrados. Gobierno tras gobierno son culpables de la negligencia criminal de los más vulnerables”.

A pesar de programas estatales emblemáticos como el Sarva Shiksha Abhiyan (movimiento de educación para todos), que procura lograr la educación primaria universal, no hay ningún adulto mayor de 25 años que sepa leer y escribir en 23,52 por ciento de las familias rurales.

Menos de 10 por ciento de la población de India continúan con los estudios luego de los últimos niveles de secundaria y solo 3,41 por ciento de los hogares rurales tienen algún integrante en la familia que por lo menos se haya graduado.

Un desglose por estado muestra que casi la mitad de los residentes rurales (4,75 por ciento de la población rural) del noroccidental estado de Rajasthan, el de mayor territorio, son analfabetos.

Los estados de Bengala occidental, Bihar, Odisha, Jharkhand, Madhya Pradesh, Uttarakhand, Uttar Pradesh y Chhattisgarh concentran 180 millones de los 300 millones de analfabetos en la zona rural de India.

Asimismo, la vivienda para todos es una quimera, a pesar de la existencia de Indira Awaas Yojana, uno de los mayores programas rurales de vivienda que se haya implementado en el país, y que funciona desde 1985.

La iniciativa procura dar subsidios y asistencia en efectivo a las personas más pobres para construir sus propias casas.

Sin embargo, tres de cada 10 familias, según el censo, viven en casas de una sola habitación, mientras 22 millones de hogares (alrededor de 100 millones de personas o cuatro veces la población de Australia) residen en viviendas construidas de pasto, bambú, plástico o polietileno, con techo de paja o de lata.

Elevados edificios comerciales al lado de asentamientos informales en las mayores ciudades de India. Decenas de millones de personas en este país de 1.200 millones de habitantes viven en la miseria. Crédito: Neeta Lal/IPS
Elevados edificios comerciales al lado de asentamientos informales en las mayores ciudades de India. Decenas de millones de personas en este país de 1.200 millones de habitantes viven en la miseria. Crédito: Neeta Lal/IPS

Los estados oriental y central de Chhattisgarh, Madhya Pradesh y Odisha tienen los peores indicadores en lo que respecta a las castas más desfavorecidas y las tribus, pero aun en los estados más desarrollados del sur, como Kerala y Tamil Nadu, los ingresos de las familias son bajos y tienen una gran dependencia en los trabajos manuales.

Sigue siendo difícil encontrar empleos en el sector rural capaces de sacar a las familias de la pobreza, mientras la agricultura aún es de subsistencia, con poca mecanización, limitadas instalaciones de irrigación y poco acceso al crédito.

“Es una llamada de alerta para la acción urgente porque las castas más bajas han estado demasiado tiempo marginadas”, dijo a IPS el activista dalit Paul Divakar.[related_articles]

“El censo demuestra que el desarrollo económico de esos sectores de población no es una prioridad para el gobierno. Siguen rezagados en la mayoría de los índices de desarrollo humano debido a la falta de políticas y de un desarrollo dirigido a su identidad social”, opinó.

“Una intervención estatal holística es vital para su desarrollo integral”, acotó.

En un país como India, caracterizado por la paradoja de tener una economía pujante, a la vez que el mayor número de pobres del mundo, las políticas, coinciden economistas, deben dirigirse especialmente hacia un crecimiento más igualitario.

“De los 1.200 millones de habitantes que tiene India, la friolera de 60 por ciento tienen edad para trabajar”, según Kumari, del Centro para la Investigación Social. “Pero solo una pequeña proporción fue absorbida por el sector formal. La pobreza rural es el resultado de la baja productividad, que implica bajos ingresos”, explicó.

“Necesitamos crear un ecosistema para un crecimiento más rápido de empleos productivos fuera del sector agrario. Los programas de protección social deben universalizarse”, opinó.

Editado por Kanya D’Almeida / Traducido por Verónica Firme

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