COLUMNA: Irán en la era de la moderación y la reforma

¿Espera un milagro del presidente electo de Irán, Hassan Rouhani? No se equivoque. Y, sobre todo, tómeselo con calma.

Esta fue la aclaración inicial entre los partidarios de Rouhani en las redes sociales, los blogs, los medios de comunicación en general y los foros de debate, tanto virtuales como reales, además de las reuniones posteriores a los comicios presidenciales que le dieron la victoria.

Los iraníes se emocionaron con el triunfo inesperado de Rouhani en las impredecibles elecciones del 14 de junio.

También entendieron, sabiamente, que este es el momento de tener expectativas moderadas, mientras el presidente electo da los primeros pasos para formar su nuevo gobierno.

Poner fin a la crisis económica nacional y mejorar las ríspidas relaciones internacionales son algunas de las prioridades en la agenda de Rouhani.

La mayoría de quienes lo votaron reconocen que tiene por delante un camino largo y difícil para corregir a un país con 42 por ciento de inflación, 12,3 de desempleo y una liquidez de 143.000 millones de dólares, según los datos más recientes que proceden de Teherán.

Pese a que el petróleo le permitió facturar 539.000 millones de dólares en 2012, la crisis económica de Irán empeoró debido al mal manejo que de ella hizo el presidente saliente, Mahmoud Ahmadineyad.

La situación interna en materia política y social también es caótica, y se suma a la crisis de derechos humanos.

La liberación de prisioneros políticos fue un punto fundamental de la plataforma electoral de Rouhani.

Prometió darles  más espacio a los periodistas para que pudieran trabajar, y anunció que prepararía una “carta de derechos civiles”, recuperaría la economía y restablecería las relaciones con Occidente y otros países mediante un “gobierno de sabiduría y moderación”.

Rouhani ganó la Presidencia de Irán gracias a los esfuerzos concertados de una joven generación de activistas comprometidos con la reforma.

Estos sostenían que un enfoque moderado liderado por actores internos –que, a su vez, se opusieran a toda intervención de países extranjeros- podría cambiar efectivamente a Irán.

Quienes hicieron campaña por Rouhani desde dentro y fuera del país se unieron en sus reclamos para liberar a todos los jóvenes, estudiantes, periodistas, abogados de derechos humanos, figuras políticas y activistas que están en prisión desde las elecciones de 2009, y que fueron testigos del ascenso del Movimiento Verde.

Sus partidarios también crearon una campaña para demandar la liberación de Mehdi Karroubi y Mir Hossein Mousavi, las dos principales figuras de los verdes.

Pero este reclamo, planteado en los primeros días posteriores a su victoria, fue prematuro.

¿Puede Rouhani liberar prisioneros sin que lo ordene el líder supremo, ayatolá Ali Jamenei?

¿Puede cumplir sus promesas para con el pueblo y gobernar sin una “reconciliación” de los otros dos poderes del Estado, el Judicial y el Legislativo?

Ambos están bajo el control de los conservadores, claros oponentes de Rouhani. El artículo 110 de la Constitución iraní indica que el poder y la autoridad del líder supremo superan a los del presidente. La compleja estructura de la República Islámica de Irán no permite que el presidente solo impulse una reforma interna e internacional.

Tres semanas después de las elecciones, Jamenei se reunió con funcionarios judiciales y les ordenó que ayudaran a Rouhani.

Este mandato dará al nuevo presidente un fuerte estímulo para cumplir sus promesas electorales.

La victoria de Rouhani se ha descrito como una alianza entre moderados y reformistas de Irán. Los reformistas se definen como aquellos líderes políticos que buscan un cambio significativo en el sistema político. Los moderados, en cambio, son quienes se centran más en apoyar la fortaleza económica del país.

Los dos líderes políticos, el expresidente moderado Akbar Hashemi Rafsanyani (1989-1997) y el expresidente reformista Mohammad Jatami (1997-2005), tuvieron en cuenta el mensaje de la población al crear una coalición para apoyar a Rouhani.

Hasta ahora, la sabiduría de esta alianza ha resultado efectiva al lograr la victoria de Rouhani. El presidente electo está forjando un gobierno que abarca tanto a reformistas (del gabinete de Jatami) como a moderados (del equipo de Rafsanyani).

La derrota de reformistas y moderados en las elecciones de 2005 les enseñó a ambos a revisar su enfoque y a reflexionar sobre sus debilidades en los últimos ocho años.

[related_articles]Rouhani aprendió de los reformistas que debe evitar el radicalismo, que puede alienar a demasiados electores. Y también aprendió que los moderados perdieron su popularidad olvidando a los ciudadanos comunes y a las familias de clase media.

Si mantiene en su gobierno el equilibrio moderación-reforma, Rouhani podrá sacar de las crisis interna e internacional en las que está envuelto Irán, al tiempo de abordar los reclamos civiles y de derechos humanos como una importante segunda prioridad.

Washington tiene que repensar su enfoque en esta nueva era iraní. Las sanciones de Occidente hicieron que la oposición y sus jóvenes se alinearan detrás del Estado, ya fuera que lo apoyaran verdaderamente o no. Washington tiene que aceptar esto y revisar su política hacia Irán.

Tiene que escuchar el mensaje y el punto de vista de la oposición, cuyo objetivo es reformar moderadamente al país al tiempo de defender y reconocer sus intereses nacionales.

En una carta enviada al presidente Barack Obama, un grupo de exfuncionarios del gobierno, diplomáticos, militares y expertos en seguridad nacional se refirieron a la elección de Rouhani como una gran oportunidad potencial.

También urgieron a Obama a participar en negociaciones bilaterales con Irán y a hacer que este se comprometa más allá de la cuestión nuclear.

Aumentar la presión negativa e intensificar las sanciones, en vez de lograr un acuerdo negociado en materia nuclear, no beneficiará ni a Estados Unidos ni a Irán.

El pueblo iraní ha creado una nueva era de moderación-reforma para reconstruir su país. Y el mundo debe escuchar su mensaje.

*  Sahar Namazikhah es una periodista iraní radicada en Washington DC. Antes fue editora de varios diarios en Teherán. Actualmente es directora de Programas sobre Irán en el Centro para la Diplomacia y la Resolución de Conflictos de la Universidad George Mason,

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