SIDA-BRASIL: Día de festejos relativos

Aunque la cantidad de portadores de VIH disminuyó en Brasil, el gobierno está preocupado por el aumento de la epidemia entre jóvenes homosexuales, que representan casi la mitad de los casos nuevos registrados en el país, y por la cantidad de personas que no saben que están infectadas.

«No es una celebración, sino un día de lucha», dijo Dirceu Greco, director del Departamento de Enfermedades Sexualmente Transmisibles, Sida y Hepatitis (DDST), del Ministerio de Salud de Brasil. «Es que, pese a que la pandemia es mucho menos intensa en el mundo que dos o tres años atrás, para nosotros no hay celebración mientras no esté controlada», señaló a IPS.

Los cálculos del último Estudio Epidemiológico del Ministerio de Salud de Brasil y del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre VIH/Sida (Onusida) indican que la cantidad de personas infectadas con el virus en este país bajó de 600.000 a 530.000.

Brasil, con 194.000 habitantes, es considerado una referencia mundial en el combate contra el sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida).

El estatal Sistema Único de Salud (SUS) garantiza desde hace 16 años el acceso universal a todos los medicamentos necesarios para tratar el VIH (virus de inmunodeficiencia humana), causante del sida, además de poner a disposición los exámenes y controles médicos requeridos para un universo de unas 217.000 personas en la actualidad.
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El SUS ofrece tratamiento antirretroviral a 97 por ciento de los brasileños diagnosticados con sida. Son en total 20 medicamentos.

«Alrededor de 70 por ciento de los que toman antirretrovirales en Brasil disminuyeron su carga viral seis veces después del tratamiento», destacó el ministro de Salud, Alexandre Padilha, en un acto realizado el jueves 29 en el Instituto de Tecnología de Fármacos (Farmanguinhos) de la Fundación Oswaldo Cruz, donde se producen ocho de esos remedios.

Padilha repasó otros éxitos del programa, como el trabajo enfocado en las gestantes, que permitió la reducción de los casos por transmisión vertical. En 2006, solo 62 por ciento de las embarazadas se hacían test de sida, mientras que el año pasado ese indicador saltó a 84 por ciento.

Ahora el gobierno centroizquierdista de Dilma Rousseff ha dirigido la atención en especial hacia otros grupos poblacionales, como los «jóvenes que tienen sexo con otros hombres» (definido así epidemiológicamente). Se trata de personas de entre 15 y 24 años.

«Tenemos, como varios países de América Latina, una epidemia llamada concentrada. La prevalencia de la enfermedad en general es de 0,4 por ciento en Brasil, similar a lo que ocurre en Estados Unidos y Europa occidental. Pero existen grupos más expuestos como los homosexuales masculinos», explicó Greco.

«Es necesario enfocar respuestas en esos grupos», consideró. Entre otros factores, el director del DDST mencionó la razón «inconsciente» de pensar que la epidemia está controlada y que ahora puede curarse. También señaló «el olvido del sida de parte de los medios de comunicación».

«La mayoría nos busca en las épocas que tenemos un evento, como el Día Mundial de la Lucha contra el Sida, que se celebra este sábado 1 de diciembre, o en tiempo de festejos de carnaval. Pero el problema está todo el año y es necesario continuar hablando», enfatizó.

En relación a los jóvenes homosexuales, sostuvo que muchos tienen miedo de asumir su condición ante el sistema de salud y a veces «dejan hasta de buscar tratamiento por temor a no ser bien atendido».

Un grupo de pacientes del Hospital Evandro Chagas, de la Fundación Oswado Cruz, conoce muy bien ese prejuicio. Identificándose apenas con las iniciales FR, un joven productor cultural dijo a IPS que en su trabajo no se atreve a decir que es portador de VIH.

«Muchos no me contratarían como productor cultural porque dirían: «es un aidético (enfermo de sida despectivamente)», aseguró. Sin embargo, se consideró victorioso por poder estar celebrando «la victoria de la vida día a día» gracias a los medicamentos.

Pedro Chequer, representante de Onusida en Brasil, destacó que, en primer lugar, el grupo de hombres que tienen sexo con hombres «afrontan un riesgo mayor de contraer VIH», junto a otros segmentos poblacionales como los usuarios de drogas inyectables y los trabajadores y trabajadoras sexuales.

En entrevista con IPS, Chequer precisó también que ha descendido el uso de condones, cambiando la tendencia al alza que se verificó tiempo atrás. «Como consecuencia de ello tenemos un crecimiento de la epidemia entre los hombres y mujeres jóvenes», explicó.

El experto atribuyó este descuido en la prevención a que «la idea del sida como epidemia peligrosa pasó, porque hay tratamiento. Esto creó una falsa impresión de que el problema está solucionado», analizó.

Aunque se redujo la mortalidad, «la verdad es que todavía no hay cura para la enfermedad», aclaró. «Tenemos que sí o sí mantener la guardia», enfatizó.

Clever Gonçalves, activista del grupo homosexual Arco Iris, tiene una explicación adicional. Dijo que el gobierno mismo ha dejado de lado en sus campañas a los hombres que tienen sexo con hombres. «A pesar de que se habla de una estabilización de la epidemia, entre ese público el número de nuevos casos es muy alto», enfatizó.

«Aún así no hay campañas dirigidas a ese público. Existe una resistencia muy grande debido a presiones de líderes religiosos dentro del gobierno. Hablar de homosexualidad es un tabú para ellos», opinó.

Pero ese no es el único desafío para el gobierno. También se manifiesta preocupado por los altos índices de personas que desconocen que están infectadas, que puede llegar hasta 25 por ciento del total de portadores de VIH.

Según Padilha, esto disminuye la posibilidad de salvar vidas por un tratamiento que comience más temprano, además de aumentar el potencial de propagación de la epidemia.

Para promover una detección más precoz, el Ministerio de Salud inició una movilización nacional para instar a la población a que se haga pruebas de sida, hepatitis y sífilis.

Por ello, el ministro comenzó por dar el ejemplo, sometiéndose a ese test públicamente en dos días consecutivos.