REFUGIADOS-JORDANIA: Frío y polvoriento, pero seguro

Un alumno de la escuela en el campamento de Za’atari. Crédito: Robert Stefanicki/IPS
Un alumno de la escuela en el campamento de Za’atari. Crédito: Robert Stefanicki/IPS

Ningún otro campamento para refugiados sirios iguala en tamaño al de Za’atari. Las filas de idénticas tiendas de campaña se extienden hasta el horizonte y entre ellas se pueden divisar faroles y tanques de agua.

La tranquilidad que se constata hoy en este campamento con 26.000 refugiados de guerra es sorprendente, sobre todo considerando que hace pocos meses sus habitantes protestaban enérgicamente por mejores condiciones de vida.

El lugar con mayor movimiento, aunque no mucho, es la calle principal, donde hay varios comercios de comida y vestimentas. Por allí pasan topadoras y camiones cisterna. "Este es nuestro entretenimiento. Caminar de aquí para allá, o echarnos en la sombra", dijo uno de los refugiados.

Za’atari fue inaugurado a fines de julio para atender al masivo ingreso de sirios que huían de la violencia en su país.

El campamento está instalado en el norte de Jordania, a 15 kilómetros de la frontera con Siria, sobre una tierra desértica donde las tormentas lo cubren todo de arena. Al principio, el agua era muy escasa, la asistencia médica nula y no había sombra donde ampararse.
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A fines de septiembre, las quejas de los refugiados derivaron en disturbios. Según informes de prensa, los molestos habitantes del campamento demolieron un hospital de campo y una oficina. Las fuerzas de seguridad jordanas respondieron dispersando a la multitud con gases lacrimógenos.

Desde entonces, unos 5.000 refugiados abandonaron el campamento y regresaron a Siria.

IPS consultó a un residente para saber si el éxodo continuaba. Muchas personas aún se están yendo, pero no por las condiciones del campamento, sino "para luchar contra el régimen" de Bashar Al Assad, dijo Ahmed, de 28 años y originario de la sudoccidental ciudad siria de Daraa.

"Otros solo se fueron momentáneamente para ver qué ocurría con sus hogares. No importa cuáles sean las condiciones en el campamento, es mucho mejor (aquí) que en Siria", añadió.

Mientras hablaba, Ahmed mostraba marcas en sus piernas de quemaduras con cigarrillos y un certificado demostrando que pasó seis meses en prisión en Siria.

"Vine al campamento en agosto, cruzando la frontera por la noche, luego de que menguaran los combates", contó. Soldados jordanos lo llevaron a un punto de reunión de refugiados, desde donde a su vez lo transportaron a Za’atari.

La situación en el campamento está mejorando. Organizaciones y agencias como el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), Save the Children, el Programa Mundial de Alimentos (PMA), Islamic Relief y la Organización Benéfica Hachemita de Jordania trabajan en conjunto para optimizar las condiciones de vida.

En el campamento se ponen a prueba diferentes métodos de distribución de alimentos. Ante las quejas de los refugiados sobre la calidad de las comidas preparadas, estas dejaron de ser repartidas. Ahora se entregan productos básicos: frijoles, atún, puré de garbanzos, arroz, aceite, sal y azúcar.

En la puerta del centro de distribución de alimentos, IPS habló con un refugiado de 40 años, apodado Baha, quien esperaba a un automóvil que lo llevaría de regreso a su tienda.

Baha señaló dos cajas de cartón llenas de comida y dijo: "Mire, ¿es esto suficiente para dos semanas, para mí, mi esposa y dos hijos?".

Por su parte, Mohammad, de 36 años, levantó una lata de atún con disgusto y dijo: "Nos dan las cosas más baratas".

El PMA, agencia de la Organización de las Naciones Unidas responsable de la alimentación de los refugiados, aseguró que la calidad de la comida entregada en Za’atari cumplía con los estándares requeridos, y que incluso excedía en 300 calorías el mínimo diario necesario por una persona, de 2.100 calorías.

Luego de que fuera suspendida la distribución de comidas calientes, fueron instaladas diversas cocinas comunales en el campamento. Ahora los refugiados pueden cocinar ellos mismos, pero no todos están felices.

"Frijoles y arroz todos los días", se quejó una de las mujeres mientras cocinaba. "El pan no alcanza. Recibimos tres pitas por día, pero yo acostumbraba comer cuatro solo en el desayuno".

Otra mujer, Um Hassan, tiene un problema más serio. "Mi esposo es diabético. No puede comer lo que le dan aquí. Lo informé, pero sin resultados", contó.

Hay más cambios previstos. "En lugar de raciones, los refugiados recibirán cupones para canjearlos en almacenes que serán abiertos pronto", informó Jonathan Campbell, del PMA. "Podrán comprar todo lo que quieran". El omnipresente polvo constituye otro problema. Aun cuando se colocó asfalto y gravilla, el más ligero viento desata torbellinos de arena.

Cincuenta y siete por ciento de los residentes de Za’atari son niños y niñas, y hay casi 3.000 estudiantes registrados en la escuela del campamento.

Las lecciones son brindadas en dos turnos: las niñas acuden a la mañana y los niños a la tarde. Además, Unicef administra 20 espacios infantiles, con tiendas coloridas en las que los pequeños pueden jugar, socializarse e intentar superar el trauma de la guerra.

El inminente invierno boreal es otro importante desafío. Los inviernos en Jordania son sorprendentemente fríos, sobre todo en el norte, donde las temperaturas caen bajo cero por la noche. Entre noviembre y marzo son comunes los fuertes vientos y las tormentas, y se producen ocasionales nevadas.

"No tenemos frazadas. Solo unos pocos tienen la suerte de vivir en casas rodantes. Nos vamos a congelar", se quejó un residente.

Sin embargo, otro que posee una casa rodante dijo que tampoco estaba feliz. "Es caliente y sofocante. Yo duermo afuera", señaló.

"Ser transferido al campamento es un gran impacto", explicó Heinke Veit, jefe de información regional para la Oficina de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea.

"Todo es diferente al hogar. Los refugiados libios en Túnez se asombraron por la ausencia de aire acondicionado, que el régimen de (Muammar) Gadafi (1969-2011) proveía ampliamente. Sus huéspedes tunecinos también quedaron asombrados por ese tipo de demandas exorbitantes", contó.

Para mediados de este mes, se esperaban 600 casas rodantes más, que alcanzarán para 2.500 refugiados. Esto quiere decir que la mayoría de los habitantes de Za’atari pasarán el invierno en tiendas.

Además, las agencias humanitarias preparan la distribución de abrigos y frazadas térmicas, así como la creación espacios comunales calefaccionados y el suministro de agua caliente.

Más de un millón de personas han sido desplazadas de sus hogares por la crisis en Siria. Si la guerra continúa, la población de Za’atari se triplicará para fines de marzo de 2013.

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