Males del agua pesan sobre los hombros de las cachemiras

La cachemira Naseema Akhtar, de 38 años, camina más de siete kilómetros diarios para recolectar agua limpia de un manantial en la montaña cercana a su aldea. Ahora le preocupa que el trayecto se haga más largo.

"Cuanto más arriba va una, más limpia es el agua, pero hay un límite de hasta dónde una puede trepar para ir a llenar de agua un cacharro", dijo a IPS esta habitante de la aldea de Bonpora, ubicada en el distrito de Kupwara.

"Los días en que estoy con prisa me las arreglo con el agua que corre corriente abajo, aunque sé que está muy contaminada", agregó.

Akhtar y otras mujeres de Bonpora, 110 kilómetros al norte de Srinagar, llevan con ellas trapos para filtrar el agua, aunque saben que esto no es suficiente para defenderse de los peligrosos agentes patógenos que acarrea el líquido.

"Sabemos que la tela solo separa los sólidos insolubles, pero ¿qué podemos hacer? No hay otra fuente de agua segura para (satisfacer) nuestras necesidades cotidianas", dijo Akhtar.
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La población de la mayoría de los caseríos de Cachemira depende del agua que surge de los manantiales de la montaña o, si no puede caminar distancias largas, recurre a las riesgosas corrientes y estanques cercanos.

Esta región, ubicada en el norteño estado indio de Jammu y Cachemira, es desde 1989 escenario de una insurgencia separatista armada y complicada por los reclamos territoriales del vecino Pakistán.

"Cuando los manantiales de montaña se vuelven escasos o se secan, nos vemos obligadas a usar el agua estancada en pequeños lagos cercanos a nuestra aldea", dijo Shahzad Mir, habitante de la aldea de Badibera, también en el distrito de Kupwara.

Desde diciembre, Badibera se beneficia del agua bombeada de un pozo perforado por el gobierno estadual. Pero el líquido que se extrae de allí es denso, pues contiene minerales disueltos, entre ellos flúor.

Los habitantes del lugar se quejan de que el suministro es errático y puede ser nulo durante varios días seguidos.

"En verano, la población de aquí se enferma con regularidad, y los niños y niñas parecen particularmente propensos a la diarrea y otros males", dijo Mir.

"Los médicos nos dicen que esto ocurre por beber agua sucia", añadió.

Zareefa Begam, una mujer de 43 años que vive en la aldea de Mir, aprendió de una mala experiencia. "El año pasado mis tres hijos padecieron diarrea severa, y tuve que faltar a mi trabajo durante más de una semana para cuidarlos", relató.

Otros aldeanos dijeron estar gastando más dinero que nunca para tratar enfermedades estomacales, especialmente en los niños pequeños.

"Los niños son los más vulnerables a las enfermedades originadas en la mala calidad del agua", dijo la médica Rehana Kousar, del Proyecto Integrado de Control de Enfermedades en la dirección de salud de Cachemira.

"La diarrea recurrente puede conducir a una desnutrición severa, así como a una interrupción del crecimiento e incluso a la muerte", explicó.

Las familias rurales pobres sufren en varios frentes, planteó. "Terminan gastando dinero en transporte y medicinas, aparte de tener que restar tiempo del que dedican a ganarse el sustento. Y las mujeres, en tanto se ocupan de brindar cuidados, son las más perjudicadas", señaló.

La mortalidad de menores de cinco años en el estado de Jammu y Cachemira es de 43 por cada 1.000, es decir que está muy lejos de lograr el objetivo de Desarrollo de las Naciones Unidas para el Milenio que se propone reducir esa proporción a 31 por cada 1.000 para 2015.

Según Tufail Mattoo, director de saneamiento rural en Cachemira, la principal causa de diarrea y otras enfermedades es la defecación al aire libre en las áreas rurales. "Las lluvias filtran la materia fecal en los cuerpos de agua, volviéndolos inseguros", explicó.

"Estamos esforzándonos mucho para desalentar la defecación al aire libre, pero llevará tiempo convencer a la población", dijo Mattoo a IPS.

En los meses del verano, el Hospital Médico del Estado de Srinagar trata a miles de pacientes con enfermedades como fiebre tifoidea, cólera y hepatitis. "Alrededor de 90 por ciento de los pacientes vienen de aldeas donde el agua contaminada es un enorme riesgo para la salud", declaró a IPS el médico Rafreeq Ahmed, que trabaja en esa institución.

Un sondeo del gobierno divulgado en marzo señaló que más de 65 por ciento de los siete millones de habitantes de Cachemira beben agua sin tratar, y que la mayor parte de la población depende del agua de estanques, corrientes y pozos.

El estudio, realizado junto con otro presentado en febrero por la Unidad Integrada de Control de Enfermedades (IDSU, por sus siglas en inglés), muestra una elevada cantidad de bacterias coliformes en los cuerpos hídricos de Cachemira y aporta pistas sobre por qué la diarrea y otras enfermedades similares van en aumento en la región.

Las bacterias coliformes que se encuentran en agua, suelo y vegetación alertan sobre la presencia de peligrosos patógenos fecales, entre ellos bacterias, virus, protozoarios y parásitos más grandes.

"En todas las áreas rurales de Cachemira, los retretes se construyen cerca de los cuerpos de agua", dijo el gastroenterólogo Ghulam Mohammad Malik, del Instituto Sher-e-Kashmir de Ciencias Médicas.

Malik también culpó a las fuerzas de seguridad –desplegadas en Cachemira para combatir a los insurgentes separatistas y frenar las infiltraciones desde Pakistán-, que a menudo pasan por alto las reglas sanitarias.

Actualmente hay unos 500.000 efectivos apostados en Cachemira, la mayoría desplegados en los estratégicos puntos más altos, lo que se suma a la contaminación de los manantiales naturales.

El hecho de que Cachemira sea un importante destino turístico y de peregrinación contribuye con el problema de los residuos. Según datos oficiales, en la zona hay 4.300 hoteles, que funcionan sin adecuadas instalaciones de eliminación de aguas servidas.

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